Cota de malla

Cota de malla alemana


Comentario

La cota de malla es uno de los tipos de protección metálica de mayor tradición y perduración en Europa Occidental, aunque fue también empleada en el Próximo y el Lejano Oriente. Pese a que algunos autores han propuesto origen oriental, el romano Varron (De lingua latina VI, 23, 9) lo creía galo, y todo indica que su origen -en Europa al menos- está entre los pueblos celtas en la zona alpina, en torno a fines del s. IV a.C. o principios del III, desde donde se extendió rápidamente a Italia. Allí fue adoptada por las legiones romanas, bajo el nombre de lorica hamata, al menos para las clases de soldados más pudientes, con propiedades valoradas por encima de las diez mil dracmas; en la guerra de Aníbal, por tanto, la cota de malla debía ser un equipo preciado. A lo largo de la Historia, fueron muchas las técnicas específicas usadas para construir las mallas, pero básicamente todas emplean una alternancia de anillos cerrados durante el proceso de fabricación mediante un remache, que engarzan al menos otros cuatro (dos de la fila superior y dos de la inferior) cerrados previamente mediante soldadura o (en la Edad Media) estampado. El diámetro de los anillos varía, pero la mayoría oscila entre los 6 y los 10 mm. de diámetro. Una mayor densidad de la cota se consigue manteniendo el diámetro de los anillos, pero aumentando el grosor del alambre. La práctica totalidad de las cotas conservadas son de hierro -no acero-, a veces con una o dos filas de anillos de bronce en cuello o bordes con finalidad decorativa; sin embargo algunos descubrimientos aislados (Baginton, Grosskrotzenburg, Pontoux) indican que hubo algunas cotas de bronce en la Antigüedad.
La cota de mallas tiene la ventaja de su flexibilidad, pero es mucho más pesada de lo que en principio puede parecer, en torno a 10-15 kg. dependiendo de la longitud, llegando a los 20 kg. en el caso de un largo hauberk normando del s. XI d.C. De hecho, es más pesada que la lorica segmentata, la coraza de placas metálicas comúnmente asociada con los legionarios por Hollywood y Astérix.
Debe vestirse sobre una suerte de túnica acolchada de hasta un centímetro de grosor, que previene rozaduras y proporciona una protección adicional muy necesaria para evitar roturas de huesos o la introducción de anillos rotos en las heridas; fue conocida como subarmalis o thoracomachus entre los romanos, y como gambeson en la Edad Media. Un tratado anónimo bizantino del s. VI lo recomienda exactamente por estas razones. Conviene además ceñir la cota al talle con un cinturón que descargue de los hombros y cuello parte del peso. También es frecuente que en las cotas largas se abran aberturas que faciliten el movimiento o montar a caballo.
La cota de malla es especialmente eficaz contra golpes tajantes, lo que explica su invención por pueblos que empleaban largas espadas cortantes, pero en ese caso convenía proteger la zona de los hombros con una doble capa de malla: de ahí las características hombreras en las cotas galas y romanas. La malla era menos eficaz contra golpes punzantes de lanza o dardos; por eso, ya desde la Antigüedad tardía, se combinaba con escamas, láminas o placas que proporcionaban protección adicional contra estas armas.
Aunque de origen celta, el ejército romano, al final de la República e inicios del Imperio, popularizó esta coraza, que sin embargo nunca se extendió entre lberos o Celtíberos -quizás la emplearon ocasionalmente-. A partir de mediados del s. I d.C., sin embargo, fue sustituida en las legiones por la coraza de placas (segmentata), perdurando sin embargo en las unidades auxiliares. A partir del s. III d.C. tanto la cota de malla como, sobre todo, la de láminas, decayeron frente a protecciones orgánicas acolchadas, más sencillas, ligeras y baratas.
Durante la Antigüedad tardía y los primeros siglos de la Edad Media, la cota de malla fue casi el único tipo de coraza metálica que pervivió en Europa, ya que otros tipos eran o más complejos de fabricar o menos flexibles. En Bizancio y el Próximo Oriente (sasánidas, árabes, turcos) la malla pervivió como protección de las elites militares, a menudo combinada con tipos de lámina metálica y escamas. El Tapiz de Bayeux, que describe en detalle la batalla de Hastings en 1066, refleja la edad de oro del largo y pesado hauberk o loriga de los caballeros del Occidente medieval, al que se añadieron detalles nuevos como el ventail, o faldón que podía atarse para cubrir la parte baja de la cara.
A partir del s. XIII, sin embargo, el desarrollo de armas ofensivas potentes, como la ballesta, que perforaba con facilidad la cota, y las mejoras tecnológicas en la fabricación de placas de acero, dieron lugar al resurgir de las corazas de placa metálica, más eficaces que la cota, no más pesadas y, a menudo, más cómodas. A partir del s. XIV la cota de mallas sólo se mantuvo en zonas atrasadas de Europa, y se convirtió en un complemento para partes concretas de la coraza de placa metálica del hombre de armas, como la mano o la axila. En estas condiciones pervivió hasta el Renacimiento, cuando el desarrollo de las armas de fuego convirtió en obsoletas todas las protecciones metálicas, ya fueran de placas, escamas o anillos.
La cota de malla sigue utilizándose en la actualidad, cuando hace falta una protección sólida y flexible a la vez. Así, algunos tanquistas aliados de 1918 llevaban un pequeño faldón de malla pendiente del casco para proteger la cara de las esquirlas que saltaban de la cara interna del blindaje cuando el tanque recibía impactos de metralla o armas ligeras. Y muchos buceadores especializados emplean, todavía hoy, guantes largos de malla como protección contra tiburones.

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