Europa merovingia

Campesinos medievales
Época: Estados Romano-germa
Inicio: Año 476
Fin: Año 700 D.C.

Antecedente:
Estados Romano-Germanos de Occidente

(C) ARTEHISTORIA



Comentario

La situación existente en las Galias en el momento de la desaparición definitiva del gobierno imperial en Occidente era heterogénea, aunque en gran parte obedecía a la fundamental distinción entre una Galia septentrional y otra meridional. Además, uno de los resultados de la ruptura de la frontera del Rin había sido el que el gran río se convirtiera no en frontera sino en eje de un espacio sociopolítico en el que se incluían los territorios septentrionales de la antigua Galia romana. Este acontecimiento, que venía a borrar en parte quinientos años de historia, había sido la consecuencia de las invasiones francas.
El origen de los francos es una de las cuestiones más debatidas entre los estudiosos. El nombre popular (los hombres libres) expresa a las claras que su etnogénesis se produjo a partir de grupos étnicos fragmentados. Como otras grandes estirpes de los germanos occidentales la etnogénesis franca no se produjo con el surgimiento de una Monarquía militar, sino mediante la formación de una liga que agrupaba a diversas soberanías domésticas. Su coagulación se haría en la región del bajo Rin no antes de finales del siglo III, tal vez como consecuencia de la progresión sajona hacia el oeste. Allí acabaría por englobar a toda una serie de etnias transrenanas, cuyos nombres pudieron conservarse en algunos de los grupos de la nueva liga franca (camavos, catuarios, brúcteros, salios, usipetes, tencteros, tubantes y ampsivarios). Más retardatarios que otros grupos germanos el desarrollo entre los francos de una progresista aristocracia guerrera, basada en sus séquitos armados, sólo sería una realidad ya bien entrado el siglo IV. Sin embargo, el surgimiento de una realeza nacional sería un fenómeno muy tardío, ya en el siglo V, no lográndose imponer hasta Clodoveo, a claras instancias romanas y de los germanos orientales.
La progresión de los diversos grupos francos al oeste del Rin se recrudeció a partir de la desaparición de Aecio. En 456 Maguncia cayó en su poder, y en 459 Colonia; y a partir de esta ultima se inicio el poblamiento franco por los valles del Mosa y el Mosela, cuya conquista se pudo dar por finalizada en el 475. Sería precisamente aquí donde se constituyera lo que en las fuentes del siglo V se conoce como "Francia Rinensis". Era ésta una región de denso poblamiento franco, lo que produciría un retroceso de la frontera lingüística entre el latín y el germano, donde surgirían pequeñas monarquías militares producto del Landnahme, entre las que destacaría la que tenía por centro la antigua ciudad de Colonia. Mas allá de Maguncia el asentamiento franco tocaba con el de los alemanes, que a partir de 450 habían inundado la Alsacia.
Al sur del Loira los visigodos de Tolosa habían completado su dominación hasta las costas atlánticas y mediterráneas, lindando por el este con el Reino burgundio, dueño del valle del Ródano y del Saona. Por el contrario era bastante más compleja la situación existente entre el Mosa, el Somme y el Loira. Aquí con centro en Soissons, se había intentado una solución coyuntural por parte de la aristocracia provincial sobre los restos del ejército imperial de la Galia, y bajo el mando del jefe de éste, Egidio, y de su hijo y sucesor, Syagrio. Mientras otras aristocracias urbanas locales intentaban también una vía autónoma constituyendo efímeras ligas, como podía ser la del antiguo "Tractus Armoricanus". Pero, sin duda, se trataba de soluciones de compromiso y coyunturales, que habrían de desaparecer ante la progresión de grupos de francos salios, comandados por diversos reyes -en realidad jefes de soberanías domésticas-, en gran parte relacionados familiarmente entre sí al decirse descendientes de un antepasado común, de nombre Meroveo.
Entre estos últimos reyezuelos francos destacó el de Tournai, Childerico (463-481). Pues éste se supo presentar como defensor de los intereses de una buena parte de las aristocracias locales galorromanas, concediéndoles su apoyo militar contra enemigos externos, como los visigodos, a cambio de la entrega de lo que quedaba de la organización fiscal tardorromana. Sería la continuidad de esta política la que convertiría en auténtico poder hegemónico de las Galias y en rey de todos los grupos francos a su hijo y sucesor Clovis-Clodoveo (481-511). Las tempranas victorias conseguidas por Clodoveo sobre los poderes locales romanos existentes entre el Mosa y el Loira y su matrimonio con una princesa burgundia, Clotilde, acaban por asentar su supremacía sobre los restantes reyezuelos francos, que o desaparecieron o entraron en una posición de subordinación. La guerra y aplastante victoria alcanzada por Clodoveo sobre los alamanes (496?) y su bautismo católico por el obispo de Reims (498) convirtieron al nuevo soberano nacional franco en el poder político-militar mas importante de las Galias, que inevitablemente tenía que entrar en conflicto con los otros dos: las Monarquías visigoda y burgundia. La guerra civil estallada en el seno del segundo permitió a Clodoveo convertir a los burgundios en sus aliados (501), separándolos de los visigodos. Una inteligente propaganda romanófila y católica y los intereses de la aristocracia provincial de la región del Loira permitieron al merovingio emprender una exitosa guerra contra los visigodos de Tolosa (496-498 y 507). La aplastante victoria militar conseguida por Clodoveo en Vouillé, con la muerte del rey godo Alarico II, entregó casi todos los territorios galos del Reino de Tolosa en manos de Clodoveo y sus aliados burgundios. Si los visigodos no desaparecieron entonces de la Historia y pudieron conservar una franja de terreno en la costa mediterránea, la Septimania o Narbonense, eso seria gracias al apoyo militar de sus poderosos parientes los ostrogodos de Italia y de su rey, Teodorico el Grande, que quiso salvar la Monarquía visigoda para su nieto, el joven hijo de Alarico II, Amalarico. Poco tiempo después Clodoveo recibiría del emperador de Constantinopla las insignias consulares, auténtica legitimación con su catolicismo, de su soberanía sobre la colaboradora nobleza galorromana. A su muerte Clodoveo dejaba un enorme pero heterogéneo reino, que englobaba la muy romana Aquitania, pero también los territorios germánicos o germanizados que tensan al Rin por eje.
Según Gregorio de Tours, al morir Clodoveo dividió su reino entre sus cuatro hijos en cuatro partes iguales; partes del reino franco que además no constituían territorios continuos, sino que se entremezclaban unas con otras. Extraño procedimiento explicable porque cada parte incluía una porción del antiguo reino familiar anterior al 486, y otra de cada una de las anexiones conseguidas por Clodoveo con posterioridad. Poco tiempo después el mayor de los hijos de Clodoveo, Teuderico (511-533), completaba la expansión franca en las Galias con la conquista del Reino burgundio y la anexión de la Provenza ostrogoda. El hijo más importante de este último, Teudeberto I (533-548), extendió la hegemonía franca hacia el este, incluyendo bajo ésta a frisios, sajones y turingios; al tiempo que al dominar las regiones alpinas los Merovingios se hacían con una plataforma para influir en la política italiana. En estas circunstancias nada tiene de extraño que Teudeberto mostrase ciertas aspiraciones imperializantes, como serían sus acuñaciones de moneda de oro con su popio nombre.
Tras el fallecimiento de Teudeberto I, y del último hijo de Clodoveo, Clotario I (511-561), los Reinos francos entraron en una época de confusión de la que conocemos bastantes de sus aspectos más sangrientos y llamativos gracias a la pormenorizada narración de Gregorio de Tours. Pero, aunque este fue un contemporáneo de los hechos no cabe duda que su relato en absoluto es imparcial, habiendo contribuido bastante a la mala imagen de los soberanos merovingios en la Historiografía posterior. En todo caso no cabe duda que el periodo de guerras civiles que se abrió entonces entre los diversos Reinos merovingios -Neustria, Austrasfia y Burgundia (Borgoña)- se debió en buena parte a la imposibilidad de liberar el esfuerzo bélico hacia aventuras exteriores, consiguiendo nuevos territorios con los que beneficiar a una naciente y poderosa nobleza. Imposibilidad surgida de la existencia de vecinos poderosos, como fueron el Reino visigodo y los bizantinos y lombardos, y de la independencia conseguida por sajones y turingios. La guerra civil fue especialmente virulenta entre los cuatro hijos y herederos de Clotario hasta la muerte del más poderoso de ellos, Sigiberto (561-575). Aunque una situación de conflicto continuaría como consecuencia de encontrarse el Reino neustrio de Chilperico I (561-584) rodeado por las posesiones de los demás, y las mismas tendencias autonomistas existentes entere la nobleza de Austrasia y Borgoña, bien encarnadas en la reina regente, la princesa visigoda Brunequilda. Sólo sería tras la derrota y trágica muerte de ésta en el 613 cuando se conseguiría una estabilidad bajo el reinado unificador de Clotario II (584-629), el hijo de Chilperico.
Por desgracia, la historia merovingia del siglo VII nos es mucho peor conocida, pues difícilmente la "Crónica de Fredegario" y sus continuadores pueden suplir a Gregorio de Tours. Además, estas últimas, al igual que la mas abundante documentación hagiográfica, pecan de un cierto anacronismo, reflejando la situación de finales de la centuria cuando la familia de los Pipínido-arnulfinos consiguieron el predominio en Neustria. Porque, desde luego, el "lei motiv" de la historia merovingia del siglo VII sería el de la transferencia del poder de la dinastía merovingia a la de los Mayordomos de Palacio de Neustria, los posteriores carolingios. Transferencia de poder que se enmarca en un proceso de creciente fortaleza de la nobleza franca, de sus querellas faccionales y de debilidad del poder central.
El proceso de debilitamiento del poder central tradicionalmente se ha explicado como consecuencia de taras mentales hereditarias de algunos merovingios (Teudeberto II, Cariberto II y Clodoveo II) y de la abundancia de las minorías reales (Sigiberto III, Clodoveo II, Clotario III y Childerico II). Todo ello habría tenido como consecuencia la aparición de la figura clásica de los llamados reyes holgazanes, itinerantes entre sus residencias campestres y abandonando el ejercicio del poder a una camarilla nobiliaria abanderada por la figura del Mayordomo de Palacio. Sin embargo, el poder creciente de estos últimos y la escasez de conflictos internos podrían ser prueba de una cierta fortaleza del poder central, cuyos auténticos competidores habrían sido los particularismos representados por las noblezas regionales. En especial cada vez se hicieron manifiestos los deseos de constituir una entidad política independiente por parte de los territorios situados al sur del Loira, la vieja Aquitania, que continuaba siendo dominada por una nobleza esencialmente de origen tardorromamo.
Si este proceso de división territorial no llegó a cuajar del todo sería en gran parte debido a que con frecuencia los Reinos merovingios en el siglo VII estuvieron unificados bajo un solo rey: desde el 678 al 714, y ya antes con Dagoberto I (623-638). Sería la minoría surgida en Neustria con el fallecimiento de éste, sin duda el último gran rey merovingio, la que iniciaría el proceso de paulatina autonomía de los Mayordomos, al ser éstos nombrados por la nobleza regional y no por los reyes. Que un soberano enérgico como Childerico II (662-675) tratase de mandar y fuera asesinado es todo un testimonio del clima de la época. Para entonces la política de la hegemónica Neustria era dominada por el Mayordomo Ebroin. Hegemonía que sería rota en el 687 en la batalla de Tertry, en la que resultaron victoriosos los nobles neustrios aliados con los de Austrasia bajo el liderazgo del Mayordomo de esta última, Pipino II de Heristal. Con ello comenzaba la carrera de la casa de Heristal hacia el trono y la ascendencia de la más germánica y renana Austrasia sobre toda la Galia Franca.
La constitución del Reino de los Francos merovingios también seria responsable de la reorganización política del amplio espacio germánico entre el Rin, el Elba y el gran bosque de Bohemia. La invasión y conquista franca del Reino de los turingios en el 531 supuso importantes consecuencias para la región, desde el Harz-Ohre al Havel y hasta los Thuringerwald y Frankenwald. Pues el fracaso de la revuelta turingia del 556 entrañaría la muerte y emigración de los principales grupos dirigentes, creando un vacío entre el Elba y el Saale que seria ocupado por la marea eslava desde finales del siglo VI. La defensa de esta frontera oriental forzaría desde antes del 640 a la creación de un gran Ducado nacional turingio, aunque en principio bajo el liderazgo de un noble franco, Radulfo. Por su parte, la derrota de los alamames por Clodoveo les obligó a expansionarse hacia las tierras de la actual Suiza. Sometidos a la soberanía merovingia desde el 536, los alamames serían organizados también en un Ducado nacional, posiblemente confiado a miembros del antiguo linaje real de los alamanes. Más al este el siglo VI vería el complejo proceso de etnogénesis de los bávaros, a base de elementos populares muy diversos, que habitaban desde el siglo V a un lado y a otro de la antigua frontera romana de Retia y del Norico, actuando como núcleo aglutinador del Stamm las gentes de la Baia, a localizar posiblemente en la actual Bohemia. Desde el 555 los bávaros se ven sometidos a la soberanía merovingia, constituyéndose un Ducado nacional, confiado al linaje burgundio de los Agilolfingos. Sólo en el norte de Germania los sajones habrían sabido escapar a la dominación franca, aunque sometidos a mas de una expedición de castigo. Alejados de las costas del Mar del Norte por los daneses, los sajones habrían abandonado en el siglo VI sus tradiciones marineras, asentándose en la Sajonia histórica.

Imágenes

Batalla entre musulmanes y francos Broches en forma de águila Piezas de la espada de Childerico Caliz burgundio procedente del tesoro de Gourdon Tapa de portamonedas Corona de Teodolinda Corona de hierro