Abad Oliba. Oliba de Ripoll

Monasterio de Santa María (Ripoll, Gerona). Claustro
Nacionalidad: España
Gerona 970 - Monasterio de Cuixá 30-10-1046
Religioso



Galería de obras


Comentario

Su abuelo era Vifredo el Velloso y sus padres los condes de Cerdenya y Besalú. Cuando tenía 18 años su progenitor renunció al condado, por lo que, junto con su madre y sus hermanos, tuvo que hacerse cargo de la gestión de su patrimonio. En el año 994 se procedió a la división del patrimonio familiar y Oliba se convirtió en conde de la Cerdenya, el Confleut, Berga y Capcir. Sin embargo, a comienzos del siglo X abandonó el ámbito de la nobleza para ingresar como novicio en el monasterio de Santa María de Ripoll.
Desde el año 1008 fue abad de este cenobio y luego de Santa María del Canigó y de San Miguel de Cuixá. Diez años después era nombrado obispo de Vic. Ante la amenaza musulmana y la invasión de los francos, siempre defendió las propiedades de los feligreses, además de desarrollar una intensa labor jurídica. Una de sus misiones más importantes fue la repoblación de la Marca de la Segarra. Dentro del ámbito eclesiástico defendió al celebración de sínodos. Siempre activo, intervino en el concilio de Narbona, donde entró en contacto con algunas de las figuras del ámbito religioso más importantes del momento.
Su gran labor se desarrolló en el ámbito de la cultura. A él se debe la difusión de la arquitectura románica en Cataluña. Prueba de ello son algunas de las obras más emblemáticas de este tiempo como el monasterio de Cuixá, el de Ripoll y la ampliación de las naves de la catedral de Vic. Su actividad cultural no sólo benefició al desarrollo arquitectónico, sino también favoreció a la literatura. Estando en Ripoll, la biblioteca incrementó sus fondos con setenta códices. Por otra parte, dio rienda suelta a sus dotes literarias y redactó una carta conciliar para todos los monasterios de su orden y también se dirigió a reyes y prelados, entre otros. En la década de los años treinta, tras finalizar los trabajos arquitectónicos realizados en Santa María de Ripoll bajo su dirección, consagró el monasterio.
Fue uno de los personajes más ilustres de su tiempo, cuya labor favoreció el desarrollo cultural del mundo cristiano.

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