La arquitectura doméstica

Ampurias. Neápolis. Habitación de banquetes. Reconstrucción
Época: Arte Antiguo de España
Inicio: Año 600 A. C.
Fin: Año 218 D.C.

Antecedente:
La Ampurias griega

(C) Enric Sanmartí-Grego



Comentario

No poseemos prácticamente ninguna información acerca de cómo eran las casas entre el siglo VI y el siglo III a. C., pero por fortuna la información aumenta a partir del siglo II, pues es a esta época a la que pertenece el tejido urbano destapado por las excavaciones llevadas a cabo en el primer tercio de nuestro siglo.
En la Emporion helenística dos tipos de casas tuvieron un desarrollo paralelo, inspirándose cada uno de ellos en dos tradiciones distintas. Por un lado, existen las casas llamadas de peristilo, que arrancan de una tradición propiamente griega; mientras que, del otro, hallamos las casas denominadas de atrio, cuya implantación se debe a las influencias itálicas actuantes a partir de la llegada de los romanos a la misma.
Las primeras son así llamadas porque la distribución del espacio se realiza alrededor de un jardín central rodeado de un porticado; en las segundas, en cambio, la distribución de las estancias se articula alrededor de una pieza sin tejado -el atrio- destinada a facilitar la entrada de la luz y del aire y en cuyo centro se ubica una alberca recogedora de las aguas pluviales que los tejados circundantes evacuan.
Las estancias de muchas de estas casas debieron estar pintadas, pero nada nos ha llegado al respecto; mientras que, en cambio, numerosos son los mosaicos de opus signinum que se han conservado, permitiéndonos ver la gran popularidad que alcanzó entre los emporitanos este sistema decorativo en los siglos II y I a. C. Dos de estos mosaicos poseen inscripciones en griego alusivas al sympósion o al genio protector de la casa, respectivamente.
Desde un punto de vista utilitario, si bien todas las casas emporitanas estuvieron dotadas de cisternas para el uso doméstico, hemos de pensar que éstas no fueron más que un complemento, pues el grueso del agua consumida procedía del río Fluviá que a la sazón desaguaba junto a la ciudad.

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