Gustav Klimt
Kunsthistorisches Museum

Auditorio del viejo Burgtheater de Viena

Autor: Gustav Klimt
Fecha: 1888
Museo: Kunsthistorisches Museum
Características: 82 x 92 cm.
Estilo:
Material: Aguada
Copyright: (C) ARTEHISTORIA

Auditorio del viejo Burgtheater de Viena

Comentario

El auditorio del viejo Burg Teather iba a ser demolido por lo que en 1887 se encargó a Klimt y Franz Matsch la realización de uno lienzos en los que representase el interior del viejo coliseo teatral. Los artistas solicitaron demorar este encargo hasta finalizar la decoración de las escaleras -véase el Teatro de Taormina-, solicitud que les fue concedida. Al ponerse manos a la obra tuvieron un arduo trabajo ya que en el contrato se especificaba que tenían que integrar en la composición a unos 250 personajes entre ellos los importantes de la Viena del momento. Recibieron dos abonos de butaca para la temporada y pudieron contemplar al público que acudía a las representaciones.Klimt fue el encargado de pintar la sala y para ello realizó un buen número de bocetos y dibujos preparatorios, teniendo que acudir a su familia y amigos como modelos, aunque también recibió la visita de bellas mujeres de la ciudad que deseaban ser inmortalizadas en el cuadro. Entre las personas que retrató se encuentran Katherina Schratt -actriz habitual del teatro y amante del emperador Francisco José I-, el cirujano Theodor Billroth y el futuro alcalde Karl Lueger. El resultado es una obra de gran calidad, en la que se nos muestra el patio de butacas del teatro, rodeado de cuatro pisos de palcos en los que se situaba la alta nobleza imperial, ocupando el emperador y la corte uno de estos palcos. Una lámpara en el centro del techo y diversos focos distribuidos en la segunda fila de palcos arrojan una tenue iluminación a la escena, creando de manera perfecta la sensación atmosférica de un interior. Las figuras son extraordinarias, adecuadas a su nivel social, vestidas con sus mejores galas, presentadas en elegantes actitudes. La perspectiva conseguida por el maestro resulta destacable pero lo más original es el tratamiento de la escena ya que Klimt sitúa a los espectadores en el papel de actores, confundiendo la realidad con la apariencia. El resultado es una obra de gran calidad por la que Klimt recibió en 1890 el Premio del Emperador, dotado con 400 florines.

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