La Mezquita de Córdoba

Mezquita de Córdoba. Sala de oración


Comentario

El estudio más extenso que existe sobre la catedral, que llamamos mezquita, de Córdoba se publicó en 1957 (cfr. L. Torres Balbás, "Arte hispano-musulmán hasta la caída del califato de Córdoba", en el tomo V de la "Historia de España" dirigida por Ramón Menéndez Pidal, que citaré por la edición de 1965); su análisis lo repartió don Leopoldo en varios capítulos cronológicos cuya extensión sobrepasa las ciento cincuenta páginas, sazonadas con abundantes ilustraciones y documentadas notas; es fácil sospechar que este texto no puede hacerle la competencia, y lo mismo nos ocurre frente a la hermosa edición del copioso repertorio gráfico del edificio, publicado por M. Nieto y C. Luca de Tena ("La mezquita de Córdoba: planos y dibujos", Córdoba, 1992), cuyos 397 gráficos no admiten parangón.
Es evidente, sin embargo, que la lectura de estas dos obras, tan extensas como documentadas, o la de otras especializadas dejan al lector hispano medio, que ni es arabista ni arqueólogo ni musulmán, muy desorientado, pues el edificio no colabora a su fácil entendimiento.
En el otro extremo de las posibilidades están las guías comerciales al uso, que en el caso que nos ocupa ni son actuales ni dedican mucho espacio a la parte islámica en sí, amén de que no suelen exponerla con mucha profundidad, ya que el monumento ni se agota en lo musulmán ni está desnudo de pinturas, esculturas y demás valores ajenos a la arquitectura. Este texto intenta, en consecuencia, cubrir la laguna existente entre las publicaciones destinadas al lector especializado y las guías para turistas, ofreciendo la posibilidad de visitar el edificio con un texto en la mano que oriente en el recorrido e informe al estudiante universitario y al público interesado sobre la cronología y valores de aquello que está viendo. Para quienes nos lean lejos de Córdoba quedan estas páginas como anuncio y señuelo de lo que puede disfrutar si decide acercarse al más prodigioso edificio del Islam occidental y una de las cumbres del arte de todos los tiempos, lugar donde queda bien patente que el primer uso de la arquitectura es precisamente su emocionado disfrute, antes de aventurarse en los vericuetos de la interpretación y la cronología.
En cualquier caso no estará de más advertir que soy deudor literal de los investigadores que más han indagado sobre él desde los ya lejanos tiempos de Torres Balbás, cuya síntesis, antes citada, sigue siendo una brújula muy segura para navegar por los secretos de la aljama de Córdoba; en la lista de mis particulares autoridades figuran las largas conversaciones que sostuve con don Félix Hernández hace ya demasiados años, charlas que fueron más clarificadoras que la lectura de sus escasas publicaciones; también debo reseñar los amenísimos paseos y las publicaciones cristalinas, aunque también despiadadas, de quien llamábamos, pese las diferencias de saber y edad, Manolo Ocaña; muchas observaciones las debo a Gabriel Rebollo, arquitecto que cuida la mezquita y que es su mejor y más apasionado guía; finalmente citaré los admirables análisis de Christian Ewert, el investigador con más amplias miras del actual panorama.
Así pues, nos disponemos a efectuar un recorrido veteado de observaciones, que trataré de amenizar y personalizar como el relato de un guía que acompaña, en una visita de lluviosa primavera, de las que casi no quedan, a otra dama que, por vez primera, entra en una antigua mezquita. La señora, que no es muy común por su sensibilidad ni convencional por lo que respecta a sus conocimientos, existe en la realidad, aunque sean imaginarias determinadas circunstancias de la visita.

Imágenes

Mezquita de Córdoba. Sala de oración Mezquita de Córdoba. Patio de los Naranjos