Conclusión: las Luces en España y el mundo hispánico

Lámina botánica, de La Flora Mexicana
Época: Ilustración española
Inicio: Año 1700
Fin: Año 1800

Antecedente:
El Siglo de las Luces

(C) Carlos Martínez Shaw



Comentario

La Ilustración fue en España un movimiento intelectual para promover la modernización del país, pero sin voluntad de cambio social o político. La valoración final del reformismo ilustrado no puede ser taxativa, sino matizada, pues si bien la pedagogía ilustrada generó una nueva conciencia de la dignidad nacional, los resultados prácticos obtenidos quedaron lejos de las ilusiones de los intelectuales e incluso de una legislación que no dejó de estar aquejada de invencible ambigüedad.
Esta dualidad que caracteriza la época fue captada por los propios intelectuales ilustrados. Así, Manuel José Quintana podía subrayar los aspectos más positivos del reformismo, en unas palabras vibrantes, si bien no exentas de alguna reticencia: "Cuando se echa la vista a aquel decenio (1781-1790), asombra el incremento que habían tomado las Luces, y el vigor con que brotaban las buenas semillas esparcidas en los tiempos de Fernando VI y primeros años de Carlos III. En el sin número de escritos que cada año se publicaban, en las disertaciones de las academias, en las memorias de las sociedades, en los establecimientos científicos fundados de nuevo, en los de beneficencia que por todos partes se erigían y dotaban, en las reformas que se iban introduciendo en las universidades, en las providencias gubernativas que salían conformes con los buenos principios de administración, en el aspecto diferente que tomaba el suelo español, con los canales, caminos y edificios públicos que se abrían y levantaban; en todo, finalmente, se veía una fermentación que prometía, continuada, los mayores progresos en la riqueza y en la civilización española. Había tal vez demasiadas guerrillas literarias, tal vez no se seguía en el fomento de los diferentes ramos en que está cifrada la prosperidad social, el orden que la Naturaleza prescribe y se daba al ornato del edificio un cuidado y un esmero que reclamaban más imperiosamente sus cimientos. Pero esto nada quita del honor que se merece una época de tanta vida, de tanto ardor, de tanto aplicación..."
Por el contrario, otros escritores se creían en la obligación de señalar la insatisfacción producida por los resultados finales, aun reconociendo la buena voluntad y los aciertos parciales, como en el caso de Eugenio Larruga: "Hace casi dos siglos que trabajamos para conseguir el restablecimiento de nuestras antiguas fábricas y comercio, mas no lo hemos conseguido. El mucho número de providencias tomadas en este asunto tampoco han logrado el fin a que se encaminaban. Esto lo confiesa todo hombre sensato que sabe especular los asuntos de la patria sin pasión, que desprecia los escritos de pura adulación, y que indagando la raíz de lo bueno y lo malo de un cuerpo político, discurre con acierto para hacer los pueblos industriosos y comerciantes; y aunque no podemos dudar que se ha mejorado en estos últimos años tanto la administración, como la legislación comerciante, sin embargo restan que remediar algunos vicios ocultos, que nos frustran todas nuestras esperanzas, nos pierden al mejor tiempo nuestros adelantamientos y siempre nos tienen dependientes de la ley del extranjero en punto de comercio".
En efecto, la Ilustración no había transformado las estructuras profundas de la sociedad española, ni su ideología se había difundido suficientemente entre la población, pero en cambio sí había cumplido su misión histórica; establecer, no sin contradicciones, las bases intelectuales que permitirían el desmantelamiento del Antiguo Régimen. Y lo mismo podía decirse de América, donde los ilustrados se habían servido de los instrumentos intelectuales puestos a su disposición por el reformismo para elaborar una alternativa al sistema colonial que no podía ser otra sino la independencia. El propio Simón Bolívar, el Libertador, podía reconocer su deuda personal con las enseñanzas ilustradas, que era también la deuda de la América independiente para con las Luces, cuando escribe a su preceptor, Simón Rodríguez, las famosas palabras: "Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso. Yo he seguido el sendero que Usted me señaló". Esta fue la gloria de la Ilustración en el mundo hispánico.

Imágenes

Catedral de Toledo. Transparente Simón Bolívar, por Tito Salas