La encrucijada ideológica de la segunda mitad del siglo XVIII

San Francisco
Época: España4
Inicio: Año 1750
Fin: Año 1800

Antecedente:
La segunda mitad del siglo XVIII en España

(C) Virginia Tovar Martín



Comentario

Lafuente Ferrari ha dicho del Neoclasicismo que es "el último de los estilos europeos que en el Renacimiento comienzan. Si el Renacimiento aspiraba a su modo a una reviviscencia del mundo antiguo, el Neoclasicismo es un intento de restauración". Matizando la definición añade: "El Neoclasicismo es un clasicismo de segundo grado a diferencia del espontáneo y paulatino acercamiento al arte antiguo operado por el Renacimiento con espíritu creador y vital".En el período de la Ilustración, el debate europeísta se cierra en torno a la vuelta a Roma y al racionalismo clasicista en las artes, ocasionando una ruidosa polémica llevada a cabo por minorías o elites cultas presentes en las academias y en otros foros intelectuales del mundo europeo, acentuándose la aversión al arte o a la cultura barroca, denostada por sus excesos de lenguaje lo cual sirve para su rechazo por Ponz, Jovellanos y otros insignes ilustrados.Pero el siglo XVIII es época de gran desarrollo científico y es por lo que se tiende a estudiar la Antigüedad con un espíritu cientifista. Se penetra en el mundo del Oriente próximo y remoto (chinoiserie, turquerie, etc.) y se alcanza sobre todo el mundo greco-romano. El atractivo de las ruinas de la Antigüedad suscita un verdadero furor arqueológico. Los viajes de eruditos, los Libros de Viajes, las colecciones de obras antiguas, las vedute, las expediciones arqueológicas (Italia, Spalato, Palmira, Baalbek...), los grabados extensamente cultivados en la época, todo contribuye al acercamiento a los ideales clásicos y a un análisis de la sinceridad, la funcionalidad y proporción de aquellas artes y que, profundamente analizadas a través del acarreo de materiales, conforman las teorías sobre aquella estética que en sus parámetros de equilibrio y serenidad vino a ser un contrapunto a la libertad creativa mantenida por el arte barroco.Las ruinas despiertan la imaginación y los nuevos ideales se mantienen incluso por encima de las convulsiones políticas y sociales. Los descubrimientos de Pompeya y Herculano y el proteccionismo estatal de los nuevos ideales clásicos impulsarán un movimiento que se ha considerado con una firme base espiritual-estética, con un valor positivo y creador, aún inmerso en una situación indecisa y problemática en la que hubo aciertos y vacilaciones pero que suscitaría un corpus teórico de la mano de Winckelman, R. Wood, Patte, Milizia, Batteau, Cochin, Diderot, etc.Como opción intelectual, tomó diferentes caminos en cada uno de los escenarios europeos. En Francia y en Italia tuvo una vida larga y fecunda. En España, ante la falta de una tradición clásica firme, se mantuvo en un abstracto muestrario historicista que tan sólo halló cierta base sólida en el magno estilo de Juan de Villanueva. Hubo incoherencia y vacío y un querer y no ser que dura, languideciendo, hasta la formación de la Escuela de Arquitectura a mediados del siglo XIX.Para algunos, el Neoclasicismo supone una reacción ante el agotamiento del Barroco que había llegado a la cumbre en sus búsquedas estéticas. Fue sin duda un movimiento de choque o reacción que opone la norma a la libertad y a la ligereza. Pero también se analiza desde la base de una Europa en transformación ideológica, científica, social y política, e incluso el nuevo lenguaje se traduce desde la vuelta a la Naturaleza que proclama Rousseau. Por sus variadas invocaciones surge sobre un panorama de dudas e incluso de incoherencias, situándose en un perenne debate en el que se enfrentan las nuevas ideas de libertad y el culto a la normativa clásica, que se adhiere a la austera grandeza de lo antiguo, sin poder evitarse la evocación también hacia un incipiente romanticismo, creándose el clímax de un arte rígido y un arte que se expresa en formas de una inflamada poética. Como ha señalado Chueca Goitia, "ello le impedirá conquistar por largo tiempo el escenario de la cultura quedando todo en una victoria pírrica...".Los anhelos de restauración clasicista parten, en algunos investigadores, de una vuelta al período renacentista que justifica que el punto de apoyo inglés hunda sus raíces en el palladiadismo, o que lo español vuelva coyunturalmente los ojos a Juan de Herrera. Este primer paso dio lugar a una revisión de la tratadística renacentista; sin embargo, en un proceso ideológico de mayor madurez se huye de todo subjetivismo, refugiándose en una polémica filosófico-crítica de la que serán pilares el "Vitruvius Britanicus", publicado ya en 1715, y los ideales de Algarotti y Lodoli, que coinciden en sus extremos con el P.M.A. Laugier, pilares consistentes de la ideología de la Ilustración. "Lettere sopra l'architecture" (1763), "Saggio sopra l'architettura" (1753) y "Essai sur l'architecture" (1753), junto a los escritos de Frezier, Krafft, Ledoux, Boulle, Castañeda, Ponz, Diego de Villanueva o Cean, consolidan los diferentes campos teóricos del Neoclasicismo.Surge la configuración del coleccionista, del anticuario, dando paso a los albores de una nueva ciencia, con representantes de tanta estima como el Conde Caylus o la personalidad de G. B. Piranesi, el veneciano que de manera libre e interpretativa llegó a ser el símbolo del arqueólogo fantástico.Cesare Brandi escribió que el Neoclasicismo conduce a una "hibernación mortal de la emblemática clásica", insistiendo en esa especie de conservación sin vida del mundo de la Antigüedad. Como se ha señalado, tal vez ese culto abrió el camino que condujo al sentido emblemático, sacral y objetual que el movimiento tuvo en algunos de sus planteamientos, al ser el objeto clásico conceptuado fuera de su contexto.El Neoclasicismo español quedó interrumpido por la guerra de la Independencia. Sigue entrañando vaguedad, ya que el siglo XVIII termina en gran parte de sus planteamientos en un barroco clasicista que fue encarnado por Juvara, por Sachetti, por Sabatini y por Ventura Rodríguez y su amplio discipulado, en una propuesta de amplia y arraigada significación. Desde la visión renacentista fue más bien un impulso estético, una inclinación hacia la búsqueda de un ideal de belleza que halló en lo clásico su modelista idónea. El Neoclasicismo puro europeo tuvo más bien un carácter ético, de ahí tal vez que los pensadores sean por lo general eruditos, religiosos o simples filósofos, pensadores de un análisis de carácter funcional o de un funcionalismo de necesidades.España en la época de la Ilustración no elabora rigurosas doctrinas al estilo de Italia, Inglaterra o Francia, lugares donde Milizia, Algarotti, Boullée, etc., forman parte sustancial de un profundo debate. Algunas ideas fueron aportadas por Diego de Villanueva en su "Colección de diferentes papeles críticos sobre todas las partes de la arquitectura" (1766), pero de su contribución se ha dicho que fueron "especulaciones que no tenía suficiente base", lo cual no impidió su radical planteamiento contra el barroco y rococó, "contra los retableros de las Provincias", defendiendo un funcionalismo moderado.Sus argumentos son válidos en la defensa de la grandeza y simplicidad del hecho artístico, pero se mira a Villanueva como comentarista "sin ideas propias" que ofrece "una compilación indecisa de planteamientos ajenos". En opinión de Hanno Walter Kruft el tratado villanovino "resulta particularmente provinciano en tanto renuncia a la tradición española".Los planteamientos clasicistas también se vierten en la gran crónica del "Viaje por España" de Antonio Ponz. Su obra vino a ser un inventario crítico de la arquitectura y otras artes españolas, vistas desde la perspectiva de un clásico con exceso de purismo y falta de objetividad. La esfera de influencia francesa e italiana fue la que sirvió de lejano marco a la expresión artística del despotismo ilustrado borbónico, que reflejamos más adelante en los escritos de tratadística española.

Imágenes

Crucifixión Luis I