El País Vasco y La Rioja

Cripta de Sos del Rey Católico. Pinturas de la capilla central
Época: Arte Español Medieval
Inicio: Año 1200
Fin: Año 1250

Antecedente:
Los inicios de pintura protogótica

(C) Joan Sureda



Comentario

Como en otras localizaciones geográficas, el arte protogótico del País Vasco y de La Rioja debió de ser mucho más rico del que en la actualidad se puede contemplar. Ello es predecible atendiendo a las escasas pero importantes muestras que han perdurado hasta la actualidad.
Los restos murales en este caso son seguramente menos representativos que el de las piezas sobre tabla. Aun y con ello, se tienen noticias y en ocasiones documentación gráfica de pinturas murales destruidas, como la de la iglesia de Nuestra Señora de Urrialde (Martioda), y en los últimos años se han recuperado conjuntos de diverso interés. Siendo de escasa raigambre los restos pictóricos de algunas ermitas rurales de la zona de Valdegovía, como los de la iglesia de San Martín de Avendeño, son sin duda notables los conjuntos hallados en la Llanada Oriental de Alava: Gaceo y Alaiza.
Los murales que cubren el presbiterio de Gaceo, a pesar de su curiosa iconografía, presidida en la cuenca absidial por la imagen trinitaria, pueden considerarse del ámbito protogótico y relacionados seguramente con conjuntos de Navarra y su cronología debe ser tardía, más de lo que comúnmente se ha apuntado.
Por el contrario, las pinturas de la parroquial de la Alaiza son por completo extrañas en el contexto formal e incluso iconográfico del protogótico. Si su iconografía se ha intentado explicar considerándolas como decoración de un oratorio militar de los templarios, su formalización, cuya mejor definición sería la de un esquematismo prehelénico, en modo alguno tiene nada que ver con la pintura propia del siglo XIV, fecha que hay que aceptar por la epigrafía. Sólo encontraría significación si la relacionásemos con otros conjuntos hispánicos tampoco explicados satisfactoriamente hasta ahora, como podrían ser los catalanes de la iglesia del castillo de Marmellar y los sorianos de la ermita del cementerio de Castillejo de Robledo.
El resultado sería la definición de un modo estilístico de reduccionismo figurativo que variará en casi tres siglos la cronología habitualmente aceptada para las decoraciones, entre otras más dudosas de integrarse en el mismo, de Marmellar y Castillejo de Robledo.
Ni los murales de Gaceo, y menos los de Alaiza, pertenecen al mismo clima pictórico que las realizaciones alavesas de pintura sobre tabla. Entre ellas, dos merecen ser mencionadas con relevancia: el tríptico procedente de la iglesia parroquial de Añastro, expuesto en el Metropolitan Museum de Nueva York (The Cloisters) y en otras colecciones y aún más el conjunto (frontal y retablo) procedente de Quejana (Art Institute de Chicago). Ambas son de gran calidad artística, si bien el primero, que guarda una estrecha relación con el retablo de localización riojana centrado por la monumental figura de San Cristóbal (Museo del Prado), cede ante la deslumbrante delicadeza del segundo. Procedente éste de la capilla de la parroquial de Quejana erigida por el Canciller Pero López de Ayala (1396), representa una cumbre del protogótico mobiliar hispánico, cumbre en la que se resumen, a pesar de su tardía cronología, con toda plenitud, los principios formales del mismo, desde la delicadeza de las figuraciones hasta la gran capacidad compositiva.
Esa persistencia a lo largo de siglos de una manera estilística da buena cuenta de lo arraigado de la misma, seguramente la que más en la evolución de nuestra pintura medieval.

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