Programa constructivo y tipos de edificios

Palacio de los Chiloeches (Espinosa de los Monteros, Burgos). Fachada
Época: Renacimiento Español
Inicio: Año 1500
Fin: Año 1599

Antecedente:
Arquitectura burgalesa del siglo XVI

(C) Ismael Gutiérrez



Comentario

El programa constructivo destaca por su amplitud, dando la impresión de que responde a un plan elaborado con la finalidad de dotar de edificios adecuados a las diversas necesidades y servicios individuales y colectivas. En las construcciones destinadas a uso colectivo el inventario muestra una completa serie de edificios, algunos de ellos construidos con un criterio funcional de gran modernidad, como es el caso de la Alhóndiga -del año 1513 - que, además de ser el primer edificio en que se emplean las formas renacentistas, se levantó para cubrir las necesidades de abastecimiento de cereales de los habitantes de Burgos y alrededores, y que demostró su utilidad en años de malas cosechas y situaciones catastróficas, como fueron las distintas epidemias de peste que asolaron la ciudad.
Al mismo criterio moderno de garantizar el abastecimiento responde una serie de construcciones, no conservadas, como las Pescaderías, las Carnicerías o las casa de la Cerería o del Carbón. El programa se completaba con construcciones destinadas a la enseñanza -el Colegio de San Nicolás, que sigue cumpliendo la misma función, y el de San Ildefonso -, administración de Justicia y custodia de presos -la Audiencia y Cárcel, edificio desaparecido que se levantaba en la actual Plaza Mayor- y los servicios asistenciales, que se atendían a través de los numerosos hospitales existentes, algunos de los cuales se construyeron en el siglo XVI, felizmente conservados.
No obstante, con ser importante lo anterior, el aspecto más interesante, en general poco o inadecuadamente valorado, de estas edificaciones de la arquitectura burgalesa del siglo XVI es la indudable originalidad que manifiestan. Hasta el punto de que algunas de ellas pueden ser juzgadas como verdaderos hallazgos cuando se considera el concepto del espacio, la planta o el alzado, entre otros aspectos. Destaca aún más su interés por cuanto al construirlos así no se buscó conseguir unos especiales efectos estéticos o simbólicos en detrimento de su funcionalidad, sino que se actuó partiendo de un concepto totalmente opuesto.
En estas construcciones se pretendió, ante todo, conseguir una más perfecta adaptación de la arquitectura a su función, y como resultado de tal búsqueda, al mismo tiempo, se lograron edificios de gran originalidad, en los que se fundieron la utilidad y una particular belleza, que hizo se convirtieran en prototipos e inspiradores de construcciones semejantes. Ello explica que varios de estos modelos llegaran a alcanzar una gran difusión, en algunos casos al amparo y servicio de los inspiradores y mecenas que, como sucedió con la poderosa familia de los Condestables de Castilla, convirtieron una de estas construcciones -la capilla del Condestable en la catedral de Burgos - en una especie de emblema arquitectónico del linaje.
Consideramos como verdaderos modelos tres tipos de edificios: el hospital de enfermerías de planta basilical, las capillas funerarias de ámbito único y el palacio o casa señorial de fachada posterior de tres lados, a modo de loggia o patio porticado abierto a un jardín. Son los tres tipos de edificios que, en mayor o menor medida, centran la actividad constructiva burgalesa del siglo XVI tanto en la arquitectura civil como en la religiosa.
La clasificación anterior debe completarse con otros tipos de edificios de variadas funciones. Pero se trata de construcciones que, a pesar de su indudable interés formal y funcional, sus propias características los convierten en brillantes e irrepetibles excepciones, no sólo en el seno de la historia de la arquitectura burgalesa, sino de la nacional y, sin exageración alguna, de la mundial; tales son los casos del Cimborrio y la Escalera Dorada, en la catedral.
Y, aunque en un tono muy inferior, destacan igualmente, también con un carácter y función realmente desacostumbrados en la arquitectura española del momento, las construcciones conmemorativas erigidas para recordar y ensalzar a los personajes ligados a la historia de Castilla y de la ciudad, que es el motivo que presidió la construcción del Arco de Fernán González, obra de Juan Ortega de Castañeda, que trabajaba en él en el año 1587 y, junto a otras razones más del momento, la de la fachada de la Puerta de Santa María.
Muy diferente a los anteriores por su forma, pero en la misma línea de excepcionalidad en cuanto a su función, es el edificio que se construyó en Covarrubias para archivo del Adelantamiento de Castilla, por orden de Felipe II. El proyecto de este edificio se atribuye a Juan de Herrera, con la intervención de Juan de Vallejo en la construcción; dato éste no muy acorde con la realidad histórica por cuanto Juan de Vallejo difícilmente pudo intervenir por la inadecuación existente entre la fecha de su muerte -año 1568- y la de construcción del edificio, fijada en el año 1575. Al margen de las consideraciones señaladas, el archivo del Adelantamiento de Castilla, que forma la entrada principal al monumental conjunto de Covarrubias, muestra los caracteres propios de la arquitectura burgalesa del último del siglo XVI en su decoración, en contraste con los robustos estribos que recuerdan tiempos anteriores, con el resultado de un conjunto más burgalés que herreriano.

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