Un nuevo marco. Traza y decoración en el retablo romanista

Iglesia de Santa Engracia (Zaragoza). Portada
Época: Renacimiento Español
Inicio: Año 1550
Fin: Año 1599

Antecedente:
Becerra, Anchieta y la escultura romanista

(C) José Javier Vélez Chaurri



Comentario

La nueva imagen se sigue ofreciendo en su marco tradicional, el retablo, pero transformado y diferente en su traza y repertorio decorativo. Este mueble litúrgico se había convertido en la herramienta principal para el adoctrinamiento de los fieles, pero era lógico que al compás de las nuevas ideas, el retablo abigarrado y repleto de motivos decorativos del Primer Renacimiento no fuera ya válido. Se buscaba ahora una mayor claridad estructural y limpieza decorativa que diera más importancia a imágenes y relieves, dotadas para ello de mayor monumentalidad. El proceso que tiene el punto culminante en el retablo de Astorga presenta algún precedente en obras como el retablo de La Antigua de Valladolid (1545). En el pleito que conllevó, la traza presentada por Giralte fue definida por algunos testigos como "obra muy menuda y muy ofuscada" o "asno cargado de oro que no tenía ni arte ni proporción". Las ideas de claridad, simplificación y orden serán repetidas en los condicionados de muchos contratos. "Que no se haga talla, decía Becerra para el ático de Astorga, pues causaría muy gran confusión".
Las arquitecturas de los retablos también tienen sus modelos en la obra práctica y teórica de afamados artistas italianos como Miguel Angel, Jacopo Sansovino, Serlio, Vignola y Palladio. Con ellos los retablistas locales lograron la claridad estructural, a través del ordenamiento clásico y la superposición de órdenes, y limpieza decorativa. El esquema seguido en España es el del retablo de Astorga, pero también debemos tener en cuenta los tratados arquitectónicos muy tempranamente en poder de algún escultor, a veces incluso en ediciones originales traducidas con el vocabulario en español e italiano de Cristóbal de las Casas que, entre otros, tenía Celma. La obra de Serlio estuvo en manos de algunas dignidades eclesiásticas como el obispo de Calahorra Bernal Díaz de Luco (1566), y escultores como López de Gámiz (muerto en 1588). Aparecen además Vignola, Vitrubio y más excepcionalmente Alberti y Palladio junto a estampas y papeles de traza.
Los escultores romanistas hicieron de su mano trazas de retablos, como la de las Descalzas de Becerra, y pronto se dieron cuenta de los cambios. Así lo refleja la opinión de Fernández de Vallejo en 1578 sobre la traza presentada para el retablo de la colegiata de San Pedro de Soria: "me parece es con verdadera arte... que los demás (otros escultores) carecen de la noticia que se tiene de qué cosa es arte y el que la tomare se obligue a que a las plantas y monteas de toda la obra los saque el dicho Pedro Ruiz de Valpuesta, porque sus conceptos, atento que la traza es superficie en la profundidad del cuerpo, ninguno lo podrá comprender también como aquél de cuya imaginativa tuvieran principio".
Es aceptado unánimemente que el retablo de Astorga (1558-62) es el iniciador de un nuevo estilo donde las referencias al palacio Farnesio, la basílica de San Pedro, y principalmente la Capilla Médicis y la Biblioteca Laurenciana se acentúan. En el conjunto queda subrayada la inversión arquitectónica manierista, destacando las portadillas individualizadas. La ausencia total de arcos, el adintelamiento generalizado, los frontones curvos y triangulares, algunos con ignudi recostados, las cajas planas de los relieves y la utilización de los órdenes clásicos son elementos que definen el nuevo modelo de retablo. Señalar que también la limpieza decorativa va a ser patrimonio del retablo romanista sería excesivo a la vista del primer cuerpo de Astorga; sin embargo existe una explicación para esos frisos y columnas revestidas de talla, a los que nos referimos, y que debemos buscar en el interés de los comitentes de dar sensación de riqueza y no romper con la tradición. A pesar de ello, Becerra colocó talla hordenada en el segundo cuerpo y la suprime en el tercero porque causaría muy gran confusión.
La otra gran máquina del Romanismo, el retablo del convento de Santa Clara de Briviesca, debe considerarse deudor del de Astorga pues el contrato entre Gámiz y el Condestable se firmó el 2 de marzo de 1566 y además la traza seguida no fue la inicialmente presentada por Diego Guillén en 1551. Estas afirmaciones, basadas en un documento inédito, avalan al mirandés, independientemente de que la traza seguida saliera de sus manos; no olvidemos que trazó otras obras y tuvo en su biblioteca el tratado de Serlio. El aparente abigarramiento decorativo no puede ocultar su dependencia del manierismo académico y su deuda con Becerra lo demuestran la clara ordenación, el dominio del dintel, la sucesión de órdenes y la presencia de frontones. La talla que recubre frisos y fustes de columnas y, principalmente, las innumerables escenas, a veces de ínfimo tamaño, esparcidas por bancos, netos y frisos, contribuyen a cierto confusionismo estructural.
Los grandes retablos de Astorga y Briviesca marcaron la pauta seguida por la retablística romanista hacia 1600 aproximadamente e incluso más en algunas zonas, al fundirse con la traza del retablo escurialense y dar un conjunto híbrido que se desarrolla durante el primer tercio del XVII. La planta en artesa, la búsqueda de cierta verticalidad en la calle central y cuatro cuerpos como media caracterizan conjuntos como los de Medina de Rioseco, Arcos de la Frontera o Tafalla, verdaderos retablos fachada que tratan cada una de sus unidades independientemente. Una modificación significativa respecto a Astorga, la introducción de la serliana, sucesión de arco-dintel que permite destacar la calle central mediante un arco de medio punto, la encontramos en Zumaya o Lanciego.
Las columnas clásicas, junto a estípites rematados en modillones-triglifos (Alaejos, Sotes), sustituirán a la columna abalaustrada, pero será la de fuste estriado la característica del momento. A pesar de ello Becerra, Gámiz o Anchieta seguirán utilizando la de tercio inferior tallado. Puede parecer sorprendente que se siga utilizando con cierta profusión la columna con el fuste revestido de talla que ya vimos en el retablo de Astorga, pero los clientes lo demandaban. Es ilustrativa la obligación impuesta a Juan de Anchieta de sustituir los órdenes clásicos por fustes decorados en el retablo de Asteasu. Obras como el retablo de Arbulo en Briones, los de Gámiz en Briviesca, el mayor de la catedral de Burgos, Tafalla o Durango muestran el éxito de este soporte. El retablo escurialense, difundido a través de los grabados de Perret, fue seguido en obras tan tempranas como el de la colegiata de Villagarcía de Campos (1579), trazado por el propio Herrera y, como hemos señalado, al principio convivió y después sustituyó al romanista a pesar de cobijar esculturas del estilo.
La severidad de los retablos romanistas quedó paliada en parte por un repertorio decorativo a base de triglifos, metopas, cartelas correiformes, bucráneos, atlantes, niños recostados, escudetes y festones. Las imposiciones trentinas hicieron desaparecer los repertorios a la romana repletos de grutescos para dar paso a otros de carácter naturalista, como niños, aves y vegetales. Mención aparte merece la decoración que cubre las columnas de los retablos de Astorga o Briviesca calificada en ocasiones de grutescos. Hubiera sido sorprendente que Becerra o Gámiz no hubiesen seguido la ortodoxia cuando el mismo escultor bacetano al referirse a su obra leonesa señalaba: "esto me parece que conviene (ángeles) por remate, e no máscara y bestiones que es cosa reprobable". ¿Cuál es, pues, el motivo utilizado? El mismo escultor nos lo dice en el condicionado de su retablo: "el follamen, columnas revestidas de follamen o follamen de talla lo llama Becerra". Lejos de tratarse de motivos a la romana nos encontramos con un nuevo repertorio al natural con elementos vegetales que se entrecruzan dejando huecos para muchachos desnudos, orlas o cálices florales. No se pierde la profusión ornamental ni el ritmo compositivo del grutesco, pero el repertorio del Primer Renacimiento da paso a un nuevo modelo ornamental: el rameado.
Un elemento que ahora cobra gran protagonismo ante la afirmación trentina de la Eucaristía es el Sagrario. Los antiguos cimborrios góticos dieron paso a potentes templetes con expositor. Ya desde Astorga este elemento se considera independiente en sí mismo, cosa apartada y por instancia de los visitadores es lo primero que se realiza y policroma. La variedad tipológica existente podemos simplificarla en dos grupos diferentes, los templetes poligonales muy cerrados y rematados en cúpula que evocan la de La Roca, como los de Briviesca, Caseda o San Salvador del Nido (Museo Diocesano de León) y las arquetas eucarísticas culminadas por estructuras circulares abiertas, a la, manera de las custodias procesionales con expositor como los de Astorga, Alaejos u Ozana.

Imágenes

Iglesia de Santa Engracia (Zaragoza). Fachada