Caspar David Friedrich
Museo Wallraf-Richartz

Barca del Elba en la bruma matinal

Autor: Caspar David Friedrich
Fecha: h. 1820
Museo: Museo Wallraf-Richartz
Características: 22,5 x 30,8 cm.
Estilo: Romanticismo Alemán
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA

Barca del Elba en la bruma matinal

Comentario

Descubierta recientemente, esta obra se inscribe en la serie de lienzos con niebla que Friedrich realizó en 1820, como Nubes de paso y Bancos de niebla. Precisamente en este año el artista abandona su etapa anterior, que abrca los años 1816-20, en que padeció una leve crisis de estilo, caracterizada por un nuevo énfasis en las figuras y un cierto riesgo de ser predecible. A partir de este último año, y hasta 1830, se habla de un "estilo asimilativo", en que el espacio pictórico se torna más unificado, con una mayor profusión de motivos individuales. Los primeros planos conducen a una profundidad ilimitada. En este caso, el primer plano, formado por un prado que asciende en diagonal hacia la derecha, no se integra y vincula al fondo, sino que bloquea la continuidad hacia un espacio no delimitado a causa de la niebla, y, por tanto, de proporciones incalculables. En el río, entre la bruma, desciende un velero del tipo de los que solían navegar por el Elba en su época, y que aparecen reflejados en otras obras, como los mástiles perceptibles a través de la ventana de Mujer en la ventana, de 1822. Esta obra se aproxima a lo que C. G. Carus denominaba "el arte de la vida terrena"; sin embargo, tanto la representación como la simbología exceden la mera observación realista de la naturaleza. Friedrich expresaba su predilección por la niebla como fenómeno poético, como indicamos a propósito de Niebla, de 1807. Además, se ha visto en esta obra una simbolización de lo incierto de la vida, que, como el río y la barca, transcurre a través de la incertidumbre hacia la muerte. El sol, alegoría de Dios, disuelve estas inquietudes. La obra fue hallada en 1940 en el palacio de Basedow, de los condes Hahn, junto a seis más de Friedrich y otras de Johann Christian Clausen Dahl. Allí permanecía, anónimo, desde que el conde Friedrich von Hahn lo adquirió al artista; sólo el respeto a su memoria evitó la destrucción de estas obras cuyo valor era ignorado.

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