Ignacia del Espíritu Santo

Busto de Ignacia del Espíritu Santo
Nacionalidad: Filipinas
Manila 1663 - 1748
Religiosa



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Comentario

La Madre Ignacia del Espíritu fue la fundadora del primer beaterio para indias, el Beaterio de la Compañía de Jesús, conocido más tarde como Congregación de Religiosas de la Virgen María. Fue también la primera Congregación Filipina para mujeres que obtuvo el reconocimiento papal.

Era la hija menor y única superviviente de María Jerónima, una india, y Jusepe Iuco, un chino procedente de Amoy (China) que se había convertido al catolicismo en 1652 y residía en Binondo (Manila).

Cuando Ignacia cumplió 21 años sus padres pretendieron casarla, pero ella pidió primero consejo a Fr. Paul Klein, un jesuita que había llegado a Manila en 1682, porque se sentía dividida entre la llamada de Dios y no disgustar a sus padres. El sacerdote le dio los Ejercicios Espirituales de San Ignacio y después de un período de oración, Ignacia vio clara su vocación a dedicarse enteramente a su servicio. Dejó a los suyos y se instaló sola en una casa situada a la espalda del Colegio de los Jesuitas de Manila.

Su vida de oración y trabajo atrajo a otras indias que también se sentían llamadas a la vida religiosa, pero no podían ser admitidas en el convento de Santa Clara, el único que existía en Manila. La madre Ignacia las acogió en su compañía y así nació la primera comunidad, formada por su prima Cristina Gonzales, y otras dos jóvenes, Teodora de Jesús y Ana Margarita. Seis mujeres más se unieron al grupo inicial de cuatro y no pasó mucho tiempo cuando llegaron a ser treinta y tres miembros. En 1748 ya eran cincuenta. Empezaron a ser conocidas como las Beatas de la Compañía de Jesús porque recibían los sacramentos en la cercana iglesia de San Ignacio, además de que los Padres de la Compañía eran sus confesores y directores espirituales.

Con el tiempo, la madre Ignacia se dio cuenta de que el beaterio no debía llevar sólo una vida de oración y penitencia, sino que Dios pedía también un servicio apostólico. Así se empezó a admitir a jóvenes como alumnas para enseñarles la doctrina cristiana y las tareas domésticas. También aprendían a leer, a coser y abordar. No se hacía distinción de color o de raza, sino que eran aceptadas indias, mestizas y españolas. Llegaron a tener unas cuarenta y cinco alumnas. Quedó formada así una congregación cuyo objetivo principal era su personal santificación y en segundo lugar el trabajo para la santificación y salvación de los otros a través de la enseñanza de la doctrina cristiana a las jóvenes, la catequesis en parroquias, la atención de retiros espirituales y el cuidado de los enfermos en los hospitales.

La Madre Ignacia introdujo la práctica del retiro y lo promovió entre las mujeres. Era una mujer enérgica y de una personalidad atrayente, con gran sentido común a la hora de aconsejar a las personas. Su ejemplo era su principal arma para atraer a otras mujeres al camino que ella había sido llamada.

En 1732 y en ese momento la madre Ignacia decidió dejar su responsabilidad como superiora de la casa. Siguió viviendo en el beaterio como un miembro más hasta su muerte en 1748.

El cronista Murillo Velarde vio en esta decisión una gran humildad y la manifestación de que no deseaba mandar ni controlar. Estimaba que era una mujer valiente que supo sobrellevar las grandes dificultades que se encontró para su fundación desde el principio al fin. Era una mujer "mortificada, paciente, devota, espiritual, celosa del bien de las almas".

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