Un nuevo impulso

Retrato privado
Época: Arte Antiguo de España
Inicio: Año 150 A. C.
Fin: Año 350

Antecedente:
Evolución estilística del retrato privado peninsular

(C) Trinidad Nogales Basarrate



Comentario

El nuevo orden político establecido por Augusto traerá parejo importantes cambios que se plasmarán en lo artístico. El retrato particular a partir de este momento iniciará un seguro despegue que culminará en la dinastía julioclaudia, período de mayor eclosión del género.
Tras la fase que denominamos del realismo tardorrepublicano formativa de los centros de producción peninsulares, acceden a la provincia numerosas obras oficiales que, sin duda, harán cambiar el rumbo de los trabajos en curso.
En primer lugar, los modelos de los jóvenes se irán imponiendo frente a la vetusta imagen precedente. El dominio del modelado suavizará y matizará ciertas reglas que encasillaban los rostros. Los modelos de peinados que aparecen en los trabajos oficiales sustituirán el sobrio tipo anterior. El resultado es una obra de taller de calidad; frente a la desigualdad de las series iniciales encontraremos un retrato más homogéneo en el nivel de ejecución, menos sometido a los moldes metropolitanos por la libertad que permite la experiencia, y de ahí sus logros creativos.
Es difícil rastrear en este momento peculiaridades propiamente hispanas. Se mantienen, como es lógico en cualquier período artístico, los niveles de calidad, pero siempre partiendo de similares supuestos técnicos y estilísticos. La dicotomía obra oficial-privada está menos radicalizada por la proximidad entre ambas. En este momento augústeo hacen su aparición retratos femeninos e infantiles, iniciándose las series familiares al estilo de los grupos oficiales que irrumpirán en los edificios públicos durante toda la dinastía julio-claudia. Los retratos femeninos de época de Augusto poseen austeridad; el adorno personal queda restringido a casos concretos vinculados con aspectos simbólicos.
A lo largo de la dinastía julio-claudia los talleres escultóricos asimilan las transformaciones del retrato en la esfera particular; por un lado, permanecen ciertos esquemas de sabor añejo en la solución de las facciones; por otra parte, el lenguaje formal aportado con los ejemplos oficiales renueva y diversifica la producción. La libertad creativa es sinónimo de avance en las oficinas, donde se abandona el sometimiento puntual al patrón y se ejecutan versiones que son el resultado de mezclar soluciones diferentes. El grado de perfección en el trabajo del retrato nos lo proporciona tanto el elevado número de piezas como la calidad de éstas.
En todos los retratos julio-claudios cabe establecer dos grupos: aquéllos que acusan familiaridad con los encargos oficiales, acercándose notablemente a los tipos imperiales, y los que responden a un deseo de veracidad y acentuación de lo personal, resultado de la superación de normas y técnicas precedentes. Este bloque julio-claudio resulta bien documentado en toda la Península; el grupo emeritense destaca por su solidez. Los retratos femeninos abandonan la anterior sencillez y son objeto de un fenómeno de reinterpretación local y personal de los gustos imperantes determinados desde los estamentos oficiales. Los modelos femeninos julio-claudios que se introdujeron en la Península, establecidos por Trillmich, son punto de referencia para las damas hispanas en la selección del peinado. Las ricas colecciones béticas, tarraconenses y lusitanas constituyen el mejor exponente de esta nutrida interpretación femenina: cabellos sueltos o recogidos en moños de distintos grosores y alturas, bandas de rizos y mechones lisos, flequillos o frentes despejadas, todos recrean las versiones del original común.
Ejemplos tan significativos como el de la conocida Gitanilla emeritense no vienen sino a confirmar el peso que en la plástica privada tenía el gusto personal, a pesar de encarnar tradiciones de cuño indígena. El mantenimiento de alguna parte, aunque fuera secundaria, del prototipo metropolitano refleja la hibridación de que es objeto el encargo personal. La calidad, distante de unas obras a otras, confirma la multiplicidad de manos ya expertas en el tallado de la piedra marmórea, consecuencia de la maduración de los talleres. El formato de las piezas inicia cambios novedosos, la cabeza-retrato de la estatua deja paso al busto-retrato.

Imágenes

Retrato de una dama