Luis IX

San Luis Rey de Francia
Nacionalidad: Francia
Poissy 25-4-1214 - Túnez 24-8-1270
Rey 1226 - 1270



Galería de obras


Comentario

En la figura de Luis IX de Francia está representado a la perfección el espíritu medieval al sintetizar la espiritualidad con la vocación guerrera. Nos encontramos ante un hombre que vivió como un santo laico, fusionando la idea del caballero cristiano con la del hombre bueno. Por esta razón, su reinado marca un hito importante en el fortalecimiento de la monarquía en Francia y por extensión en Europa.
Nació Luis IX el 25 de abril de 1214 en Poissy, siendo sus padres Luis VIII de Francia y doña Blanca de Castilla, hija del rey Alfonso VIII. El 7 de noviembre de 1226 fallece Luis VIII y es coronado el joven Luis, de doce años, con nula experiencia política y una situación interna delicada. Como regente del reino quedaba doña Blanca, viviendo ocho años muy duros en los que la nobleza francesa y las cortes intentan restar peso político a la corona. La rebelión del caballero bretón Pierre Mauclerc acompañado de un importante grupo de aristócratas será el episodio más importante de estos momentos, pero los rebeldes no consiguieron imponer su movimiento ya que nunca gozaron de popularidad al tiempo que se ganaban la enemistad de los campesinos por cuyos campos pasaban las tropas feudales. La ausencia del éxito de esta revuelta feudal y la figura de la regencia son dos elementos que nos indican la fuerza que estaba alcanzando la monarquía en Francia.
La tranquilidad se adueña del reino y el 5 de abril de 1234 Luis IX es declarado mayor de edad. Su débil salud irá acompañada de una extraordinaria fortaleza y de una voluntad de hierro que manifestará en todas su acciones. Ese mismo año de la mayoría de edad, concretamente el 27 de mayo, contraerá matrimonio con Margarita de Provenza, hija del conde Ramón Berenguer IV. De este enlace nacerán cinco hijos y seis hijas; cinco de los once sobrevivieron a san Luis: Margarita, casada con Juan I de Brabante; el futuro rey Felipe III, nacido el 1 de mayo de 1245 y casado con Isabel de Aragón; Blanca, nacida en 1253; Robert de Clermont, nacido en 1256; y Agnes, nacida en 1260 y casada con el duque Roberto II de Burgundia. Los varones mayores participarán activamente en una de las obras más queridas de san Luis: las Cruzadas.
A pesar de ser el rey de Francia, san Luis debía tener en cuenta a sus hermanos, quienes habían recibido en herencia grandes feudos, los famosos "apanages". Mientras Roberto había recibido el Artois, Carlos era dueño del Anjou y Poitou y Auvernia dependían de Alfonso. Precisamente será en las tierras de este último donde se produzca la principal revuelta de estos primeros años de reinado. Hugo de Lusignan se rebelará contra su señor Alfonso de Poitiers en el año 1240. En este mismo instante se produce un brote de rebeldía albigense -continuación del movimiento herético del reinado anterior-. La tensa situación se ve complicada con la sublevación de Raimundo de Tolosa y el apoyo brindado por el rey Enrique III de Inglaterra a los rebeldes. La reacción de san Luis no se hizo esperar y se dirigió contra los diversos focos rebeldes, venciendo a los ingleses en Saintes el 22 de julio de 1242. La derrota inglesa dejó sin apoyos a Hugo y Raimundo que también fueron vencidos. San Luis había obtenido el triunfo pero dio sus primeras muestras de pericia política. Hugo de Lusignan y Raimundo de Tolosa fueron perdonados y mantuvieron sus privilegios y posesiones. Gracias a la firma del tratado de París en 1259, Enrique III recibía los feudos de Cahors y Périgueaux y la posesión del territorio de Guyena, a cambio de su renuncia a Normandía, Anjou, Turena, Poitou y Maine, poniendo fin, de esta manera, a las disputas entre los reyes de Francia e Inglaterra. Un año antes san Luis había acabado con el largo litigio abierto entre Francia y Aragón. Por el tratado de Corbeil (1258) Luis IX renunciaba a los derechos sobre el Rosellón y Cataluña y Jaime I reconocía la soberanía francesa en el Midi.
Una vez más se pondría de manifiesto la capacidad diplomática de san Luis. Será con ocasión del enfrentamiento entre el Papado y el Imperio que se había enconado por el asunto de las investiduras y regalías. Mientras Federico II se convertirá en el defensor de la cuestión imperial, san Luis tomará partido por la Iglesia apoyando siempre a los pontífices y la jerarquía eclesiástica, de la misma manera que luchará por la desaparición de la herejía en su territorio, motivo por el que implantará la Inquisición romana en Francia. Consiguió que Federico II liberase a los prelados y delegados del Concilio Laterense que habían sido apresados en la isla de Giglio (1241) y cuatro años más tarde albergó en sus tierras el Concilio de Lyon. Los lazos con el Pontificado serían estrechados al permitir que su hermano Carlos de Anjou aceptara del papa la corona de Sicilia en 1265, aunque al mismo tiempo san Luis introducía a Francia en los complicados asuntos italianos.
Si el papel desempeñado por el monarca francés en los asuntos exteriores es digno de resaltar, su política interior no le quedaría a la zaga. La monarquía será fortalecida convirtiéndose en el señor más rico y poderoso del reino para de esta manera erigirse en el controlador absoluto de lo que ocurre en su territorio. Para gobernar el reino contaría con la colaboración de una serie de instituciones de gran importancia. El Parlamento será el encargado de los asuntos judiciales, tramitando las apelaciones, mientras que la Cámara de Cuentas será el órgano auditor de las cuentas de la Corona y de los gastos. El Consejo del Rey se convertía en el principal instrumento asesor del monarca. El reino fue dividido administrativamente en "bailías" a cuyo cargo se situaba el bailío, funcionario real que debía presentar cuentas al finalizar su gestión. Los "enqueteurs" recorrían el territorio real para recoger las quejas por escrito, regulándose en el año 1260 las apelaciones y el procedimiento a seguir. Para estructurar adecuadamente el entramado monárquico, san Luis emitió importantes ordenanzas que tendrían aplicación general: la condena de los duelos judiciales en 1258; la referente a los blasfemos en 1269; a los judíos en 1230 o las relacionadas con la moneda (1263 y 1265) en las que se pone de manifiesto la necesidad de acuñar moneda buena, especialmente de oro, con la que fortalecer la economía. Con estas actuaciones se pone claramente de manifiesto que san Luis consideraba que su poder emanaba directamente de Dios y sus actos eran totalmente autónomos del "sacerdocium".
Pero esta independencia de la Iglesia en lo político no está reñida con su exaltada espiritualidad cristiana que se refleja en su forma de vida. Era un hombre frugal en lo relacionado con la comida, generoso con sus limosnas, sobrio en el vestir, tremendamente pío, considerando que la fe inspiraba todos sus actos y evitando en todo momento la tentación del pecado. No en balde, su madre le había inculcado durante su adolescencia y juventud la fe cristiana con absoluta devoción, diciendo en numerosas ocasiones: "Hijo, prefiero verte muerto que en desgracia de Dios por el pecado mortal". Su relación con los pobres y desamparados fue muy estrecha, sentando cada día a 13 desvalidos a su mesa a los que a menudo sirve él mismo. Construye un hospital para ciegos y reparte limosna por las calles y hospitales. Su devoción le lleva a castigar su cuerpo con disciplinas, pasando largos ratos orando. Sintió especial atracción hacia las reliquias y entre ellas contaba con una parte de la Sagrada Cruz, la lanza con la que se atravesó el costado de Cristo o la corona de espinas, comprada con su propio dinero a los venecianos en 1238 y recogida en la espectacular Sainte Chapelle que se levantó en palacio. La labor de san Luis como promotor de la cultura también se manifiesta en el desarrollo que alcanzó la Universidad de París durante este tiempo -en 1257 colabora económicamente en la creación de la Sorbonne-, gracias a san Alberto Magno, santo Tomás de Aquino y san Buenaventura, con los que mantuvo una estrecha relación.
Como guerrero de Cristo la gran obra de san Luis serán las Cruzadas. En septiembre de 1244 la ciudad de Jerusalén había sido arrebatada a los cristianos por el sultán de Egipto. Inocencio IV animará a los gobernantes occidentales durante el concilio de Lyon a participar en una nueva Cruzada para la liberación de Tierra Santa pero la llamada del pontífice sólo será escuchada por el rey de Francia. La entrevista con el papa tuvo lugar en Cluny durante el mes de noviembre de 1245, organizando los preparativos para poner en marcha la guerra.
El 12 de junio de 1248 parte de París rumbo a Marsella acompañado de sus tres hermanos y lo más granado de la nobleza francesa - el conde de Flandes o el duque de Bretaña, entre ellos-, constituyendo su ejército unos 40.000 hombres y 2.800 caballos. El 17 de septiembre llegan los cruzados a Chipre donde pasarán el invierno, siendo asolado el ejército por una epidemia de peste. El duque de Borgoña y el conde de Salisbury llegan con refuerzos en mayo de 1249, poniendo rumbo a Egipto. La plaza de Damieta será tomada el 7 de junio, lo que motivó la solicitud de paz por parte del sultán. San Luis rechaza la oferta y espera nuevos refuerzos durante seis meses, atacando El Cairo. En Mansurah las tropas cruzadas sufren una contundente derrota a manos de los musulmanes, siendo el propio rey capturado en compañía de sus hermanos Carlos y Alfonso -Roberto había muerto en la batalla- el 6 de abril de 1250.
Una vez obtenida la libertad a cambio de la plaza de Damieta y la entrega de un millón de onzas de oro, los cruzados se dirigirán hacia San Juan de Acre donde pasarán cuatro años fortificando algunas plazas cristianas de la zona y peregrinando a los Santos Lugares de Nazaret y Canaán. En 1254 san Luis regresaría a Francia tras la muerte de su madre, doña Blanca de Castilla.
En 1267 el papa Clemente IV insta a una nueva Cruzada para liberar Tierra Santa de los infieles y de nuevo será san Luis quien recoja el testigo. También contará con la estrecha colaboración de sus hermanos Carlos de Anjou -ahora rey de Sicilia- y Roberto de Artois así como el rey Teobaldo II de Navarra y buena parte de la nobleza y el clero francés. Las naves cruzadas se dirigieron hacia Túnez desde Aigues Mortes (4 de julio de 1270), posiblemente porqué el propio sultán había hecho creer que iba a abrazar la fe cristiana. El 17 de julio la antigua Cartago era ocupada por los cruzados, hecho que fue rápidamente contestado por los sarracenos. Al empuje enemigo las tropas cruzadas debieron de sumar los estragos de la peste que acabaría con más soldados que las armas sarracenas. El 3 de agosto de 1270 moría el segundo hijo del rey, Juan Tristán. Viendo cómo se acercaba el final de sus días, el monarca dio instrucciones a sus hijos e hijas y se preparó para la muerte. El 24 de agosto recibió los últimos sacramentos y al día siguiente fallecía, a las tres de la tarde. Luis IX de Francia tenía 56 años y llevaba 40 al frente de la corona. Su sucesor será su hijo Felipe III el Atrevido.
Los huesos y el corazón de san Luis serían trasladado en primer lugar a Sicilia desde donde se llevaron a Francia para ser enterrados en el Panteón de Saint Denis de París. Allí estuvieron reposando hasta que su tumba fuera profanada durante la Revolución Francesa.
La pertinaz defensa de la religión cristiana y la aureola de santidad que siempre rodeó a san Luis motivarían su rápida canonización por parte de Bonifacio VIII el 11 de agosto de 1297, en la iglesia italiana de San Francisco de Orvieto.

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