Los inicios de pintura protogótica

Frontal de Arteta (Navarra)
Época: Arte Español Medieval
Inicio: Año 1200
Fin: Año 1250

Antecedente:
La pintura protogótica
Siguientes:
Castilla y León
Aragón
Navarra
El País Vasco y La Rioja
Cataluña y las islas Baleares

(C) Joan Sureda



Comentario

No es preciso apuntar que un nuevo estilo o una secuencia estilística es fruto tanto de una evolución formal como iconográfica; el estilo es una concepción del mundo, forma parte de la misma y tanto la refleja como la genera. Por tanto la pintura protogótica no se puede definir ni por una influencia, la francesa (francogótica), ni por un rasgo formal, lo lineal (gótico lineal); es mucho más completa que todo esto, es manifestación de un cambio de mentalidad, de una determinada manera de acercarse a la realidad, de entender lo divino y lo trascendente, de manifestar las relaciones de poder, de considerar el espacio, de concebir las formas, etc.
Por ello se hace difícil señalar inicios, aunque se puede hacer si se tiene siempre en cuenta que estos hitos del inicio o fin de un proceso siempre son ejemplos de este proceso, pero no del proceso en sí. En este sentido, las pinturas murales de la capilla de San Martín o del Aceite de la catedral de Salamanca, realizadas en 1262 por Antón Sánchez de Segovia, ya nos muestran un concepto pictórico que no guarda relación alguna con el románico; es el primer conjunto que podemos considerar protogótico.
Pero al mismo tiempo esa precocidad, sin referencias anteriores en el mundo castellano leonés, ni siquiera con claridad en otras latitudes peninsulares, es lo que puede dudar de la datación e incluso del autor de las mismas, tema éste que aún precisa de un detenido estudio y que por tanto aceptamos según el criterio tradicional.
Fue Gómez Moreno (Catálogo Monumental de la Provincia de Salamanca) el que resaltó el valor de tales pinturas: dentro de lo que era la pintura decorativa en los siglos medios, esta obra representa un punto culminante del arte gótico, a enorme distancia de lo románico del panteón de San Isidoro, y muy por encima, en técnica, fuerza y carácter y de lo que nos dejó el siglo XIV.
Gómez Moreno estaba en lo cierto, si bien no hay que olvidar que las pinturas de Salamanca, que cubren parte de un muro a la manera que lo haría un retablo gótico, no presentan aún un cambio sustancial respecto a la producción pictórica anterior en lo relativo a la temática. Al respecto, hay que esperar a los murales señoriales de la Barcelona de finales del siglo XIII para evidenciar que la pintura ya estaba sirviendo a un nuevo orden social.
En el románico, la clientela de los pintores, fuese la que fuese, encargaba por lo común a éstos figuraciones de carácter religioso. Lo profano existe en el mundo románico pero no es habitual y es menos frecuente. En la secuencia protogótica aparece una pintura de iconografía profana que tiene unos fines muy distintos a los religiosos: la exaltación del poder real, la loa de las campañas militares del mismo y aun el manifestar la pujanza de la aristocracia señorial.
La pintura, como también la literatura de aquellos instantes, deja de ser espejo y camino de la belleza de lo divino para ser espejo y camino de las debilidades de lo humano. Conjuntos murales como el del Palacio Real Mayor y el del Palacio Aguilar (en la actualidad Museo Picasso) de Barcelona, nos señalan cómo los pintores se volvieron juglares al plasmar, en los muros de estancias de reyes y señores, las gestas de unos y otros, como lo fue la conquista de Mallorca a los sarracenos.
Salamanca y Barcelona son pues, hoy por hoy, los hitos geográficos que nos señalan el inicio de lo protogótico, inicio que se genera en el último tercio del siglo XIII.

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