Terracotas

Estatuilla púnica femenina de Puig des Molins
Época: Colonizaciones orientales
Inicio: Año 1000 A. C.
Fin: Año 300 D.C.

Antecedente:
El Arte fenicio y púnico

(C) Ramón Corzo Sánchez



Comentario

La Astarté de los gaditanos era una diosa marinera, cuya cueva sagrada debía encontrarse en los acantilados rocosos que hoy el mar ha borrado casi por completo en la llamada Punta del Nao. Delante de este espigón se han encontrado muchas piezas de cerámica que indican la celebración de procesiones navales en las que se arrojaban exvotos a los dominios marinos de la diosa, si no se trata también de los escombros caídos del propio santuario. Lo más frecuente son lamparillas o braseritos de cerámica con dos cazoletas superpuestas y un orificio vertical que serviría para mantenerlos enmangados en un varal; junto a ellos hay ánforas de pequeñas dimensiones con las formas utilizadas desde el siglo VII hasta el III a. C. en la cerámica fenicia y púnica, lo que asegura que el ritual tuvo muchos siglos de vigencia. Con todo ello, se han recogido figuras de terracota, fabricadas en un mismo barro achocolatado, cuyo estilo tiene los mismos resabios egiptizantes que las figuras de bronce de Sancti-Petri.
La pieza de mayor tamaño es un quemador de perfumes de forma parecida a los trípodes etruscos, cuyas caras están adornadas por palmetas y flores de loto enlazadas; en las esquinas está representado un joven en actitud de caminar, con indumentaria egipcia. Este personaje se conoce también en Chipre, en Sicilia y Cerdeña, sin atributos definidos, por lo que no sabemos si es un dios o un oficiante de ciertos rituales, aunque su postura ha sido copiada de antiguas figuras de bronce semejantes a las de Reshef y Melkart. Hay un lote de terracotas correspondiente a figuras femeninas con túnica larga estriada y peluca voluminosa; tienen huellas de grapas y orificios por los que se unirían para formar muebles y objetos rituales; en el Museo de Huelva se conservan los restos de una caja de marfil con figuras egiptizantes que hacen de soporte en cada esquina y dan idea de la forma en la que se podían disponer las terracotas.
En el taller de terracotas de Cádiz se unían también influencias púnicas y helenísticas. Hay una cabeza pequeña de tipo egiptizante, con peluca rizada y barba de taco, que es similar a otras del Mediterráneo central, y también una con rasgos negroides muy acentuados que debe tener su modelo en Cartago; una cabeza femenina de mayor tamaño corresponde a formas helénicas, con peinado de largos rizos y mucho más naturalista que las púnicas. Entre los hallazgos de la Punta del Nao de Cádiz hay además discos con motivos florales y fragmentos de figuras de animales, como una cabeza de perro que debe corresponder a la imagen del dios egipcio Anubis. En Cádiz se han encontrado máscaras y prótomos de diversos estilos, aparte de los de la Punta del Nao. Un grupo numeroso representa a rostros infantiles con las facciones desencajadas en un rictus sonriente, lo que en la Antigüedad se conocía como risa sardónica, porque era el gesto incoherente de alegría ante la muerte de los pequeños primogénitos y los ancianos sacrificados a Cronos, tal y como los griegos lo conocieron entre la población cartaginesa de Cerdeña.
En Cartago, en Sicilia y en Cerdeña, las máscaras grotescas se encuentran en los tofet, asociadas a las ofrendas humanas y animales que recibía la diosa Tanit; en Cádiz, parece que la divinidad a la que se satisfacía con estos ritos era el dios Baal-Hammón que los griegos identificaron con Cronos y los romanos con Saturno; en Ibiza, por la influencia cartaginesa, es más probable que el culto principal fuera el de Tanit, pero allí las máscaras grotescas y sonrientes corresponden a seres adultos y, al igual que en Cádiz, aparecen en enterramientos dispersos, no en santuarios cerrados como el tofet, aunque todas ellas se deban a la propagación del antiguo rito oriental del sacrificio humano, que tanto contribuyó a dar fama de crueldad a los fenicios entre los griegos y los judíos y a los cartagineses entre los romanos.
Las terracotas forman el apartado más notable de la producción artesanal de Ibiza; se han encontrado en tumbas y santuarios, en una cantidad y variedad que permite apreciar tendencias artísticas locales y las influencias que recibieron. En Ibiza, las figuras de barro cocido tienen claras relaciones con lo que se producía en Cartago, Sicilia y Cerdeña, incluso con ejemplares de inspiración helénica de la más alta categoría, pero este oficio de la coroplastia debió resultar tan atractivo y rentable como para estimular aquí unos talleres originales, que desarrollan un arte expresionista, libre e ingenuo, con claros resabios populares. La mayoría de los tipos de terracotas de Ibiza arranca de prototipos helénicos encontrados en la misma isla; pueden ser importaciones directas de las islas griegas, objetos traídos por los cartagineses o las primeras obras de artesanos emigrados; se ve, entre ellas, a las korai del arcaismo griego y al paradigma de todas ellas, la hermosa Kore, Persefone o Proserpina, que los cartagineses identificaban con su primera divinidad Tanit, y que puede mostrarse sentada en un trono o representada sólo en forma de busto acampanado o de cabeza convertida en quemador de perfumes. Las copias de estas imágenes fueron numerosísimas y los moldes perdieron a un tiempo detalles iconográficos y calidad artística, pero de forma paralela se iban desarrollando otros tipos, de oferentes, devotos, oficiantes o númenes de diversos poderes, a los que los alfareros ibicencos plasmaron con mucho menor respeto por los cánones griegos o la armonía de las proporciones.
La producción local de Ibiza con mayor carácter popular se compone de figuras masculinas o femeninas, de cabeza muy grande, piernas gruesas y brazos cortos que se adosan sobre un cuerpo rechoncho, sin precisiones anatómicas, pero cuajado de minucias ornamentales y sartas de adornos, que también se extienden a los complejos peinados y tocados de cabeza; los rostros son siempre planos de ojos enormes, labios finos y nariz pronunciada, incluso en los ejemplares que por la delicadeza de los adornos señalan la mano de un artista hábil.
Con mayor despreocupación se fabricaron los exvotos del santuario de Isla Plana, sobre cuerpos ovales o tubulares, hechos a torno, a los que se pegaban largos brazos y una cabeza humana con ojos rasgados y la boca y la nariz aguzadas, como un ave o una serpiente. Es muy probable que las figuras de Isla Plana sean exvotos en los que cada variante expresaba la petición del interesado en cuestiones de salud o de porvenir, pero su lenguaje y su arte son exclusivos y distintos de los exvotos de Sicilia o Cerdeña. Muy pocas terracotas de Ibiza revelan orígenes orientales antiguos; el contacto con el arte chipriota, que señalan algunos ejemplares, pudo llegar a través de Cádiz, que parece ser su metrópolis inicial; más adelante, bajo la órbita de Cartago, Ibiza está integrada en el arte del Mediterráneo central, y, si bien su producción no llegó a exportarse, representa con todo detalle a los estilos que alcanzaron las costas del Levante español y tuvieron influencia real en el arte ibérico.

Imágenes

Cabeza púnica femenina procedente de Ibiza