Cerulario, Miguel

Iglesia de Santa Sofía (Estambul, Turquía). Cúpula
Nacionalidad: Constantinopla
1000 - 1058
Patriarca 1043 - 1058



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Comentario

De noble familia bizantina, Miguel Cerulario (mercader de cera) tuvo ambiciones políticas desde muy joven. Tomado el hábito monacal, su carrera eclesiástica llegó a la cumbre al ser nombrado patriarca en 1043 por el emperador Constantino IX Monómaco. En plena época de distanciamiento entre ambas Iglesias, durante su mandato se acrecentaron las diferencias que ya separaban a Bizancio y Roma. Acosada Bizancio por la presencia normanda en el sur de Italia, la posible alianza del Imperio Bizantino con Roma podría limitar y aun suprimir el poder que Miguel Cerulario desempeñaba como patriarca. Para impedirlo emprendió una política de distanciamiento y confrontación, ordenando en 1052 cerrar todas las iglesias y monasterios latinos de su territorio que rechazasen adoptar el rito griego. Buscó el apoyo del pueblo planteando las diferencias con Roma en una cuestión muy querida por el pueblo bizantino: la defensa de los ritos. Así, su política de propaganda se encaminó a denunciar los errores del ritual latino, para lo que encomendó al obispo de Ochrida (Bulgaria) la redacción de una carta que, dirigida al obispo de Triani (Italia), denunciara dichos errores. Además, encargó la escritura de un documento al monje del monasterio de Estudios, Nicetas Stetathos, con el mismo argumento. En definitiva, la diferente concepción de los ritos se basaba en cuestiones tales como la comunión con pan ácimo por parte de los latinos, el comer carnes sofocadas, suprimir el aleluya en Cuaresma, ayunar los sábados, o la carencia de barba por parte de los sacerdotes romanos.
La respuesta de Roma no se hizo esperar, encargando al cardenal Humberto de Silva Cándida la redacción de un manifiesto en que se ponían de relieve los errores de los griegos, como el matrimonio de sus sacerdotes, y la supremacía universal del Pontífice romano.
Aprovechando las buenas relaciones establecidas con el emperador Constantino IX, el papa León IX envió una legación a Miguel Cerulario con el fin de establecer conversaciones. La elección de los representantes de Roma no fue muy feliz, al designar a los radicales Humberto de Silva Cándida, al arzobispo Pedro de Amalfi y al Canciller de la Iglesia romana, Federico de Lorena. Llegados a Constantinopla, las discusiones no llegaron a buen término, en medio de un clima de tensión generado por la presión popular contra los legados romanos. Las posturas se radicalizaron aun más, prohibiendo el patriarca de Constantinopla decir misa a los romanos. Estos, por su parte, el 16 de julio de 1054 depositaron en el altar de Santa Sofía, en plena misa pública, una bula de excomunión contra Miguel Cerulario, redactada con suma dureza. Su propósito era lograr el arrepentimiento del patriarca, o bien que fuese depuesto por el emperador. Sin embargo, no contaban con el apoyo del pueblo bizantino a su patriarca. Enconadas las posturas, nadie reparó en la validez de la excomunión, por cuanto la muerte del papa León IX el 19 de abril anulaba los poderes concedidos a su legados quienes, por otra parte, no estaban autorizados a promulgar una excomunión.
Varios intentos de mediación fracasaron, como los del emperador Constantino IX y el santo patriarca Pedro de Antioquía. El empuje popular hizo que la bula de excomunión contra Miguel Cerulario fuera públicamente quemada. Además, para consumar la ruptura, el 24 de julio un sínodo de la Iglesia bizantina acordó declarar culpables a los latinos de pervertir la fe y de celebrar equivocadamente los ritos. Se promulgó también un decreto de excomunión contra los legados pontificios. La ruptura entre ambas Iglesias se hará definitiva, con la unión a la Iglesia de Oriente de los pueblos por ella evangelizados, como serbios, búlgaros, rusos o rumanos. El posterior ataque de los cruzados francos a Constantinopla no hará sino ahondar las distancias.
Miguel Cerulario asumió encabezar una conspiración contra Miguel IV, sucesor de Constantino IX, y ayudó a subir al trono a Isaac Comneno, siendo en 1058 desterrado por el emperador.

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