Condesa de Montijo. Francisca de Sales Portocarrero y Zúñiga

Llegada de Eugenia de Montijo a su quinta de Carabanchel
Nacionalidad: España
Madrid 1754 - Logroño 1808
condesa Ilustrada



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Comentario

Es una de las figuras que mejor ejemplifican el arraigo de las ideas de las Ilustración entre determinados círculos de mujeres españolas. Como la mayoría de sus defensoras, nació en el seno de una familia aristocrática. Fue educada por las religiosas de la Visitación o Salesas que gracias al impulso de la reina Bárbara de Braganza, habían establecido una pequeña comunidad en Madrid para encargarse de la educación de las jóvenes de la nobleza. Allí aprendió música, bordado, pintura, buenos modales y francés, estudios completados con humanidades para las más dotadas. María Francisca llegó a dominar las lenguas clásicas y el francés.

En 1762, su madre, María de Zúñiga, viuda, profesó en el convento de las Baronesas, renunciando a percibir sus emolumentos de dama de la reina María Amalia y renunciando también a su título de marquesa de Valderrábano a favor de su hija.

María Francisca se casó en 1768 con Felipe Palafox y Croy de Abré, de la casa de los Marqueses de Ariza, joven oficial de brillante provenir que acabó ocupando el puesto de jefe supremo de las Guardias Valonas. El matrimonio tuvo ocho hijos, el menor, Cipriano, sería el futuro padre de la emperatriz Eugenia de Montijo.

En 1774 se inició en los trabajos literarios. A instancias del obispo ilustrado José Climent, realizó en ese año la traducción de una obra de devoción francesa titulada Instrucciones sobre el sacramento del matrimonio de Nicolás Letourneux. Sin embargo, su actividad principal se digirió a la educación de las jóvenes de la nobleza.

Ejercició la caridad y la beneficencia, que llevó a cabo preferentemente en las cárceles femeninas y en la inclusa, sobre todo a partir de 1787, cuando tras años de discusiones, la Sociedad Económica Matritense de Amigos del País creó la Junta de Damas de Honor y de Mérito, en la que entró a formar parte del primer núcleo de las 14 mujeres de la aristocracia que lo integraron. Entre ellas, la Condesa-Duquesa de Benavente, las Condesas de Fernán Núñez, del Carpio, de San Eufemia, las marquesas de Palacio, de Villalópez, de Benalúa, de Torrecilla y de Eyerbe, entre otras. Las actividades desplegadas por la Condesa de Montijo en el seno de la Junta de Damas fueron numerosas y diversificadas a lo largo de 18 años. En algunos debates fue destacada su intervención, como en los que se llevaron a cabo sobre la autonomía de la Junta de Damas con respecto a la Sociedad Económica. La más resonante de sus intervenciones la provocó una obra anónima aparecida con el título Discurso sobre el lujo y proyecto de un traje nacional que se publicó en 1788. El autor, pretendidamente una mujer, preconizaba, como solución al despilfarro y a la desorganización que reinaba en el país, la institución de un traje mujeril para contrarrestar los malos efectos del lujo entre las mujeres. Desplegaba varios trajes según ocho categorías sociales que integraban a todas las mujeres, desde las primeras casas de la aristocracia hasta las más humildes. Fue la propia Condesa de Montijo la encargada de desmontar la idea y los argumentos esgrimidos.

María Francisca trabajó por la promoción de la mujer en el trabajo y la industria, por el impulso a la extensión de la educación entre las mujeres y la dedicación a los trabajos de beneficencia pública. En estos tres campos desarrolló una actividad ingente. Llegó incluso, en calidad de enfermera, a ocuparse de la cárcel de la corte.

En 1805 fue desterrada por real orden y alejada definitivamente de Madrid por sus creencias de corte jansenista. Terminó sus días en Logroño en 1808. Su muerte pasó desapercibida en medio de los graves acontecimientos políticos de aquel año.


(DEMERSON, Paula: María Francisca de Sales Portocarrero, Condesa de Montijo: una figura de la Ilustración. Madrid: Editora Nacional,1975)

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