La pintura religiosa

Santa Catalina
Época:
Inicio: Año 1800
Fin: Año 1900

Antecedente:
Su influencia en la pintura de historia

(C) José Gutiérrez Burón



Comentario

Esta íntima relación entre pintura de historia y sociedad de la época falta, en cambio, en el caso de la pintura religiosa que otrora proporcionara a España sus mayores y más envidiadas glorias artísticas. Ahora, sin embargo, su decadencia paralela a la de otras manifestaciones como las poéticas o musicales, no deja lugar a dudas, como se desprende de su participación en las exposiciones. Aunque el número de cuadros religiosos es más o menos constante a lo largo de todas ellas, su proporción, dado el aumento que experimentan los otros géneros, acusa un claro retroceso. Una decadencia largamente anunciada, pues, como reconoce en 1857 el periódico confesional "El Círculo": "el sublime espíritu religioso que se albergaba en el noble pecho español, ha huido ante el poderoso influjo del oro; no existen ya aquellas inspiraciones, que produjeron los Coello, Velázquez, Murillo, Ribera, Morales, apenas existen ya aquellos ilustrados mecenas que alentaban y protegían al artista, y en fin el pintor religioso casi no existe ya en España".
La falta de identificación llega hasta el punto de cuestionarse la misma participación del género religioso en las exposiciones, ya que, por el mero hecho de acudir a estos certámenes, se le iba a valorar no en función del sentimiento religioso, sino de su calidad estética. Así lo entiende Fernanflor, uno de los críticos más perspicaces del momento, cuando al comentar el hoy perdido Entierro de Cristo de Sorolla, la obra más polémica del certamen de 1887, la interpreta no como "un acto de fe, sino un tema pictórico, pues creyendo hacer un cuadro ha hecho un país, cosa más fácil aunque sea difícil siempre. Ha pintado no el entierro de Cristo, sino la hora en que lo enterraron".
En consecuencia, estas obras, aunque triunfasen, resultaban más propias de museos que de iglesias, con lo que vulneraban su misma razón de ser. Se comprende así que este arte religioso, incapaz de despertar sentimientos, declinara paulatinamente. Mientras, seguían admirándose las candorosas Vírgenes de Fray Angélico o los escuálidos Ecce Homo de Morales, porque, "dicen más (como que dicen creo) -argumentaba Luis Alfonso- que las composiciones más famosas y con más suma de talento pintadas por los más eximios artistas de doscientos años acá. Honrarán las obras de éstos un museo: Merecerán sólo un altar aquéllas".

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