Alonso Cano, pintor

Milagro del Pozo
Época: Barroco14
Inicio: Año 1600
Fin: Año 1650

Antecedente:
Los grandes maestros de mediados de siglo

(C) Trinidad de Antonio



Comentario

La importancia de este artista en el XVII español ya ha sido señalada en páginas precedentes, en las que se ha analizado su destacada aportación a la evolución de la arquitectura en los años centrales del siglo, así como al desarrollo de la escultura granadina, en la que su estilo hizo escuela. En el campo de la pintura sus cualidades también le sitúan en una posición relevante dentro del panorama de la época, porque con su elegante y personal lenguaje enriqueció el arte español, además de definir las características estéticas de la producción granadina de la segunda mitad de la centuria.Nacido en dicha ciudad en 1601, se formó como pintor en Sevilla a partir de 1614 en el taller de Pacheco, donde coincidió con Velázquez. Durante sus años de estancia en la ciudad hispalense, que se prolongó hasta 1638, se dedicó principalmente a la escultura. Los escasos ejemplos pictóricos pertenecientes a esta etapa presentan un estilo dependiente del naturalismo tenebrista imperante por entonces en Sevilla, cercano al que también practicaba el joven Velázquez en las mismas fechas. Los contrastes de luz, la solidez formal, los contornos precisos y los modelos individualizados son las características de sus primeras obras (San Francisco de Borja, 1624, Sevilla, Museo de Bellas Artes), aunque en la década de los treinta abandonó el tenebrismo, centrando su interés en la monumentalidad de las figuras y en la búsqueda de la belleza (Santa Inés, Berlín, Kaiser Friedrich Museum, destruida en 1945), inquietudes que cristalizaron definitivamente tras su traslado a la corte en 1638, a donde fue llamado por el Conde Duque de Olivares, probablemente por sugerencia de Velázquez.Durante su estancia en Madrid su actividad estuvo fundamentalmente vinculada a la pintura, realizando poco después de su llegada varios retratos de los reyes godos (Madrid, Museo del Prado) y los de los Reyes Católicos para el Salón Dorado del Alcázar. En los años siguientes su estilo se fue definiendo en el conocimiento de las colecciones reales y en la admiración por la obra de Velázquez, influencias que resultaron decisivas en la consolidación de su lenguaje pictórico en la década de los cuarenta. Sin embargo, en este período de tiempo sufrió diversos reveses de la fortuna, primero a causa de la caída del Conde Duque en 1643, con lo que perdió a su principal mentor en la corte y después al ser considerado sospechoso en 1644 del asesinato de su esposa. Aunque se le declaró inocente, el artista marchó a Valencia durante unos meses, probablemente para acallar las habladurías y serenar su espíritu, retomando a la capital en 1645, fecha en la que contrató los retablos de la iglesia de Getafe.Desde este momento hasta 1652, año en el que fue nombrado canónigo de la catedral de Granada, Cano completó su producción madrileña, dedicada sobre todo al tema religioso. El refinamiento cromático y la fluida técnica de Velázquez inspiraron sus trabajos de esta etapa, en los que también recogió la influencia de la delicadeza formal de Correggio y de la luminosidad de los maestros venecianos. Sin embargo, la exquisita elegancia y el sereno equilibrio que presiden sus composiciones forman parte de un gusto personal, al que pertenece asimismo su interés por conseguir un tipo de belleza ideal con el que se aparta del realismo imperante en la concepción pictórica española de la época. Con este estilo, y en la década de los cuarenta, pintó algunas de sus obras más significativas, como el Cristo sostenido por un ángel y el Milagro de San Isidro en el pozo (Madrid, Museo del Prado), y el Descenso de Cristo al limbo (Los Angeles, County Museum of Art), en los que concede especial atención a la figura humana y a los tonos plateados de origen velazqueño. También en estos momentos creó su particular tipología de la Inmaculada, de delicada y mística belleza y silueta fusiforme, semejante a la que utilizó posteriormente en las obras pictóricas y escultóricas que realizó en Granada (Capilla del Oratorio de la Catedral de Granada).En 1652 marchó a esta ciudad tras conseguir el nombramiento de canónigo por parte del cabildo de la catedral, quien vio la posibilidad de aprovechar sus dotes artísticas para concluir la decoración del templo. Sus disputas con las autoridades catedralicias fueron constantes, entre otros motivos por su demora en ordenarse sacerdote, condición que cumplió durante una nueva estancia en la corte, donde permaneció desde 1657 a 1660. A su regreso a Granada concluyó uno de sus trabajos más importantes: la serie de siete grandes lienzos que decoran la parte alta de la capilla mayor de la catedral, que había iniciado antes de su viaje a Madrid. En ellos Cano da muestras de un perfecto dominio de la composición, adecuando la disposición de las figuras y la perspectiva de las escenas a su alta colocación en el templo. Destaca también en estos cuadros, dedicados a la vida de la Virgen, la luminosidad de sus fondos sobre los que contrasta la riqueza del colorido de los primeros planos, así como la utilización de recursos efectistas y decorativos que desarrolló en las siguientes décadas el pleno barroco (Nacimiento de la Virgen, Presentación, Anunciación, Visitación, etc.).Uno de sus últimos trabajos pictóricos fue La Virgen del Rosario (1665-1667, Catedral de Málaga), cuyo esquema triangular recuerda composiciones clasistas Sin embargo, en contraste con su estilo anterior, reduce en esta ocasión el canon de las figuras, que aparecen animadas por una gracia formal que anuncia ya la evolución posterior de la pintura española.

Imágenes

Cristo muerto Virgen con Niño Visión de S. Antonio de Padua Inmaculada Crucificado