Investigación reciente

Guerrero ibérico
Época: Arte Antiguo de España
Inicio: Año 500 A. C.
Fin: Año 150 D.C.

Antecedente:
El arte ibérico

(C) Manuel Bendala Galán



Comentario

El hecho es que, con todos estos datos, no parece lógico excluir del ámbito de lo ibérico a la baja Andalucía, por mucho que la cultura ibérica alcance fuera de ese ámbito, en la alta Andalucía, el Sudeste y Levante, algunas de sus cimas y obtenga sus rasgos más definidos, entre ellos la producción del mejor arte ibérico. La investigación reciente obliga a planteamientos menos radicales, con resultados que, en bastantes cosas, acercan las manifestaciones principales de regiones que hasta hace no mucho parecían netamente distanciadas. Son indiscutibles las diferencias entre unas regiones y otras, y es posible penetrar cada vez con más éxito en las razones de ellas. Por ejemplo, la baja Andalucía -la Turdetania en términos antiguos- se diferenciará de otras regiones ibéricas, a partir del siglo VI a. C., por la mayor incidencia en la zona de la presencia púnica, cosa que ahora comprobamos arqueológicamente y que tenemos expresamente enunciada en Estrabón cuando dice que las ciudades de la Turdetania, y de las regiones vecinas, fueron ampliamente dominadas y pobladas por los púnicos (Estr. 3.2.13).
Conscientes de las diferencias, la genérica designación de ibéricos no se aviene mal a la necesidad de aludir también a sus elementos comunes, basados en el hecho principal de que son fruto de una estructura cultural en cierta manera unitaria, nacida del desarrollo de la prístina organización urbana tartésica, con el enriquecimiento que a su virtualidad añadieron los contactos o la presencia fundamentalmente de fenicios y griegos, así como los celtas y otros pueblos que incidieron en lo ibérico, y que según la diversa combinación de todos esos factores, de su escalonamiento en el tiempo y de su variada intensidad, determinaron claras diferencias regionales.
Mantengamos, pues, para el calificativo de ibérico el sentido que le otorgaban los griegos -valga de nuevo el recuerdo de Polibio-, y tendremos por culturas ibéricas, en sentido lato, las que alcanzaron un avanzado estadio de organización urbana ya en la España prerromana, y que se extienden desde la baja Andalucía y el estrecho de Gibraltar hasta el Pirineo, ocupando una anchísima franja de territorio que bordea el mar, desde el Atlántico onubense y gaditano hasta toda la orla mediterránea hispana. El arte ibérico será, obviamente, el que producen estas culturas, con intensidad creativa diferente según las épocas y regiones, y con matices diferenciadores en bastantes producciones características.
La penetración hacia el interior del tipo de cultura que representan las civilizaciones de la periferia sólo se ultimaría con la dominación romana, cuya unificación política hizo cobrar al término Iberia su sentido geográfico más general y referirse a toda la Península. Así lo usa Estrabón, que escribe en época de Augusto. En la literatura latina, añadamos por último, se prefiere en general el nombre de Hispania, que es la denominación que los fenicio-púnicos dieron a la Península, término equivalente en su valor genérico, por tanto, al de Iberia.

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