Suppiluliuma

Guerreros o dioses en marcha
Nacionalidad: Hatti

Rey 1380 a.C. - 1346 a.C.



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Comentario

A Suppiluliuma se debe la creación del gran Imperio Hitita. El reinado de su padre y antecesor, Tudhaliya III había sido desastroso, siendo atacado el reino de Hatti por todos los frentes, perdiéndose la hegemonía conseguida con Tudhaliya II. La situación provocó que el ejército alcanzara un destacado poder y apoyó a Suppiluliuma a ocupar el trono. El heredero, llamado Tudhaliya el Joven, fue asesinado y la corona recayó en Suppiluliuma, quien había demostrado sobradamente su capacidad castrense en las campañas desarrolladas en los últimos años de reinado de su padre. Desde ese momento el rey moverá todas sus piezas para conseguir que Hatti se convierta en una de las principales potencias de Oriente Próximo. Los territorios que rodeaban el núcleo anatolio del antiguo reino se convertirán en su objetivo. Mitanni será el primero al apoyar Suppiluliuma a Artatama, quien disputaba el trono mitannio a Tushratta pero la expedición acabó en fracaso. Visto lo visto, Suppiluliuma consideró que debía fortalecer su reino antes de iniciar una nueva serie de campañas conquistadoras y durante veinte años abandonó la expansión por tierras sirias.
Anatolia será su próximo objetivo. En el curso alto del Éufrates consiguió dominar a los bárbaros del país de Azzi mientras que en el norte anatolio, en las orillas del mar Negro, se enfrentaron, sin someterlos definitivamente, con los gasga, pueblos dedicados a la ganadería que no reconocían ninguna autoridad. En la costa mediterránea consiguió dominar Arzawa, cuyo rey se parangonaba con Amenofis III. Wilusa, en el interior de la península anatólica, también cayó en manos de Suppiluliuma.
La situación internacional hacia 1365 a.C. era bastante estable. El faraón Amenofis IV mantenía cierta neutralidad respecto a Hatti y Mitanni lo que aprovechó Suppiluliuma para pactar con el rey de Kizzuwatna y tomar la iniciativa en el frente de Siria. De manera rápida toda Siria pasó a manos hititas sin que los mitanios pudiesen hacer nada. Suppiluliuma firmó una serie de acuerdos con los príncipes de la región por los cuales los sirios reconocían la autoridad hitita a cambio de apoyo militar. Pronto Tushratta actuó y formó una amplia coalición de príncipes contrarios al dominio hitita, extendiendo la rebelión desde Alepo y Qadesh a Damasco, iniciándose la segunda guerra siria
Suppiluliuma se encaminó hacia el reino de Isuwa que fue rápidamente ocupado, poniendo rumbo a la capital mitania, Wassuganni, que fue tomada y saqueada. Desde allí se encaminó hacia Alepo, Alalakh y Damasco que corrieron la misma suerte. Toda Siria era dominada por Suppiluliuma y en cada una de las regiones colocó a personas de su confianza. Líbano se convirtió en un auténtico polvorín y Egipto consideró que sus fronteras y sus zonas de influencia estaban amenazadas, pasando a la acción. Hacia 1354 a.C. los egipcios se dirigían hacia Qadesh y los mitanios atacaban Karkemish. Suppiluliuma intervino de nuevo en Siria. Los dos frentes de batalla vieron como los hititas avanzaban posiciones cuando se produjo un hecho curioso. La viuda de Tutankhamón, la reina Ankhesenamón, solicitaba a Suppiluliuma la mano de uno de sus hijos para estrechar los lazos entre ambas potencias. Tras ciertas dudas iniciales el rey hitita envió a su hijo Zannanza que fue asesinado en el camino a Egipto, posiblemente a instancias de Ay que se convertirá en faraón. La muerte del hijo provocó que Suppiluliuma atacara Amqu, en cuya campaña las tropas hititas fueron víctimas de una epidemia de peste, epidemia que extendieron por todo el país a su regreso, produciéndose una situación de emergencia.
En cada una de las ciudades de Siria, Suppiluliuma situó a personas cercanas, entre ellos sus hijos que recibieron las coronas de Alepo y Karkemish. Incluso participó de manera indirecta en las guerras civiles que sacudían el país de Mitanni durante el reinado de Shuttarna, apoyando a Mattiwaza con el fin de utilizar a Mitanni como estado tapón frente al reino asirio. Suppiluliuma falleció hacia 1346 a.C. dejando el Imperio en su momento de máximo esplendor. El fallecimiento del hombre fuerte sería aprovechado por los países sometidos para rebelarse pero sus sucesores supieron conservar el poder.

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