Retablo de la Santa Cruz

Retablo de Santa Cruz. Llanto sobre Cristo muerto
Época:
Inicio: Año 1400
Fin: Año 1500

Antecedente:
Retablos flamencos en España

(C) María Jesús Gómez Bárcena



Comentario

En Burgos destaca, por su tipología, iconografía y calidad estilística, el retablo conservado en la iglesia de San Lesmes. Es una obra relacionada con la iniciativa de los García de Salamanca, familia de ricos comerciantes que mantenían contactos con los antiguos Países Bajos. Una de las aspiraciones de estas familias, pertenecientes a la alta burguesía de las ciudades durante los siglos XV y XVI era la de tener una capilla funeraria propia, con lo que se equiparaban a la vieja nobleza y al alto clero, grupos sociales que venían disfrutando de este privilegio desde tiempos atrás. A la vez, con esta decisión, ponían de manifiesto sus aficiones y sensibilidad artística, pues su fundación privada, generalmente en la iglesia parroquial, era enriquecida con diversas obras de arte entre las que sobresalía el retablo.
Este ejemplo, conservado en la capilla de los García de Salamanca, presenta una tipología que refleja fórmulas propias de los retablos castellanos, pues está empotrado en el muro, rodeado de un arco de piedra de medio punto profusamente decorado, aspecto que nunca se encuentra en los ejemplos flamencos, los cuales se caracterizan por ser exentos. El retablo, de madera policromada, totalmente esculpido, ofrece una clara organización con una parte baja -banco o predela- presidida por la escena del Llanto sobre Cristo muerto que queda flanqueada, en las calles laterales, por las representaciones de los donantes, arrodillados en actitud de oración y acompañados por sus correspondientes patronos. Esta fórmula que, ya aparece en varios retablos burgaleses desde finales del siglo XV (como en los retablos del Árbol de Jesé o del obispo Acuña, en la catedral, y de la cartuja de Miraflores, ambos obras de Gil de Silóe, y en la iglesia de San Nicolás, relacionado con la actividad de los Colonia), diferencia al retablo de San Lesmes de otros ejemplos flamencos, donde los donantes son incorporados a una escena religiosa, pero no aparecen en compartimentos aislados.
La parte superior y principal del retablo está ocupada, en la calle central, por una espectacular y teatral composición que representa a Cristo con la cruz a cuestas, ayudado por el Cirineo y detenido ante la Verónica. Es la escena que da nombre al retablo de la Santa Cruz y responde a una de las advocaciones de la capilla, denominada de la Santa Cruz, del Salvador y de San Andrés. El citado tema ha sido resaltado sin duda por indicación expresa del donante. Este pasaje de la pasión no suele faltar en los retablos dedicados a este ciclo, pero lo que en dichas ocasiones es un tema más del mismo, en el retablo de los García de Salamanca lo preside aisladamente.
Completa la iconografía del retablo la representación de una selección de santos: san Pedro, san Juan Evangelista, santa Catalina, santos de culto universal, y san Julián el Hospitalario, de culto más localizado y restringido y de curiosa iconografía. La zona superior central está presidida por san Miguel, de quien no podemos olvidar su relación con el mundo de lo funerario y, en este caso concreto, su posible dependencia del ejemplo similar localizado esta vez bajo el conopio terminal, en el sepulcro del infante don Alfonso, en la cartuja de Miraflores. En las entrecalles, y en un tamaño menor, se conserva parte de un apostolado.
El retablo de la iglesia de San Lesmes se ha considerado siempre como obra flamenca y se incluye en el capítulo de los retablos importados pues, aunque, como hemos precisado, se relaciona por su estructura con los modelos castellanos, las piezas esculpidas que lo componen -al menos las dos principales en el espacio central- proceden de los talleres de Amberes. Conserva las manos, marca de dicha ciudad, grabadas sobre la superficie donde se sitúan los protagonistas de la escena.
Es un ejemplo excepcional también por el tamaño de sus esculturas, por ser imágenes exentas y por la alta calidad de su estilo, que supera la media de la mayoría de los retablos importados y conservados. Un estilo más elaborado suele caracterizar a los retablos que son obra de encargo de un comitente, con indicaciones y exigencias precisas. Llama la atención por lo tanto entre las otras obras hechas no por encargo expreso y que suelen ser el resultado de un trabajo industrializado y por ello menos cuidado, pensado para su exposición y venta en las ferias.

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