La Caramba. María Antonia Vallejo Fernández

Corral de comedias en Almagro
Nacionalidad: España
Motril 9-3-1750 - 10-6-1787
Actriz



Galería de obras


Comentario

Actriz cómica y tonadillera. La Caramba fue una de esas artistas que la gente siempre recuerda, y es que el pueblo de Madrid del Siglo de las Luces la colocó en el parnaso de las leyendas románticas españolas, al lado de toreros, bandoleros y gitanos célebres. Su vida, intensa, como su gracia y su arte, estuvo plagada de tardes de éxitos en los coliseos madrileños.

Nacida en Motril, abandonó la casa de sus padres porque le apasionaba actuar y quería dedicarse a la diversión pública. María llegó a la corte en 1776 en un momento en que chocaban dos tendencias contrapuestas en el espectáculo: la primera, continuación del teatro del Siglo de Oro y la segunda, la corriente del teatro moderno necoclasicista, importada desde Francia por los nuevos personajes ilustrados de la corte. María Antonia se mostró como una apasionada defensora del teatro nacional. Fueron famosas sus interpretaciones cómicas en las que ridiculizaba de forma irónica los gorgoritos de la ópera italiana y el amaneramiento de los afrancesados.

La Caramba fue una excelente intérprete de coplas populares, arias italianas, zarzuelas y óperas. También interpretó el fandango, uno de los bailes más divulgados del momento. La actriz alcanzó su cenit profesional en 1779, fecha en que ascendió a graciosa de música. En ese mismo año, las comedias a representar debían pasar el visto bueno de la censura inquisitorial, aunque era el propio pueblo quien mantenía en cartel las obras en función de su aceptación. En 1780, La Caramba fue denunciada por la Duquesa de Benavente y la Duquesa de Alba, protectora habitual de gentes de la farándula y el mundo de los toros, por una tonadilla en que imitaba a las dos damas insinuando ciertos amoríos de estas con hombres afamados de Madrid.

En 1781, de manera sorprendente, la actriz contrajo matrimonio. Aquella nueva situación no se adecuó a las expectativas de la actriz, que volvió de nuevo a los escenarios al cabo de un mes.

En 1784, también de manera sorprendentemente, cuando contaba 35 años y estaba en la cumbre profesional, una decisión visceral la llevó a retirarse del escenario y de la vida pública. Su voz se apagó de repente, y con la misma intensidad que había sido notoria y pública pasó a una vida retirada. Murió en 1787 y, aún después de muerta, siguió siendo una de las mujeres más admiradas por el pueblo de Madrid. En 1942, una Zarzuela titulada La Caramba incluía una tonadilla "¡Viva el salero; que viva! ¡Viva la Alhambra! Y vivan los ojos negros, negros, negritos, de la Caramba!".

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