Catalina de Lancaster

Catedral de Toledo. Triforio del transepto
Nacionalidad: Castilla
Bayona 1374 - Valladolid 1418
Reina



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Comentario

Sus padres, Juan de Gante y Constanza de Castilla, planearon su matrimonio con Enrique, el hijo de Juan I de Trastámara. Con este casamiento se solventaban todos los problemas dinásticos que habían surgido entre el padre de Catalina, que defendía el derecho al trono de su esposa por ser hija de Pedro I y el rey de Castilla. Enrique y Catalina fueron nombrados Príncipes de Asturias y desde 1390 Enrique III se hizo con el trono. Del matrimonio nacieron dos niñas y Juan, destinado a ocupar el trono. Cuando falleció Enrique III, su hijo sólo tenía dos años por lo que su madre ocupó la regencia. En sus últimas voluntades, Enrique III estableció que su esposa y su hermano don Fernando se encargarían de la regencia, y que el Consejo real, donde se encontraban los hijos de su hermano, ejercería como mediador. Por otra parte, a fin de evitar enfrentamientos dividió sus dominios en dos zonas que estarían bajo el gobierno de cada uno de los regentes. El futuro monarca Juan II quedaría por deseo de su padre bajo el cuidado de Diego López de Estúñiga y Juan Fernández de Velasco. Sin embargo, las cosas no discurrieron como se habían dispuesto. Doña Catalina se negó a entregar a su hijo a los consejeros designados y don Fernando aprovechó la ocasión para modificar el testamento de su hermano. Ofreció dinero a Estúñiga y a Fernández de Velasco para que delegaran la custodia del niño a su madre. Tanto Catalina como su cuñado, en realidad trataban de evitar la influencia de la nobleza sobre el futuro rey. En las cortes celebradas en Segovia en 1407 se acordó la división del reino en dos zonas. Don Fernando ejercería el control sobre la mitad norte y Catalina sobre el sur. Durante las campañas llevadas a cabo contra Granada por don Fernando, los consejeros Estuñiga y Velasco aprovecharon la ausencia de éste para atraer a Catalina. Todo desembocó en un enfrentamiento que se saldó con la victoria de don Fernando. Se convocó al Consejo y, según las disposiciones de Enrique III, Fernando se quedó con el trono de Aragón, tras el Compromiso de Caspe. A pesar de sus nuevas responsabilidades continuó ocupando la regencia de Castilla. Esta situación, sin duda, no fue del agrado de Catalina que temía el poder de su cuñado y veía peligrar la situación de su hijo. Con el tiempo don Fernando se fue inmiscuyendo cada vez más en los asuntos de la corona castellana hasta hacerse con el dominio. Catalina, que no era demasiado aficionada a la política, perdió su influencia y dejó el gobierno en manos de Leonor López de Córdoba. Cuando en 1416 falleció don Fernando, sus hijos, infantes de Aragón, se hicieron con el dominio repartiéndose el poder económico y político castellano. La situación de Catalina aún se debilitó más cuando los consejeros Velasco y Estuñiga fallecieron.

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