Caspar David Friedrich
Sammlung Oskar Reinhart

Rocas cretáceas en Rügen

Autor: Caspar David Friedrich
Fecha: 1818
Museo: Sammlung Oskar Reinhart
Características: 90 x 70 cm.
Estilo: Romanticismo Alemán
Material: Oleo sobre lienzo
Copyright: (C) ARTEHISTORIA

Rocas cretáceas en Rügen

Comentario

Pintada al poco tiempo de su matrimonio con Caroline Bommer, en enero de 1818, esta obra es un recuerdo de su viaje de bodas, que había de llevarlos a Greifswald y la isla de Rügen. Esta mujer de clase media, diecinueve años más joven, callada y sencilla, no habría de cambiar los hábitos del pintor, ni su carácter melancólico e introvertido. En verano acudieron a visitar a los tres hermanos de Friedrich en su ciudad natal y, además, alcanzaron Wolgast, Rüegn y Stralsund. En la isla se unieron al viaje su hermano Christian y su esposa. Ese momento es el reflejado por este óleo, que fue ejecutado por motivos puramente personales y nunca fue expuesto públicamente por Friedrich. La localización del lugar representado es problemática, dado que, como es usual, el maestro empleó varios estudios del natural realizados durante el viaje en lugares diferentes. Se suele identificar con el Stubbenkammer y el Feuerrengenfelsen, en la parte Este de la isla. También se ha postulado la identificación del acantilado de la derecha con la roca del Königsstuhl, mientras que el de la izquierda sería parte del Viktoriasicht en el pequeño Stubbenkammer. En cuanto a los personajes, no cabe duda de que se trata de Caroline Bommer, el propio Friedrich y su hermano Christian. No falta, con todo, la suposición de que los dos hombres son dos distintas representaciones del mismo Friedrich: una, en traje a la moda, tendido al borde del precipicio; otra, en su habitual traje germánico. La mujer y el hombre del centro se hallan relacionados por la llamada de atención que ésta le dirige hacia algunas flores que crecen en el mismo borde; él, abandonando su bastón y chistera, se aproxima a gatas al filo. Quizá ella le avisa del peligro; en cualquier caso, en su gesto descansa la ambigüedad de toda la composición. El otro personaje, por el contrario, ajeno a la escena, contempla el infinito, en intensa meditación. La composición se estructura según un esquema circular u ovalado, enmarcado abajo por el suelo cubierto de hierbas y, arriba, por las ramas de los árboles. La línea del horizonte no se corresponde con el ángulo de visión: está muy elevada, aunque ésta es la que perspectiva que ofrece la propia naturaleza. A esta diversidad de puntos de vista responde, asimismo, la superposición de planos paralelos a la superficie del cuadro. En el centro Friedrich ha reducido la distancia entre los salientes rocosos y los costados del acantilado, y ha elevado las bases de los dos pináculos, acercándolas al espectador. A resultas de ello, la visión se concentra en el abismo y el plano medio queda comprimido a un plano, sin transiciones. De este modo, el mar aparece como un muro ante nosotros, efecto reforzado por las proporciones de los veleros: el más cercano es el menor, mientras que el más lejano aparece con proporciones más amplias y claras. La obra ha sido considerada un ejemplo claro de la "angustia romántica". Más que otras obras de Friedrich, ésta se relaciona con la estética del Romanticismo puro tal y como había sido concebida por escritores y filósofos como Schelling, Hölderlin y Novalis. Estos autores postulaban la expresión del temor inefable que yace bajo la superficie de la apariencia de las cosas. Novalis, quien influyó en gran medida en el pintor, buscaba la muerte entre la felicidad, la melancolía en la contemplación placentera; en definitiva, afirmaba que de la conciliación de estos contrarios nacía lo sublime. Friedrich dio forma plástica a esta unión de emociones contradictorias.

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