Idealismo



Comentario

La Iglesia que había impuesto a sus pintores un arte fácilmente legible y cercano a la masa popular termina por pedir para sus propias salas principescas un estilo más sofisticado. En paralelo el poder absolutista, ejercido no sólo en las grandes potencias europeas sino en las pequeñas cortes italianas ejercitaba una demanda similar.
Así pues, algunos pintores comienzan a producir en estilo lejano a la truculencia de las visiones caravaggistas. Sus paletas cromáticas se aclaran. Aunque todavía recurren a los contrastes de luz, éstos son menos acentuados y crean espacios diáfanos en los que las figuras se mueven con comodidad, lejos de la opresión tenebrosa del naturalismo.
Annibale Carracci es el creador de esta tendencia, en franca oposición al naturalismo. Sus hermanos trabajan con él y buscan recuperar en sus trabajos la esencia de Miguel Angel, Rafael y la estatuaria clásica. Trabajan con frecuencia al fresco, adaptando sus composiciones a las magníficas construcciones del barroco del XVII.
Este empleo de material al fresco les lleva, incluso para sus trabajos al óleo, a practicar unos efectos ilusionistas, que pretenden transcender el marco arquitectónico o el marco del cuadro. De esta manera fingen espacios abiertos al aire libre, con arquitecturas pintadas con una verosimilitud que pretende ser real, con personajes que se mueven entre las vegetaciones o las columnas pintadas, etc. Los frescos en techos o murales elevados requieren presentar a los personajes vistos desde abajo, para producir la sensación de que en realidad flotan por encima de las cabezas de los espectadores. Se producen tremendos escorzos desde una perspectiva de sotto in sú. La luz se distribuye uniformemente en una composición equilibrada en friso, al modo de los relieves clásicos. El dinamismo deviene a través de líneas de fuerza opuestas, o figuras con posturas complementarias en direcciones diferentes, al modo que se observa en la Atalanta e Hipomenes de Guido Reni.
Se observa además una fidelidad a la naturaleza, como en el naturalismo. La diferencia estriba en que es una fidelidad purificada de lo vulgar a través de la sensibilidad del pintor. Para controlar esta mesura que todo buen artista debe contemplar, los Carracci sientan las bases de la enseñanza académica, en cuanto a determinar con exactitud temas dignos de representación, reglas geométricas a utilizar, gamas cromáticas, atributos adecuados para los personajes, etc.
De hecho, en la estela iniciada 20 años atrás por la Academia de San Lucas romana, los Carracci fundan la Accademia degli Incamminati, es decir, la academia de los iluminados, los iniciados en el nuevo estilo, como si los demás se mantuvieran en las tinieblas de la ignorancia.
Su vigor creativo atrajo a los jóvenes pintores que encontraban los postulados tenebristas agotados en sí mismos, con lo cual Reni, il Guercino, Il Domenichino y otros engrosaron las filas de sus practicantes.
Punto aparte es la colonia de artistas extranjeros ubicada en Roma y Nápoles. Considerados como italianos, puesto que toda su formación y producción artística tuvo lugar allá, destacan dos franceses por la repercusión histórica que tuvieron: Nicolás Poussin y Claudio de Lorena.
Integrados ambos dentro del idealismo de corte clasicista, ejercen de eslabón para conectar el barroco italiano con el francés, que también ejerció una honda influencia clasicista.
A Claudio de Lorena se le considera el creador del paisaje clásico, un logro de tal importancia que sin él no se concibe el paisajismo inglés del Neoclásico, ni el paisaje heroico del Romanticismo Alemán.
Nicolás Poussin ofrece el contrapunto equilibrado de las visiones dramáticas del martirologio católico, con un tratamiento perfeccionista de la mitología y la Historia.

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