El artesano pintor

La mujer barbuda
Época: Siglo de Oro
Inicio: Año 1519
Fin: Año 1648

Antecedente:
Las artes en el Siglo de Oro

(C) Ricardo García Cárcel



Comentario

Los pintores, agrupados en gremios, con talleres de empresa artesanal y familiar, con una organización aún medieval y una posición pecuniaria mediocre, tenían que vérselas con unos clientes o mandatarios que no les concedían una consideración social semejante a la que ya tenían los artistas en Italia o en Francia. Sólo los pintores de cámara y en especial Velázquez pudieron escapar, en gran parte, a una situación precaria de trabajo propia de una sociedad estamental, sin movilidad de clases y con lentas reacciones estructurales. Velázquez, además, hizo gala de una cultura notable de la que es bien expresiva su biblioteca (156 libros).
Hubo clérigos-arquitectos como el carmelita Fray Josep de la Concepción o el jesuita Bautista y clérigos pintores como los cartujos Sánchez Cotán y Juncosa. También algún pintor noble como Carreño de Miranda o Palomino..., pero no son sino excepciones que confirman la regla de la deprimente posición social del artista.
Los mismos nobles, con su constante preocupación por crear fundaciones y patronazgos, contribuían a incrementar el arte de las iglesias, conventos, hospitales y colegios regentados por religiosos. Así no es extraño que casi no existiesen los pintores dedicados a la mitología y las historias, pues cuando un noble sentía la necesidad de una composición de este género se contentaba con la adquisición de un cuadro importado de Italia o Flandes. De esta manera, el artista español se consagraba a satisfacer la enorme demanda interior del cuadro devoto o sacro, lo que, en el caso de pintores de renombre como Zurbarán, incluía, a través del puerto de Sevilla, el envío de obras con destino al mercado artístico de Hispanoamérica.
El único desnudo de la pintura española del siglo XVII es la Venus del Espejo de Velázquez aparte de La Monstruo de Carreño de Miranda.
La temática histórica fue abundantemente tratada siguiendo las glosas que de Carlos V había hecho Tiziano. Merecen mención los cuadros de batallas que hizo Snayers y que se conservan en el Prado. Son frecuentes las alegorías, con especial fijación por el tema de la vanitas, entre los que el Sueño de un caballero (Antonio de Pereda) o las Postrimerías (Valdés Leal) ocupan un lugar preeminente. La escasez de paisajes construidos y de arquitecturas ideales de escenas y alegorías profanas se explica por las razones antedichas. Quizá lo que hay que recalcar es el dominio de las escenas de martirio (José de Ribera), las vidas de santos (Zurbarán, Rizi, etc.) y las imágenes sagradas. La temática religiosa se concentra fundamentalmente en el Nuevo Testamento (la Vida de la Virgen María, la Pasión de Cristo, etc.). Especial atención mereció la Inmaculada Concepción (Ribera, Murillo, Zurbarán, Cano...). Asimismo son frecuentes los temas hagiográficos, con grandes ciclos monásticos y programas hospitalarios como el de la Caridad de Sevilla.
En cuanto a los retratos mundanos y los bodegones, que en principio pueden parecer ajenos a lo religioso, hay que señalar su estrecha vinculación. Unicamente como género profano, sin connotaciones religiosas, se pueden señalar las escenas de género de Ribera, Murillo o Velázquez. A veces sus cuadros, paralelos a la novela picaresca, nos muestran una realidad descarnada y cruel, que muchos atribuyen a la "veta brava" del español, cuya técnica en algunos casos desenfadada se une al tremendismo del tema. Sus hampones, pilluelos, mendigos harapientos, sus borrachos y gentes de mal vivir, son tratados de la misma manera y con un distanciamiento igual que si se tratase del retrato del monarca, un duque o un príncipe de la iglesia. Su verismo pone atrozmente al desnudo lo más dramático del ser humano.
E1 retrato de los reyes se caracteriza por su gran fidelidad (la diferencia en este sentido entre los de Velázquez y el del Cardenal Infante de Rubens con sus aditamentos simbólicos es bien patente). El autorretrato brilla por su ausencia salvo el de Velázquez de las Meninas o el Retrato de la familia del pintor de Martínez del Mazo.
Los bodegones no abundan, aunque los que se hicieron fueron un tanto variados, oscilando desde el realista (Van der Hammen) al especulativo (Cotán) o simbolista (Zurbarán). Tampoco se cultivó el paisaje salvo algún ejemplo esporádico (los pintados por Ribera en Nápoles o los de Velázquez representando la Villa Médicis).

Imágenes

La Venus del Espejo La Familia de Felipe IV Niños comiendo pastel El Gusto