Sixto IV

Epifanía
Nacionalidad: Iglesia Católica
Celle (Liguria) - 1484
Papa 1471 - 1484



Galería de obras


Comentario

Francisco della Rovere -con el nombre de Sixto IV- fue elegido para suceder al difunto Paulo II; se repetía la ya habitual capitulación previa frente al conciliarismo y también el desconocimiento de su contenido, una vez convertido en Papa.
La preocupación esencial por las cuestiones políticas, ya apuntadas en el anterior pontificado, se hacen ahora la nota dominante: en muy pocos años, el Pontificado, triunfante sobre la tormenta conciliar, había alcanzado la cima del prestigio espiritual e intelectual; con gran rapidez se precipitaba ahora en el más desaforado temporalismo, con su secuela de nepotismo. El Pontificado no sería otra cosa, en realidad, que el reflejo de un colegio cardenalicio que era la triste parodia de sí mismo y de su autentica misión.
El nepotismo de Sixto IV se puso espectacularmente de manifiesto con la elevación al cardenalato de dos de sus sobrinos, Julián della Rovere, futuro Julio II y, sobre todo, la increíble promoción de Pedro Riario, pronto víctima de su vida depravada. Otro de sus sobrinos, Jerónimo Riario, se construía un dominio personal en los Estados de la Iglesia y arrastraba a su tío a la lucha general italiana.
La primacía de las preocupaciones temporalistas del Pontificado le reduce a la condición de un príncipe italiano más, inmerso, como todos, en la ininteligible política italiana, mientras la preocupación general por la dirección de la Cristiandad escapa de su horizonte.
Una parte del permanente estado de tensión en Italia es el enfrentamiento del Papado con los Médici florentinos, en el curso del cual se producirá uno de los acontecimientos más oscuros y escandalosos, la conjura de los Pazzi. Estos banqueros, favorecidos por Sixto IV, declarados enemigos de los Médici tramaron una conjura cuyo objetivo final era el asesinato de Julián y Lorenzo de Médicis, y la toma del poder en Florencia; era una maniobra en la que seguramente Sixto IV no participó, pero de la que no estuvo suficientemente apartado.
El 26 de abril de 1478 estalló el complot que logró el asesinato de Julián; el golpe de Estado, sin embargo, fracasó, y fue seguido de una sangrienta represión. Florencia y el Pontificado se hallaron en guerra, en la que Sixto IV decretó la excomunión contra Lorenzo y el entredicho contra la ciudad. Era la primera de una serie de guerras que absorben por completo las energías y los recursos pontificios.
El resultado de la actitud pontificia es el reforzamiento del control de las grandes Monarquías del momento sobre sus respectivas Iglesias nacionales: Francia, Inglaterra y Castilla-Aragón, recientemente reunidas; era la culminación de un proceso que tiene hondas raíces.
El incesante crecimiento del poder turco exige la organización de una Cruzada. Sixto IV no regateó esfuerzos diplomáticos y multiplicó las embajadas, sin hallar respuestas adecuadas; pese a ello, en 1473, una flota pontificia, junto a naves venecianas y napolitanas, realizaba operaciones en el Mediterráneo oriental, protagonizando algunos saqueos.
El gran acontecimiento lo constituiría la toma de Otranto por los turcos en agosto de 1480; la presencia turca en la península italiana disparó el temor en toda la Cristiandad. Sin embargo, la respuesta fue muy escasa, limitándose únicamente a la recuperación de la ciudad, al cabo de un año de su caída, sin aprovechar el desconcierto que supuso la muerte del sultán Mohamed II.
El pontificado de Sixto IV, en el orden artístico y cultural, alcanzó considerable altura; la Biblioteca Vaticana conoció un extraordinario desarrollo, tanto en el numero de volúmenes como en la función de desarrollo cultural. Junto a ella el Archivo Secreto reunía la documentación pontificia, bajo la dirección de Platina, que realiza una primera historia del Pontificado. También fue reabierta la Academia Romana que clausurara Paulo II, y, por primera vez, comenzó a funcionar un museo de antigüedades, en el Capitolio, que recogió muchas de las numerosísimas piezas reunidas por el Papa.
Desplegó también Sixto IV una gran actividad constructora y urbanística; sin exageración es posible afirmar que de su impulso nace la Roma renacentista. Calles, iglesias, el puente Sixto, y muy en especial la capilla que, en el palacio vaticano lleva su nombre, decorada con extraordinarios frescos. En el terreno científico hay que reseñar el primer proyecto de reforma del calendario, aunque no pudiese convertirse en realidad por el momento.

Páginas relacionadas