La pintura surrealista

El juego lúgubre
Época:
Inicio: Año 1925
Fin: Año 1935

Siguientes:
El modelo interior
La aportación española
Epílogo

(C) Lucía García de Carpi



Comentario

El Surrealismo se configura a raíz de la escisión protagonizada en el seno del Dadá parisino por un grupo de poetas colaboradores habituales de la revista "Littérature". La inoperancia de la que daba muestras en aquel momento el otrora audaz espíritu dadaísta, limitándose a repetir los desplantes y provocaciones de antaño, motivó la ruptura, encabezada por Breton, de todos aquellos que creían necesario dar una orientación más efectiva a la actividad del grupo.
Frente al nihilismo sin salida de Dadá, negador de toda posibilidad artística en un mundo tan degradado, como de forma pavorosa había puesto de manifiesto la Primera Guerra Mundial, el nuevo ismo opondría la convicción esperanzada de que todavía era posible transformar el mundo y cambiar la vida, tal y como habían formulado Marx y Rimbaud.
El Surrealismo no se limitó, como el resto de las propuestas de vanguardia que le precedieron, a ofrecer una alternativa más a la crisis de los lenguajes tradicionales, sino que, trascendiendo el marco estricto de la práctica del arte y de la literatura, fue concebido como una actitud vital encaminada a alumbrar un hombre nuevo en un mundo mejor. No hay que olvidar que su aparición tras la Gran Guerra, coincide con el momento de quiebra de los valores que habían conformado la base de la cultura occidental. El Surrealismo en su nueva concepción del ser humano parte, fundamentalmente, de las investigaciones llevadas a cabo por Sigmund Freud en el ámbito del subconsciente y hace suyas, aplicándolas a los procesos de creación artística, las técnicas automáticas propias del psicoanálisis, que el médico vienés había desarrollado con fines terapéuticos.
En octubre de 1924 se publicó el "Manifiesto del Surrealismo" del que es autor André Breton, personaje que siempre ostentó una posición de liderazgo dentro del grupo. En dicho manifiesto es definido el movimiento como "Automatismo psíquico puro por cuyo medio se intenta expresar, verbalmente, por escrito, o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Es un dictado real del pensamiento sin la intervención reguladora de la razón y ajerno a toda preocupación estética o moral". A la vista de tal declaración no debe extrañar el interés demostrado por el nuevo credo hacia manifestaciones como el arte de los alienados mentales y mediums, y hacia todo tipo de fenómenos parasicológicos, que se materializó en la creación de una Oficina de Investigaciones Surrealistas dirigida por Antonin Artaud. De 1929 data el "Segundo Manifiesto del Surrealismo", redactado también por Breton.
El Surrealismo en sus orígenes tuvo un marcado carácter literario, pues, no en balde, fueron los poetas los primeros en vislumbrar la posibilidad de realizar una actividad creativa basada exclusivamente en los procesos irracionales. Junto al mencionado Breton, Louis Aragon, Philippe Soupault, Paul Eluard, Benjamín Péret, Antonin Artaud y René Crevel configuran la plana mayor de este Surrealismo literario. Sin embargo, las artes plásticas alcanzaron rápidamente un importante desarrollo, por lo que la presencia de los pintores en el seno del grupo fue cada vez más relevante, siendo la mayoría de estos últimos de procedencia extranjera.
La aportación española al Surrealismo pictórico fue especialmente brillante, no sólo por el considerable número de artistas, que tanto dentro como fuera de nuestras fronteras se identificaron con los postulados del movimiento, sino sobre todo por el peso específico que algunas de estas figuras alcanzaron en el panorama internacional. Baste recordar en este sentido los nombres de Miró, Dalí, Oscar Domínguez y Picasso, si bien este último de forma más restrictiva, pero no menos determinante.

Imágenes

Interior holandés I Mujer tendida en un diván Bodegón