El auge arquitectónico y sus condicionantes

Iglesia de Santa María (Taüll, Lérida). Vista exterior
Época: Arte Español Medieval
Inicio: Año 1000
Fin: Año 110

Antecedente:
La arquitectura del primer románico catalán

(C) Eduard Carbonell i Esteller



Comentario

Todos los historiadores coinciden en fijar la fecha del 950 como el inicio en Cataluña de una etapa de auge en todos los niveles, económico, social, cultural, religioso.
A partir de este momento se inicia la construcción del monasterio de Sant Benet de Bages en 951. Tienen lugar dos consagraciones en Cuixá, que corresponden a dos etapas constructivas, la del 953 y la del abad Garí de 974; la reforma del abad Oliba del monasterio se realiza hacia 1040. Se proyecta Sant Miquel del Fai en 997. Se comienza Sant Martí del Canigó en 1001 y tiene lugar una primera consagración en 1009 y una segunda en 1026. La iglesia de Sant Daniel de Girona se construye a partir de 1019 y el todavía hoy completo monasterio de Sant Pere de Casserres, cuya iglesia constituye una joya del románico de influencia lombarda, se está construyendo en 1006 y se consagra en 1039. El abad Oliba participa hacia 1020 en la construcción de la catedral de Manresa, y la catedral de Vic se consagra en 1038. El edificio paradigmático del románico de influencia lombarda en Cataluña, la colegiata de Sant Vicenç de Cardona, se consagra en 1040.
La documentación y las propias obras garantizan una continuidad arquitectónica. Incluso lo que podría haber sido un descalabro para Cataluña, y en especial para Barcelona, la razzia de Almansur de 985, no afectó al proceso arquitectónico, puesto que las obras se rehacen inmediatamente y el auge constructivo se incrementa.
Antes de entrar a revisar propiamente la arquitectura catalana del siglo XI, cabe tener en cuenta una premisa fundamental que garantizará la continuidad de que hablábamos. La unificación litúrgica a partir del mundo carolingio, que tiene lugar en la mayor parte de Europa, se ha dado ya en Cataluña, a diferencia de los reinos occidentales de la Península Ibérica, donde la liturgia visigótico-mozárabe perdura en esta época; sólo en 1083 la liturgia romana se establecerá en Castilla y León. En Cataluña, en cambio, y dentro del contexto de la Marca carolingia, la documentación habla de textos de liturgia romana a partir del 870.
Así pues, el espacio arquitectónico religioso viene ya determinado desde finales del siglo IX y no sufrirá grandes modificaciones con la entrada en el período románico. Sólo cambios en la propia orden benedictina, que generará la multiplicidad de altares, y las peregrinaciones, con su sistema de circulación en la iglesia, afectarán a la distribución espacial.
Otros documentos nos explican las novedades que se producen en el sistema constructivo. Así, un documento del año 953 referido a la iglesia del monasterio de Cuixá, y un segundo documento del año 957 referido a la iglesia del monasterio de Sant Esteve de Banyoles. En ellos se habla de aparejo regular en las construcciones. En ambos monasterios el muro prerrománico de piedras irregulares y barro será substituido por piedra y cal.
Todo ello nos lleva a una continuidad en los lenguajes formales de la arquitectura de los siglos X y XI. Veremos cómo ya en el siglo XI perdurarán en planta y en alzado elementos propios del mundo prerrománico. Término el de prerrománico que indica sólo que se trata de algo anterior al románico y que para nosotros está vacío de contenido, puesto que defendemos esta continuidad.
La reforma litúrgica se ha dado, los documentos nos explican también el cambio en los métodos constructivos. Y toda una arquitectura que constituye el legado de los siglos IX y X entra de pleno en el siglo XI, en el período románico. Y esto está sucediendo cuando se introducen los métodos constructivos y los modelos arquitectónicos del norte de Italia, de Lombardía. A veces se incorporan los elementos decorativos del románico lombardo, sobre formas que estaban en el lenguaje del siglo X y que se realizan en pleno siglo XI. Por ejemplo, el ábside trapezoidal y la nave única de Sant Marcel de Flaçá se decora con arcuaciones ciegas en la cabecera. Otro tipo de cabecera que se da en la arquitectura del siglo X y que perdura en época románica es aquella formada por transepto y tres ábsides semicirculares. Corresponde a los modelos de Sant Genís les Fonts y Sant Andreu de Sureda. Es el tipo de transepto bajo que podríamos encontrar en la arquitectura romana y también en el arte carolingio.

Imágenes

Iglesia de Santa María (Durro, Lérida). Torre Iglesia de Santa Eulalia (Erill la Vall, Lérida). Campanario Iglesia de Sant Joan  (Boí, Lérida)