El arte funerario hispanorromano



Comentario

En Roma, como en casi todas las culturas antiguas y modernas, la idea de la muerte y de su incontestable realidad marcó de una u otra forma la vida de los ciudadanos y estuvo presente en la literatura, el arte y la religión. Todos los aspectos con ella relacionados están regulados por la costumbre y el derecho, desde el ritual que se desarrolla en torno al cadáver hasta las actividades que debían llevarse a cabo para conseguir el reposo del difunto en el más allá y que su relación con los vivos, si no amigable, fuera al menos cordial. Para ello, los romanos desarrollan una serie de ritos y actos que van desde el mismo momento de la muerte hasta las ceremonias anuales que deben tener lugar en torno a la tumba del difunto; todos ellos son fundamentales para que éste conserve su individualidad en el más allá, sin diluirse en el anonimato de la masa común; la queja de los difuntos, en las pocas ocasiones que tienen de ponerse en comunicación con los vivos, es precisamente que éstos olvidan con demasiada facilidad las atenciones que deben tener con ellos. Este es uno de los motivos por los que en el mundo romano, tan aficionado a asociaciones de todo tipo, alcanzaron considerable éxito los collegia funeraticia, esto es, las asociaciones de carácter funerario que reunían a los miembros de una profesión o de un grupo social que viven en un mismo lugar para, mediante el pago de una cuota, asegurarse el lugar de enterramiento y, lo que es más importante, la continuidad de los ritos funerarios tras el momento de la muerte.
Todo ello se refleja en la literatura, el arte y la epigrafía. En el arte, mediante la construcción de tumbas más o menos monumentales, que tenían como misión la de hacer ver a los vivos que allí se encontraba enterrado alguien que en otro tiempo fue como ellos pero que ya había muerto, y despertar de esta forma un sentimiento de recuerdo y compasión; para ello las tumbas se situaban en lugares visibles, por regla general a los lados de los caminos que entraban y salían de las ciudades; pero con esta misma finalidad se añadían también al monumento elementos artísticos más o menos complejos: imágenes religiosas, retratos de los difuntos, relieves alusivos a su vida pasada o con temas mitológicos relacionados con la muerte, etc. Especial importancia adquieren también los textos escritos, que pueden ir desde la simple mención del nombre del difunto hasta complejos documentos que constituyen una loa del difunto y de su carrera, ruegan al caminante que se detenga, medite y pronuncie una jaculatoria, o lanzan violentas imprecaciones contra quien se atreva a dañar el monumento. La tumba es un lugar religioso, un locus religiosus que, como tal, hay que cuidar y respetar.

Imágenes

Necrópolis romana (Carmona, Sevilla). Tumba del Elefante