Los guerreros galaicos

Guerrero galaico de Cabeceiras de Basto (Portugal)
Época: Arte Antiguo de España
Inicio: Año 200 A. C.
Fin: Año 100

Antecedente:
El arte castreño del Noroeste

(C) Fernando Acuña Castroviejo



Comentario

Las estatuas de guerreros galaicos son, quizá, la muestra más original de la escultura castreña del Noroeste peninsular. Existe alrededor de una veintena de ejemplares, procedentes todos de yacimientos situados en el convento bracarense, que nos muestran una iconografía semejante en sus líneas generales, pero que difieren en aspectos concretos. Son estatuas de granito que representan a un hombre de pie, por lo general de tamaño natural o poco superior, aunque hay casos en los que se puede hablar de piezas realizadas a escala reducida, como claramente se puede observar en las encontradas en Melgaço, Capeludos y Quintela. De muy pocas se conserva la cabeza y a otras les faltan los pies. Por otra parte, en Sanfins se han encontrado los pies de una estatua a la entrada de la citania, lo que es un dato importante para su significado. Hay elementos comunes como la caetra, o escudo redondo, que puede tener variantes. Este escudo tiene las mismas características que el que aparece en las monedas acuñadas con ocasión de las Guerras Cántabras por P. Carisio a nombre de Augusto. Probablemente, y a la vista de los resultados de las recientes excavaciones en la ciudad de Lugo, se puede considerar la capital del convento jurídico como la ceca en la que se acuñaron los numismas de la caetra, aunque algunos autores piensan en la existencia de una ceca itinerante. De todas formas, el escudo es algo propio del Noroeste. Los rostros de estos guerreros pueden tener barba, bigotes, ojos globulados. Llevan adornos, como torques y brazaletes. Otros tienen casco en la cabeza, como los de Capeludos y Sanfins. Los cuerpos llevan vestimenta con escote, por lo general en V, manga corta y decoración en el ropaje, como en los de Campos y Viana, Lezenho, Cendufe y Meixedo, entre otros. Las figuras van calzadas, aunque en los Cendufe y Mozinho no aparecen así. Las piernas pueden ir cubiertas con polainas. Llevan armas, puñal o espada y cinturón que puede estar decorado como en Basto. Algunas de estas piezas tienen inscripciones latinas, lo que introduce un elemento importante para su significación y cronología. Entre ellas figuran las de Vilaverde (MALCEINO/DOVILONIS/F) y la de Rubias (ADRONO VEROTI/F ) y con un sentido distinto, la de Santa Comba de Basto, cuya inscripción ha dado lugar a diversas interpretaciones de las que la más correcta es ARTIFICES CALUBRIGENS/ES ET ABIANIS/F.C., con lo que tendríamos la mención de aquellos que dedicaron la estatua.
¿Qué significado tiene esta estatuaria dentro del ámbito de la cultura castreña? Si analizamos el contexto donde aparecieron podemos ver cómo en todos los casos existe una ambiente romano en el yacimiento, aunque no procedan de excavación arqueológica e independientemente de que algunas piezas tengan epígrafes latinos. Y ese ambiente nos lleva a lo que ya apuntábamos anteriormente, es decir, a una época romana temprana que podemos situar a partir de Augusto. Otra cuestión es el significado dentro del mundo castreño galaico-romano, que tiene que ser algo novedoso puesto que no existen precedentes escultóricos claros inmediatos. En este aspecto las opiniones son muy diferentes, yendo desde los que ven en estas estatuas un sentido funerario (Leite de Vasconcelos, Cardozo, Blanco) hasta los que piensan en héroes divinizados (Alves, Calo) hasta jefes locales (Alarcáo) y funciones distintas según tengan inscripción o no (Tranoy), que por un lado son héroes o divinidades y por otro jefes indígenas que lucharon en las Guerras Cántabras. En esencia las opiniones inciden en un carácter votivo, funerario u honorífico. Las últimas teorías corresponden a Ferreira de Almeida y a Calo Lourido, que tienen bastante semejanza entre sí. Para el primero, pueden ser el reflejo de la costumbre romana de honrar a jefes a través de la estatuaria y reflejando influencias clásicas, aunque el hieratismo y la frontalidad muestran una indudable influencia indígena. Para el segundo, Roma impulsó la elaboración de estas estatuas dedicadas a personajes concretos, dado que eran colaboracionistas, es decir, jefes que podrían luchar con las tropas auxiliares. A mi entender no cabe ninguna duda y coincido con los autores anteriores en que las estatuas de guerreros galaicos pertenecen a una época romana en un tiempo en el que se vive un proceso de transformación y urbanización en los castros del Noroeste peninsular.
Estas esculturas tienen un sentido ejemplarizante ante los habitantes de aquellos poblados en los que se erigen, porque recuerdan a un personaje, indudablemente importante, conocido y de prestigio entre la comunidad castreña y valorado por los romanos; también tendrían una función propagandística. Podrían ser estatuas funerarias y podrían tener un sentido votivo, pero lo que planteo es si en el mundo castreño de época romana no podrían significar lo que en Roma y en el Imperio supuso la estatua del Augusto de Prima Porta. No será el emperador quien aparezca en los castros, a la entrada, dominando y presidiendo el territorio. Pero sí será un jefe local y cuando digo esto me refiero a aquel que controlaba una amplia comarca, que es el representante de la comunidad o comunidades ante el responsable romano de Bracara Augusta y que cumple con el mismo papel de poder y propaganda entre los indígenas que el Augusto en las ciudades. Al fin y al cabo estamos ante estatuas acorazadas, thoracatos, que representan el poder. En un caso, el del Imperio, el de Roma; en otro, el local, en una zona recientemente conquistada y que necesitaba ser, en cierto modo, mimada por las posibilidades económicas que presentaba para su explotación.

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