Barreto Quiroz, Isabel

Mapa de las Islas Filipinas, del atlas portulano de Joan Martínez
Nacionalidad: España
Pontevedra Siglo XVI - Galicia Siglo XVII
Conquistadora



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Comentario

Isabel Barreto nace en Pontevedra en el primer cuarto del siglo XVI. Su padre, Francisco Barreto, un acaudalado marinero, es nombrado gobernador de las llamadas Indias Portuguesas. De su progenitor hereda Isabel la pasión por los viajes y la aventura y un fuerte carácter.

Vive su primera infancia en Galicia, rodeada de su familia y de la riqueza que su padre había conseguido gracias a los expolios en tierras de ultramar. Isabel se convierte en una mujer culta que junto a su familia viaja a Perú. La nueva sociedad americana permitía una mayor autonomía a las féminas, un clima perfecto para las ansias de grandeza e independencia que rondan la cabeza de Isabel. En 1585 Isabel conoce al adelantado Álvaro de Mendaña.

Este berciano aventurero realiza su primer viaje a las islas que los indios peruanos llaman 'Hahuachimbi' con sólo 25 años. Tras un accidentado viaje, Álvaro arriba en estas tierras creyendo encontrarse en las míticas Islas Salomón. Vuelve a España para convencer a Felipe II de que le otorgue carta blanca para su conquista y colonización. El monarca le garantiza en 1574 el derecho de gobernación y justicia sobre las islas.

Isabel y Álvaro contraen matrimonio en Lima en 1585, convirtiéndose en una de las parejas más influyentes del virreinato de Perú. Pero Isabel no se conformaba con las prebendas que le otorgaba su clase social y la fama de su marido.Él promete convertirla en gobernadora de unas tierras sin fin, en las que viviría rodeada de oro y riquezas.

En 1595, cuatro navíos, con 368 personas a bordo, entre ellas un experimentado navegante portugués, Pedro Fernández de Quiróz, comienzan la expedición. Álvaro de Mendaña iniciará esta segunda aventura junto a su mujer. Isabel se hace con el control de las naves, aunque su marido es el adelantado y gobernador, las grandes decisiones a bordo las toma ella. Esta situación la enfrenta en no pocas ocasiones al cronista oficial del viaje, Fernández de Quiróz, que la acusa de ser intransigente y despótica.

Las primeras costas que se avistan son las de las Islas Marquesas, bautizadas así en honor de Teresa de Castro y su esposo, el virrey García Hurtado de Mendoza (1535-1609), Marqueses de Cañete, bajo cuya tutela se realiza la expedición. Mendaña bautiza las islas descubiertas con los nombres de Magdalena, San Pedro, Dominica y Santa Cristina. Tras comprobar que las que no son las Islas Salomón continúan la travesía rumbo sudoeste. Dos meses más tarde parece que las Salomón han desaparecido del océano. La tripulación comienza a padecer extrañas enfermedades y una fuerte tormenta acaba con una de las naves y sus 182 marineros. Una rara infección se apodera del cuerpo de Álvaro, quien realiza un testamento en su lecho de muerte, en el que nombra a su mujer gobernadora en tierra; a su cuñado, Lorenzo Barreto, capitán del mar. Pero éste también muere de malaria y por ello Isabel se convierte en general y gobernadora de la expedición, 'adelantada del mar océano' y heredera de todos los bienes. Álvaro de Mendaña muere el 17 de octubre de 1595 en el archipiélago de Santa Cruz. Con una tripulación, cansada y desesperada tras cuatro meses navegando casi a la deriva, Isabel decide poner rumbo a Filipinas. La situación se agrava con al mantener Quiróz continuos enfrentamientos con la primera mujer almirante de marina española, debido a las férreas normas a las que somete a los hombres. Atrás quedan las Islas Salomón, el 11 de febrero de 1596 Isabel y su esquilmada flota llegan al puerto de Manila.

Durante un año Isabel llora a su desaparecido marido. En 1596 otro hombre ocupa su corazón, el caballero de la Orden de Santiago, Fernando de Castro. Juntos planean su viaje de bodas. En 1597 se lanzan al océano a bordo de la nave San Jerónimo. Cuatro meses de travesía les llevan a Acapulco (México), desde donde se trasladan a Guanaco (Argentina), lugar en el que Isabel posee una encomienda -institución creada por Colón por la que se obligaba a trabajar a la población indígena sin recibir sueldo alguno.

Mientras Isabel vive una nueva vida en busca de conquistas, Pedro Fernández de Quiróz consigue de manos de Felipe III una Real Cédula por la que se le permitía volver a surcar el Pacífico y cristianizar las islas que encontrara a su paso, incluyendo las Salomón. Este privilegio anula el título que Isabel había heredado de Álvaro de Mendaña.

Isabel Barreto y Fernando de Castro luchan con todas sus fuerzas para recuperar las prerrogativas heredadas del primer matrimonio de la gallega. Viajan a Lima para protestar, expedición que no culmina con éxito. Más tarde deciden viajar a España para reclamar en la corte sus derechos sobre las Islas Salomón. En este punto se pierden las noticias de esta mujer que acaba sus días en su Galicia natal.

Isabel Barreto de Mendaña es la primera mujer almirante de marina en España, heredera de un reino inexistente y que ha pasado a la historia por su fuerte e inquebrantable carácter, tal vez su única defensa en un mundo concebido y dirigido por hombres, el de la conquista de las tierras de ultramar.

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