Pedro López de Gámiz y el problemático retablo de Briviesca

Iglesia de Santa María (Salvatierra, Alava). Retablo Mayor. Santos
Época: Renacimiento Español
Inicio: Año 1550
Fin: Año 1559

Antecedente:
Becerra, Anchieta y la escultura romanista

(C) José Javier Vélez Chaurri



Comentario

Una sola obra, el retablo mayor de Santa Clara de Briviesca, hubiera bastado por su trascendencia en la difusión del Romanismo, para considerar a su autor, Pedro López de Gámiz, como una de las cumbres de la escultura española. Pese a las reticencias que siempre han acompañado a su personalidad artística, hoy a la vista de nuevos documentos y al estudio más preciso de su obra, no se puede seguir dudando de la categoría de Pedro López de Gámiz (1527-1588). Aprendería el oficio en Burgos, donde residía desde niño, junto a su cuñado Juan de Carranza, en esos años centrales del siglo dominados por el eclecticismo de los Amberes o Simón de Bueras. Sus primeras intervenciones le sitúan junto a Carranza en Bardauri (1553), a Pedro de la Estrada en Villalba de Losa y realizando algunos remates en el retablo de Santa Gadea del Cid (1554). A su llegada a Miranda de Ebro en 1549, el joven Gámiz no es sino uno más de una legión de escultores y su asentamiento en la villa está en relación con su matrimonio y trabajos secundarios.
Problemas con el concejo mirandés le obligan a viajar a Valladolid y Madrid en estancias cortas, pero llama la atención que en toda su biografía sólo en una ocasión a partir de 1549 desconozcamos noticias suyas durante dos años seguidos: 1558 y 1559. ¿Está en Astorga?, no se puede desechar la hipótesis, pues en 1561 su estilo se ha transformado y así lo manifiestan los parroquianos de Bardauri cuando le renuevan el contrato: "el retablo va mejor como ba agora, constando da mejoría pues si se hiziese conforme a la traça (la de 1553) reçibiría daño la dicha iglesia". Sólo al amparo de una fuerte influencia se pueden comprender los esquemas ya romanistas de San Lucas, San Mateo y San Andrés. También ese mismo año contrata el de San Martín de Estavillo (1561), retablo clasicista con tallas como la Asunción, relacionada con la de Astorga. Su actividad se incrementa y en 1564 realiza el de Vallarta (Burgos) con esquemas propios del Romanismo en los relieves de la Piedad o el Entierro y la singular imagen de san Miguel alanceando al dragón. Esta obra, que consideramos clave, el desaparecido retablo de San Pedro de Valluércanes (1565, existen La Virgen con el Niño y san Juanito y La Asunción), las tasaciones de los retablos de Aldeanueva de Ebro (1565) y Piedramillera (1565, junto a Juan de Villareal, veedor del obispado de Pamplona), y la conclusión del retablo de Estavillo para 1566, no permiten albergar dudas sobre la capacidad de Gámiz para hacerse cargo del retablo de Santa Clara de Briviesca.
Independientemente de su colaboración en los inicios del monumental retablo, que nos atrevemos a negar, la obra pertenece a López de Gámiz. Noticias inéditas ayudan a comprender el proceso de construcción del retablo que había mandado hacer doña Mencía de Velasco. En 1551 se hizo un primer contrato con Diego Guillén conforme a cierta traba que dio pintada en un papel, pero muere sin concluirlo. El 2 de marzo de 1566 Gámiz se hace cargo de la obra firmando el contrato con el Condestable y once días después otorgaba las fianzas. En 1570 se concluía y al año siguiente comenzaron las sucesivas tasaciones, iniciadas por Juni, y el famoso pleito. Al escultor mirandés se le demandaba no haber seguido la traza de Guillén y hacer el retablo conforme a su voluntad. Conocemos que los re presentantes del Condestable se quejaban del elevado precio, de que no había seguido la traza de Guillén y de las cosas impertinentes, costosas y en lugares escondidos donde no es posible verse que había realizado. La defensa del escultor se basa en haber anticipado que el coste ascendería a doce mil ducados y en su exclusiva obligación de seguir la planta y no la traza; la Chancillería de Valladolid falló a su favor.
Ya nos hemos referido a esta obra, ordenada pese a su aparente confusión, a las columnas con follamen y al programa mariano y hagiográfico. Destaca la calle central con el árbol de Jessé, María con el Niño y san Juanito, la Asunción deudora de Astorga y el majestuoso Cristo que la corona. La difusión de los tipos y esquemas del retablo de Briviesca ha de ponerse en relación con los colaboradores de Gámiz, entre los que se ha señalado a Juan de Anchieta, Pedro de Arbulo, Juan Fernández de Vallejo y Martín Ruiz de Zubiate, introductores en el País Vasco, Navarra y La Rioja de los nuevos modelos. La relación con alguno de ellos es evidente, Arbulo y Vallejo tasan su obra de Bardauri (1574), Gámiz hace lo propio con el retablo de Lagunilla de Vallejo y juntos salen fiadores de Diego de Marquina en Pangua. Al tasar el retablo de Valtierra (1580) coincidirá con el otro genio del romanismo, Juan de Anchieta.
De su producción posterior en Vileña (h. 1566), Briviesca (h. 1567-70), Zambrana e Ircio (1575), Ezcaray (1581) y Valluércanes (1584), destaca el retablo de La Asunción de Vileña por la imagen de la titular, la Piedad del ático y sus decoradas columnas, en gran paralelismo estructural con el de San Vítores de Valluércanes; en Ircio sobresale la Piedad del sagrario. El impresionante retablo de Santa Casilda en Santa María de Briviesca no tiene parangón, la planta mixtilínea, el templete del ático, el repertorio serliano en estructura y ornamento (escudetes, cartelas correiformes y encadenados) y un completísimo programa iconográfico, sólo se justifican por el mecenazgo del obispo de Segorbe, Juan de Muñatones (activo en Trento) y la posesión del tratado de Serlio. Recientemente se ha señalado un grabado de Cherubino Alberti como su modelo, aunque más bien creemos que ambos tienen una fuente común. El taller de Miranda tuvo continuidad con Diego de Marquina y con el aprendiz de Gámiz, Francisco Rubalcaba. El Romanismo de la zona burgalesa está en relación con el retablo de Santa Clara, las intervenciones de Anchieta en la catedral y Las Huelgas, la temprana presencia de Rodrigo y Martín de la Haya y la adhesión al estilo de escultores como el cántabro García de Arredondo y el vizcaíno Martín Ruiz de Zubiate.

Imágenes