La construcción de la Seu Vella de Lleida

Catedral Vieja de Lérida. Portadas
Época: Arte Español Medieval
Inicio: Año 1200
Fin: Año 1250

Antecedente:
El final del Románico en Cataluña
Siguientes:
La escultura de la Seu Vella
Talleres y soluciones decorativas

(C) Jordi Camps i Soria



Comentario

La conquista cristiana en 1149 supuso para Lleida la recuperación del antiguo episcopado. Inicialmente, la hasta entonces mezquita debió de ser convertida en la nueva sede de la diócesis (Santa Maria in Sede), cuya ubicación exacta es difícil precisar. Hacia la última década del siglo XII, en la misma colina que preside la ciudad, y en el marco de la Roca Mitjana, empezaron a efectuarse compras de terrenos con el fin de emplazar allí un nuevo conjunto catedralicio. Simultáneamente, Pere de Coma aparece ya relacionado con el proyecto de la nueva catedral, habiendo llegado a Lleida hacia 1180 y comprometido con la obra desde 1193. Diez años más tarde debió de tener lugar la solemne colocación de la primera piedra, según el epígrafe que se encuentra en el crucero del edificio, junto al lado del Evangelio del presbiterio. Son importantes las referencias al obispo Gombau de Camporrells, y a Pere de Coma como magister y fabricator, a la vez que aparece un Berenguer como operarius. Cabe destacar que en dicha lápida, que fue perdida y reapareció en 1859, han sido detectadas ciertas irregularidades que hacen poner en duda su total originalidad. Se trate o no de una copia o falsificación posterior, la fecha de 1203 tampoco se contradice con lo que da a la luz el análisis de los primeros pasos de la construcción. La consagración en 1278 marcaría el límite aproximado para el fin de las obras de la iglesia.
El conjunto catedralicio, en su resultado global exceptuando cambios posteriores al siglo XIII, es el de una iglesia de dimensiones considerables, de planta de cruz con cabecera escalonada, provista de cinco ábsides, amplio transepto y tres naves. Esta disposición se ha considerado como una variante de la cabecera de tipo benedictino, a causa de la necesidad de contar con más capillas, solucionada con su apertura en los brazos del transepto. Las catedrales de Tarragona y de Orense, entre otras, siguen un esquema similar. En el crucero se levanta el cimborrio, de sección octogonal y sostenido sobre trompas, constituyéndose en una de las principales entradas de luz. El claustro se encuentra a los pies, comunicándose con las naves a través de tres puertas, en una ubicación excepcional que parece obedecer a razones topográficas; en su ala meridional se abre un mirador que altera la imagen habitual del espacio claustral, mientras que el lado opuesto, el espacio llamado Santa Maria L'Antiga, se corresponde con las dependencias canonicales.
Entre las modificaciones que se produjeron a partir de la disposición original hay que destacar las que afectaron a los ábsides laterales, abiertos en los brazos del transepto. Solamente una de las capillas, la de Les Neus, primitivamente dedicada a Santiago, contigua al presbiterio del lado del Evangelio, mantiene el tramo preabsidal y el semicírculo iniciales; a su izquierda, la de San Antolín, luego transformada en 1397 y llamada de La Gralla, fue destruida a causa de una explosión en 1812. En el lado sur, la interior, inicialmente dedicada a San Pedro, fue rehecha en el siglo XIV por los Montcada; a su lado, la de La Concepció o de Colom también se renovó durante el siglo XIV. A pesar de ello, se conserva la embocadura de todas ellas. Otras capillas fueron sucesivamente construidas a lo largo de las naves.
Siempre se destacó de la seo el uso de pilares cruciformes con pares de columnas adosadas como elemento sustentante, así como de la bóveda de crucería. A grandes rasgos, todo respondería a las novedades que encontramos también en conjuntos más o menos contemporáneos como la catedral de Tarragona o, fuera de Cataluña, la colegiata de Tudela, a cuya consagración asistió precisamente el arzobispo tarraconense, Ramón de Rocaberti, en 1204. No debemos olvidar las experiencias llevadas a cabo en los monasterios cistercienses que, como sabemos, constituyen las otras grandes empresas constructivas de la época. Recientemente se ha intentado hallar una explicación a ciertas diferencias y posibles incoherencias en el resultado final, que hacen pensar en alteraciones respecto al proyecto inicial, en lo que sería una adaptación de soluciones góticas a los elementos románicos de la idea precedente. Así, la solución de los pares de columnas adosadas a los pilares cruciformes, que tradicionalmente se había interpretado como un rasgo característico de lo que se denominaba arquitectura hispanolenguadociana, puede responder a otro concepto.
De hecho, se ha visto en el núcleo del esquema el pilar cruciforme, un elemento tradicional en Cataluña desde el siglo XI, con lo que la utilización de las columnas, no sólo en los extremos sino también en los codillos de dichos pilares, puede constituir el equivalente al ambiente decorativista del 1200. Hasta aquí, como en el sistema de soporte aplicado al cimborrio (a través de las trompas), parece que nos encontramos ante un proyecto calificado como románico. Iniciado este proyecto, que determinaría la planta y los soportes, se llegaría a la decisión de cubrir el edificio con un sistema gótico, la bóveda de crucería. La base de esta idea está en la observación de que el doblado previsto inicialmente para los arcos formeros se sacrifica para que las columnillas de los codillos den soporte a los nervios de la crucería. Este sería el resultado de una hábil adaptación al sistema de soportes existente.
El aspecto exterior del edificio viene marcado por la anchura del transepto y la altura del cimborrio. Este último elemento, con una estructura similar, se repetirá en otros monumentos contemporáneos: tal es el caso de la catedral de Tarragona, el del monasterio de Sant Cugat del Vallés, y el del monasterio cisterciense femenino de Santa María de Vallbona de les Monges. En general, estos cuerpos han sido fechados más allá de mediados del siglo XIII. El tratamiento mural mantiene una cierta austeridad, a pesar de las columnillas y los detalles decorativos de los ventanales, marcada por los contrafuertes anchos y escasamente salientes. En el transepto sur, el cuerpo resaltado de la puerta de La Anunciata contrasta con la severidad del conjunto. Dicho carácter varía sensiblemente en una visión longitudinal de toda la seo, con el mirador del claustro y la torre campanario, ésta acabada en el siglo XV que dan airosidad y ligereza a esta parte.
Difícilmente se pueden precisar las fechas en que se produjeron los cambios más significativos en el desarrollo de la construcción y de los posibles proyectos. Hacia 1220 debió morir Pere de Coma, fecha en que el avance sería significativo, pero se desconocen los nombres de sus sucesores, a pesar de haberse especulado con los de un Berenguer de Coma. Desapareció la lápida que aludía a la consagración de la iglesia, el 1278, en época del obispo Guillem de Montcada, que se encontraba encima de la puerta central de los pies, dando al claustro. En aquellos momentos, el artífice de las obras era Pere de Pennafreita.

Imágenes

Catedral Vieja de Lérida. Puerta de la Anunciata Catedral Vieja de Lérida. Torre gótica