Plateresco meridional

Catedral de Granada. Exterior de la Capilla Real
Época: Renacimiento Español
Inicio: Año 1500
Fin: Año 1550

Antecedente:
Las escuelas regionales: zona central

(C) Virginia Soto Caba



Comentario

La temprana presencia de artistas italianos en Granada y Murcia y la llegada de los grandes arquitectos castellanos, Diego de Silóe (1526) y Pedro Machuca (1527), formados en Italia, señala en Andalucía la pronta apertura de una nítida vía clasicista a la que no tardaron en sumarse maestros locales, como Vandelvira en Jaén, o Hernán Ruiz el Joven en Andalucía occidental. El capítulo plateresco tiene aquí pues breve existencia, persistiendo algún tiempo como expresión marginal. Es claro, sin embargo, que hasta mediados de los años cuarenta no culmina el burgalés la cabecera del convento jerónimo granadino, convertida en triunfal capilla funeraria del Gran Capitán, y que el radical giro clasicista que imprimió desde 1529 a la catedral no se puso plenamente de manifiesto hasta finales de los treinta.
Las primeras creaciones platerescas granadinas surgen en la esfera de Enrique de Egas, y aún en obras suyas, pero no por propia creación. Así ocurre en la Lonja (desde 1518), que erigió estorbando la ya angosta Capilla Real, cuya fachada integra en su adornada arquería gótica una portada de no menos decorativas formas renacientes que es obra de García de Praves. En esta misma línea están las cuatro ventanas frontales del Hospital Real, que iniciara el toledano, asignables en parte al mismo García de Praves, aunque las más expresivas han de ser de Juan de Marquina, autor por otro lado de las portadas de la Universidad (curia), de San Andrés y San Cecilio, y del Colegio de las Niñas Nobles. De factura ya postsiloesca es la fachada de la Casa Castril, obra asignada a Sebastián de Alcántara, marcada por un fuerte sentido acumulativo y ornamental, en el que se han visto influencias puntuales de Covarrubias.
La llegada de las formas platerescas a Sevilla va unida a la del trasmerano Diego de Riaño, cuya labor parece fluctuar entre obras del más absoluto goticismo, en buena parte heredadas, y creaciones de marcada impronta italianizante cuya erección final escaparía a su competencia, por lo breve de su actividad. Comenzadas en 1526 y sembradas de adiciones y reformas que desvirtúan su aspecto original, las Casas Consistoriales de Sevilla son el primer edificio hispalense que muestra una imagen decididamente renacentista, merced a la articulación apilastrada de su fachada, en la que fluyen con contención las formas ornamentales, integrando medallones de Hércules y Hebe, de Carlos I e Isabel de Portugal, o de Julio César, de Marte y de Minerva, junto a motivos alegóricos, en exaltación de la ciudad y del emperador, al tiempo que en las puertas del Apeadero y en la Sala Capitular otros elementos iconográficos muestran el edificio del Ayuntamiento como Templo de la Justicia. La labor de Riaño, que dio la traza original, quedó ceñida a lo que hoy son las dos áreas góticas del edificio, y es difícil determinar hasta qué punto Juan Sánchez fue fiel a sus diseños. La sacristía de la catedral, otra de las grandes obras del trasmerano, mantiene el mismo sentido ornamentista, pero responde ya por entero a planteamientos espaciales, estructurales y formales que enlazan con el arte de Silóe. Pero es el vizcaíno Martín de Gaínza, colaborador y continuador de Riaño en las obras catedralicias, quien todavía a mediados de siglo dota a la capilla de los Reyes de una pintoresca y algo rancia definición ornamental, con gigantescos balaustres aplanados, arcosolios murales de afiligranado enmarcamiento, honacinas-tabernáculo dobles y arracimada ordenación de imágenes en la venera de su exedra. Obras de más explícita dimensión plateresca hay no obstante en Ecija (casa de los marqueses de Cárdenas), en Constantina (iglesia), en Jerez de la Frontera o en Córdoba, amén de la hibridación estilística que refleja Hernán Ruiz el Viejo en la catedral cordobesa.
Pero es en tierras jiennenses donde por influencia castellana parece haber gozado de una mayor y temprana aceptación este aderezo formal, y será Andrés de Vandelvira, activo inicialmente en el monasterio de Uclés -otra de las grandes obras de fuerte carácter plateresco- quien introduzca el definitivo giro clasicista tras su contacto con Silóe en El Salvador de Ubeda y un mayor estudio de los principios de la arquitectura clásica. En Ubeda, encontramos precisamente un importante foco plateresco en torno a la figura de Diego de Alcaraz (portada de Santo Domingo), que tiene su mejor expresión en la acumulativa y semicolgada portada de la Casa de las Torres o de los Dávalos, con remate goticista (cornisa con gárgolas y crestería), plana y envolvente decoración vegetal, y motivos simbólicos (cabezas, veneras, escudos con salvajes, efigies en láureas). Este mismo espíritu decorativista está presente en la iglesia de Alcaudete y en San Andrés de Baeza -no tanto en la interesante Casa del Pópulo- y aún en la fachada del Ayuntamiento-cárcel de esta localidad (1559), que ciñe sus vandelvirianos vanos con pilastras, frisos y arcos de minuciosa labra, y desarrolla una cornisa de imaginativos y variados canecillos.

Imágenes

Palacio de los Condes de Argillo (Zaragoza). Fachada