Cornelius, Peter (von)

Fausto y Mefistófeles en el Brocken
Nacionalidad: Alemania
Düsseldorf 1783 - Berlín 1867
Pintor
Romanticismo Alemán
Nazarenos

Galería de obras


Comentario

Nacido en Düsselforf en septiembre de 1783, Cornelius estaba llamado a ser el más importante representante del movimiento nazareno junto a Overbeck. Era hijo de Aloys Cornelius, supervisor de la Düsseldorf Galerie. Entre 1798 y 1805 estudió, con resultados mediocres, en la Academia local, y hasta 1810 sus obras reflejan un estilo en la tradición del clasicismo académico. Al concurso de arte de la Asociación de Amigos del Arte de Weimar, organizado por Goethe en 1805, en la que triunfaría Caspar David Friedrich, envió una serie de obras sobre el tema de Hércules en este mismo tono clásico. La falta de éxito en Düsseldorf le llevó a establecerse en Frankfurt en el otoño de 1809. Allí su estilo experimentaría su primer gran cambio. La influencia recibida en Düsseldorf por parte de Sulpiz Boisserée y Friedrich von Schlegel comenzó a hacerse notar. Su orientación era la síntesis de los estilos de Rafael y Durero. Su primer gran éxito le llegó de la mano de las ilustraciones que realizó para la primera parte del 'Fausto' de Goethe. Ahora se mostraba liberado por completo de los resabios clasicistas y se lanzaba a una fidedigna recuperación del arte de los primitivos maestros alemanes del siglo XVI. Estas ilustraciones fueron publicadas posteriormente, en 1815. En otoño de 1811 Cornelius se desplazó a Roma, en donde pronto se integraría en el círculo de los nazarenos, junto a Overbeck y Franz Pforr. Con ellos compartía la necesidad de recuperar el arte considerado genuinamente alemán, así como un profundo sentimiento religioso de la vida y el arte. En su alejamiento del clasicismo, su bandera es la obra de Rafael. Entre 1812 y 1813 realizó las ilustraciones de la historia de los Nibelungos, el paradigma de la épica tradicional alemana, publicadas en Berlín en 1817. Esta exaltación del germanismo y su espíritu guerrero nacía en conexión con las victorias napoleónicas sobre los estados alemanes. Los nazarenos compartían con los pintores románticos de Dresde la convicción de la pérdida de los valores de la raza germánica ante el avance napoleónico. A pesar de que el verdadero genio de Cornelius se expresaba en sus dibujos, su medio preferido, y teniendo en cuenta el papel marginal que sus escasos cuadros al óleo tienen en su obra, el gran éxito del maestro fue la renovación de la pintura decorativa en sus grandes series de frescos. En este empeño subyacía la convicción típicamente renacentista de la utilidad de la pintura como medio de elevación moral y religiosa. Su primer encargo le llegó en 1816, de manos de Salomon Bartholdy, Consul General de Prusia en Roma desde el año anterior. Junto a Overbeck, Wilhelm Schadow y Philipp Veit, Cornelius pintó los frescos de una pequeña sala del Palazzo Zuccari de Roma, residencia del Cónsul. El tema era 'José en Egipto', y Cornelius se ocupó de la escena de 'José interpretando los sueños del faraón' y 'José reconocido por sus hermanos'. Tras esta primera obra, recibieron el encargo del marqués Carlo Massimo de decorar tres salas de su villa romana con frescos alusivos a los poetas italianos Dante, Ludovico Ariosto y Torcuato Tasso. Aunque llegó a concluir algunos cartones, Cornelius no llegó a realizar su parte, sobre Dante, pues retornó a Alemania. En Munich Cornelius recibió el encargo del príncipe Luis de Bavaria de ejecutar los frescos para el nuevo museo de escultura, la Gliptoteca, diseñada por el arquitecto Leo von Klenze, trabajo que le ocupó toda la década de los veinte. Por desgracia, sólo se conservan varios fragmentos; su temática es la de los dioses y héroes cuyas esculturas se exponían. Mientras, entre 1821 y 1825, fue director de la Academia de Düsseldorf. En este último año pasó a serlo de la de Munich. El ahora rey Luis I volvió a encomendar a Cornelius en 1828 la decoración de las salas de la Alte Pinakothek de Munich, también de Leo von Klenze. Cornelius se limitó, hasta 1830, a realizar los cartones para los frescos, los cuales se ocupaban de la vida de pintores italianos y alemanes desde el Renacimiento; la ejecución quedó en manos de sus ayudantes. A pesar de los deseos que mostraba el artista de abandonar la ciudad, Luis I volvió a encargarle un complejo ciclo decorativo, ahora para la Ludwigskirche de Munich. Aunque su proyecto inicial consistía en un ciclo épico cristiano que cubriera toda la fábrica, hubo de conformarse con la decoración del coro, cuya bóveda fue cubierta con escenas de la Creación, la Natividad, la Crucifixión y el Juicio Final; la del transepto muestra la correspondiente al Espíritu Santo. Cornelius trabajó en los cartones hasta 1836, entre Roma y Munich. Su participación directa se limitó al Juicio Final, dejando el resto, como era su costumbre, a los ayudantes. Las influencias recogidas en esta obra remiten, de forma directa a Miguel Ángel, aunque el tratamiento de la escena pierde cierto dramatismo en beneficio de su simbolismo. En 1841 las malas relaciones de Cornelius con el rey Luis I llegan a su fin. Tras la ruptura, el pintor accede a marcharse a Berlín, en donde era requerido para supervisar la ejecución de los frescos que Friedrich Schinkel había creado para el vestíbulo del Altes Museum. En ese mismo año, viajó a Londres para negociar con Sir Charles Lock Eastlacke la realización del proyecto decorativo para el Parlamento inglés. En 1843, de vuelta a Berlín, le fue encomendada la serie de frescos del Campo Santo, el panteón de la familia real, los Hohenzollern, en la catedral de la ciudad. En 1846 aparecieron sus dibujos en forma de grabados, publicados por Julius Thaeter. El ambicioso ciclo proyectado habría de ilustrar pasajes como el 'Sermón en la montaña', alternados con fragmentos de tipo simbólico y dramático como 'La caída de Babilonia'. Los sucesos revolucionarios de 1848 abortaron el proyecto.Entre 1853 y 1861 Cornelius residió en París. Allí no abandonó este programa para la catedral de Berlín, para el que realizó más dibujos. En la Exposición Universal celebrada en la capital francesa en 1855 Cornelius alcanzó un gran éxito. A partir de 1861 volvió a Alemania, falleciendo en marzo de 1867 en Berlín. Su obra fue pronto criticada por el emergente realismo, y su decisiva influencia sobre la pintura del siglo XIX menospreciada.

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