Napoleón III

Napoleón III
Nacionalidad: Francia
País 1808 - Inglaterra 1873
Emperador 1852 - 1870



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Comentario

El príncipe Luis Napoleón, figura central de la vida política francesa desde las elecciones presidenciales de diciembre de 1848, era un personaje mal conocido para sus contemporáneos y todavía intriga a los historiadores que se interesan por el periodo. Su papel en los acontecimientos de aquellos años quiso ser el de un hombre providencial que se identificaba con los intereses del pueblo.
Había nacido en 1808. Se le suponía hijo de Luis Bonaparte, al que su hermano había puesto como rey de Holanda, y de Hortensia Beauharnais, hija de Josefina. Sin embargo, no parecían del todo infundadas las dudas que se albergaban sobre la verdadera identidad de su padre, lo que siempre afectó profundamente al nuevo emperador. En 1831 había luchado con los revolucionarios italianos de la Romaña, que se habían alzado contra la autoridad papal. En esas luchas, que le marcarán con un pasado carbonario, encontró la muerte su hermano mayor, Napoleón Luis.
Desde la muerte, en 1832, del duque de Reichstadt, hijo de Napoleón, se consideró heredero de su tío e hizo dos intentonas (1836, Estrasburgo; 1840, Boulogne) contra la Monarquía de Luis Felipe, que le llevaron a la prisión de Ham, de la que pudo escaparse en 1846, para buscar refugio en Inglaterra. Para entonces ya había dado muestras de una cierta capacidad publicística que le había llevado a poner por escrito lo que habrían de ser las líneas directrices de su futura acción política. De 1839 es el folleto titulado "Las ideas napoleónicas", en el que analiza la acción política de su tío y señala que un gobierno fuerte es condición necesaria para la consecución de una verdadera libertad. Pocos años más tarde, en 1844, publica otro folleto (La extinción del pauperismo) en el que desarrolla la idea de la intervención del Estado en la política económica para beneficio de las masas desposeídas. Una de las medidas que proponía era dedicar 9.000.000 de hectáreas para colonias comunitarias. Otros folletos de aquellos años se dedicaron a cuestiones económicas más precisas, como el azúcar, la construcción de un canal en el istmo americano o las mejoras técnicas en el arma de artillería.
Su aparición en París, después de las jornadas revolucionarias de febrero de 1848, había provocado una cierta reticencia pero no preocupó excesivamente a los políticos profesionales, que confiaban en poder manejarlo. En su entorno figuraban algunas personalidades de su estrecha confianza, como Morny, que era su hermanastro, J. Persigny, E. Rouher, P. Baroche, o el conde Waleski. Algunos habían sido políticos comprometidos con los anteriores regímenes, que ahora apostaban por el gobierno fuerte que encarnaba el príncipe Bonaparte.
También la familia Bonaparte era un grupo característico de la nueva situación. En el entorno del príncipe actuaba su tío Jerónimo, que demostraba inclinaciones demócratas, y sus hijos Matilde y Napoleón (al que se le denominaba Plon-Plon). A ese círculo -verdadera corte burguesa la ha calificado Furet- se vino a unir, por su matrimonio en 1853, la española Eugenia de Montijo, descendiente de una noble familia afrancesada, que aportaría un tono marcadamente conservador y clerical. El propio Napoleón se tomó alguna vez a broma el carácter variopinto de su entorno familiar y de amigos. "Vaya gobierno que tengo -parece que comentó alguna vez-. La emperatriz es una legitimista; Napoleón Jerónimo, un republicano; Morny, un orleanista; y yo, un socialista. El único bonapartista es Persigny, y está loco". Fue lo que se llamó el partido del Elíseo, en el que se aglutinaron intereses muy dispersos.
Tras tres años de lucha contra los órganos representativos, disolvió la Asamblea el 2 de diciembre de 1851 y proclamó personalmente una nueva Constitución para Francia. Un año más tarde convocó un referéndum que le designó emperador, con el apoyo de la Iglesia católica, la burguesía, las masas obreras y los nacionalistas. Con semejante apoyo masivo, instauró un régimen dictatorial con el que emprendió grandes planes económicos. El gran déficit de su política fueron las cuestiones exteriores, que le ocasionaron no pocos quebraderos de cabeza. Centrado hasta 1859 en debilitar a Rusia y Austria y en mantener la amistad con Gran Bretaña, desde esa fecha fue un firme defensor de los nacionalismos alemán e italiano, movimientos que posteriormente no podrá dominar. El estallido de la guerra con Prusia será el principio del fin del Segundo Imperio francés, siendo depuesto por la Asamblea tras la derrota de Sedán (1870). En Alemania permanecerá encarcelado durante un año, hasta que pueda establecerse en Inglaterra, donde finalmente falleció.

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