Arquitectos al margen

Museo Casa Lis (Salamanca). Fachada posterior
Época:
Inicio: Año 1900
Fin: Año 1935

Antecedente:
Gatepac y movimiento moderno

(C) Angel Urrutia Núñez



Comentario

Rafael Bergamín Gutiérrez (1891-1971) y Luis Blanco Soler (1896-1988) habían realizado en la Ciudad Universitaria la desaparecida Fundación del Amo (1928-1930), manteniendo los mismos principios racionales en la Colonia Parque Residencia (1931-1932, Madrid, en promoción con Gregorio Iturbe y Javier Gómez de la Serna), unas viviendas sencillas y dignas destinadas a profesionales liberales. Este experimento es perseguido por Rafael Bergamín en la Colonia El Viso (1933-1936, Madrid), con 242 viviendas pareadas o en hilera y pequeño jardín, muy racionalistas en medios y soluciones (higiene, ventilación, aprovechamiento del espacio, elementos repetitivos para acelerar el proceso constructivo, supresión de elementos superfluos para economizar). El pensamiento de Loos, Gropius, Oud, Le Corbusier está aquí presente, con un estilo espléndido según los mínimos manejados y emparentado con su misma Casa del Marqués de Víllora (1928-1929. Calle de Serrano, Madrid). Rafael Bergarnín dirá: "Se hizo una arquitectura simple, muy cúbica, quizá inspirada en las casas que habíamos visto en Alemania y Holanda, arquitectura un poco seca, pero que yo espera compensar con los distintos colores con que se pintaron las fachadas de los diferentes bloques y, sobre todo, pensando en la vegetación que pronto habría de crecer". ("Arquitectura". Mayo, 1967).
Casto Fernández-Shaw, moderno heterodoxo y futurista, introduce pronto también un estilo aerodinámico en la desaparecida Gasolinera de Petróleos Porto Pí (1927. Calle Alberto Aguilera, Madrid), deudor de T. Garnier pero reducido al anti-estilo generado por la estricta función de los elementos esenciales integrados en la obra. Su admiración por las nuevas tecnologías y por el progreso constructivo norteamericano le lleva a adoptar, en colaboración con Pedro Muguruza, el esquema de rascacielos de malla depurada en el Edificio Coliseum (1931-1933. Gran Vía, Madrid).
Luis Gutiérrez Soto, tantea por su parte varios estilos en Madrid. En el Cine Callao (1926-1927) se deja influir por un art déco que revisará en sus siguientes Cine Europa (1928) y Cine Barceló (1930), donde depura las líneas expresivamente y, al solucionar un edificio en esquina, se acerca a la lección dada por E. Mendelsohn y R. Neutra en el Berliner Tageblatt (1921-1923. Berlín). Llega a poner en práctica un soberbio estilo aeronáutico -cercano al GATEPAC- en su primitivo y desaparecido Aeropuerto de Barajas (1930) o en su desaparecida Piscina La Isla (1931. Río Manzanares), que es publicada además en la revista portavoz del grupo "A.C." (nº7. 1932).
Vicente Eced y Luis Martínez-Feduchi introducen también el rasgo expresionista mendelsohniano fundido con ribetes art déco -al margen de la ortodoxia defendida por el GATEPAC- en una obra ya plurifuncional e integral (no sólo cine, sino también novedoso hotel-apartamentos, oficinas, locales comerciales, sala de fiestas, etc.), que asume la irregular forma aguda del solar y emerge impetuosa creando paisaje urbano de la mejor calidad: el Edificio Carrión o Capitol (1931-1933. Gran Vía, Madrid).
Javier Ferrero Llusiá tuvo oportunidad de aplicar criterios racionalistas de asepsia e higiene gracias a un Plan Municipal de creación de nuevos mercados en Madrid (Mercado Central de Pescados, 1931-1934, hoy transformado en Centro Comercial Puerta de Toledo; Mercado de Olavide, 1931-1934, derribado; Mercado Central de Frutas y Verduras, 1932-1935) y de realizar, mediante la nueva tecnología del hormigón visto, una emblemática obra pública de primera magnitud como es el Viaducto (1932-1942).
Secundino Zuazo Ugalde, tras la aproximación a un estilo nacionalista enraizado con el barroco andaluz en su ecléctico Palacio de la Música (1924-1928. Gran Vía, Madrid), crea una obra cumbre de este período con su Casa de las Flores (1930-1932, Madrid. Colab. con M. Fleischer). Se trataba de organizar 288 viviendas de 88 m2 a 170 m2, en un bloque compacto y armonioso de tan sólo seis plantas, trabajado y aparejado impecablemente con el ladrillo, calado en las esquinas sur con espléndidas terrazas aún en galería, componiendo una manzana entera cuyo corazón se abre al aire libre y contiene jardines de recreo. Esto permite una mejor ventilación y vistas para las habitaciones interiores, solución inexistente en los edificios prerracionalistas. El esquema, aun ensayado ya en Centroeuropa (concretamente en Amsterdam y en algunos grupos residenciales de Viena, servidos por calles-jardines-espacios públicos), suponía una alternativa a la degenerada manzana del ensanche madrileño proveniente del Plan Castro. Coincide, en el fondo, con el interés higienista del GATEPAC cuando aborde un "Ensayo de distribución de una manzana del ensanche de Barcelona" ("A.C." n.º 11. 1933). También colaborará Zuazo con el ingeniero Eduardo Torroja en el estructuralista y desaparecido Frontón de Recoletos (1935, Madrid).
Torroja colabora a su vez en obras de gran interés con Sánchez Arcas (Central Térmica, Hospital Clínico, Mercado en Algeciras, 1933). Con Carlos Arniches -que acababa con un racionalismo lleno de sensibilidad su Residencia de Señoritas (1932-1933. C/ Miguel Angel c/v General Martínez Campos, Madrid)- y con Martín Domínguez -que trabaja normalmente con Arniches en obras ya de ruptura (Instituto-Escuela, 1930-1933, Instituto Ramiro de Maeztu, Madrid)- realiza otra de las obras maestras no sólo española sino universal, el Hipódromo de la Zarzuela (1934-1936, Madrid). La solución de tribuna es ejemplar, pues consigue una experimentada cubierta alabeada de 12,8 m y sólo 5 cm de espesor en el extremo de los voladizos, nivelada mediante montantes traseros de los que se cuelga el voladizo del hall posterior para que haga de contrapeso, resistiendo la fuerza de la gravedad y los empujes del viento sin nervios, ni apoyos que restarían visibilidad y sinceridad a la pura matemática materializada en leve hormigón flotante.
En Barcelona, la tendencia clasicista y monumentalista del Noucentisme entra en crisis y son cada vez más los contactos con las vanguardias. Obras como el pomposo Cine Coliseum (1923. Gran Vía, Barcelona) de Francisco P. Nebot, influido por la Opera de París de Ch. Garnier, dejan de tener sentido. Rafael Benet habla de la nueva arquitectura en 1928 (Gaseta de les Arts). La Associació d'Arquitectes de Catalunya contribuye a la transición mediante actividades como la publicación de "Arquitectura i Urbanisme" (1931-1937). Sin embargo, las manifestaciones son esporádicas y nunca dentro de una ortodoxia respecto al racionalismo internacional de moda. Esta labor se la reservará el GATCPAC, encajando por ello muy serias críticas de otros arquitectos como Pedro Benavent y Francisco Folguera, quienes valoran el acto de la creación artística y se rebelan tanto contra los órdenes de Vignola como contra las órdenes del CIRPAC.
Antonio Puig Gairalt (1887-1935) registraría muy bien esa transición en su Fábrica Myrurgia (1928-1930. C/ Mallorca, 341, Barcelona). Sobre una composición axial, introduce sin embargo elementos funcionales requeridos en esta obra, la estructura de hierro vista, los amplios huecos horizontales que se recortan limpiamente en el plano terso de fachada. Su hermano Ramón Puig Gairalt realiza el Gratacelst (1931-1933, Hospitalet), donde trata la vivienda racional en edificio de altura, integrando la terraza como elemento compositivo junto con los retranqueos y personalizando el tipo de rascacielos insípido.
Francisco Folguera Grassi (1891-1960) realiza con su Casa de Sant Jordi (1929-1931. Vía Layetana c/v Caspe, Barcelona) el ejercicio más brillante de composición que pudiera cerrar el chaflán de cualquier manzana en el ensanche barcelonés. La sutileza en la graduación de los huecos y su relación con el macizo no es sino traducción funcional nítida (oficinas y viviendas). Su posible relación con el expresionismo alemán y con las ideas vertidas en "Moderne Bauformen", queda anulada por la gran personalidad puesta en esta obra, curiosamente adelantada a la postmodernidad.
Así pues, arquitectos con obras personales, más o menos afectadas por los vientos europeos, se van a encontrar por toda España y coexistiendo con las del grupo GATEPAC. Será rara la ciudad que no posea algún edificio relativamente moderno durante los años 20-30, de espacios limpios o líneas claras, más contaminado por el lastre regionalista o por modas como la del art déco (tal como ha estudiado Javier Pérez Rojas en un esfuerzo titánico) o menos ornamentado, incluso consustancial con su medio como en el caso del racionalismo canario (tan bien estudiado por María Isabel Navarro Segura en su Tesis Doctoral). La nómina sería muy larga, de norte a sur: Eugenio Aguinaga, Emiliano Amann, Tomás Bilbao, Mario Camiña, Francisco Castro, Víctor Eusa, Ignacio Galíndez, Pedro Ispizua; Ramón Argilés, José Goday, Amadeo Llopart, Joaquín Llovet, Jaime Mestres, Ramón Raventos, Enrique Viedma; Francisco Albiñana, José Beltrán; Gustavo Fernández Balbuena; Angel Pérez; Rafael Arévalo, José Granados, Gabriel Lupiáñez; Francisco Casas, en el ámbito balear; José Blasco, Miguel Martín, Richard E. Oppel, en ámbito canario; Lorenzo Ros, en Melilla; o el mismo José Blein activo en Ceuta.
Ahora bien, la mayoría de estas obras continuaban satisfaciendo las necesidades de una clase acomodada o de alto nivel. Pero los problemas de la gran población seguían pendientes y la misión del GATEPAC -con todas las virtudes y con todos los riesgos contraídos- se orientará con hermandad en este sentido.

Imágenes

Casa Coll i Regás (Mataró, Barcelona) Casa Gari (Argentona, Barcelona) Palacio Nacional (Barcelona)