Los arquitectos jesuitas y la influencia italiana

Iglesia del Colegio Imperial de Madrid. Fachada
Época: Barroco Español
Inicio: Año 1600
Fin: Año 1700

Antecedente:
El primer Barroco

(C) Trinidad de Antonio



Comentario

La actividad de los arquitectos jesuitas contribuyó a la evolución de la arquitectura española desde las formas renacentistas a las barrocas, debido a las numerosas fundaciones que la orden llevó a cabo en la Península desde las últimas décadas del XVI.La Compañía de Jesús fue uno de los principales impulsores de la creación del nuevo estilo en Italia, donde Vignola definió en el Gesù de Roma (1568) el modelo deseado por los jesuitas que después, con diversas variantes locales, se convirtió en el prototipo de iglesia barroca, porque su diseño se adecuaba exactamente a las exigencias de los ideales contrarreformísticos imperantes en el arte de la época.Con el Gesù, inspirado en el San Andrés de Mantua de Alberti, Vignola dio respuesta a la pretensión trentina de facilitar la participación de gran número de fieles en las funciones litúrgicas, creando un tipo de iglesia congregacional. La planta, de cruz latina, con una sola nave y capillas laterales intercomunicadas, presenta un esquema longitudinal pero con una pronunciada integración espacial, lograda mediante el protagonismo del centro fundamental señalado por la cúpula sobre el ancho y corto crucero. Se configura así un amplio y unitario espacio para facilitar la congregación de los fieles, su participación en los actos litúrgicos y la difusión y propaganda de la fe católica. La fachada (1575), obra de Giacomo della Porta, está concebida como un organismo autónomo en función del ámbito urbano y como un foco de atracción. Dividida en dos pisos, el inferior presenta una disposición de arco triunfal, mientras el superior, coronado por amplio frontón, es de dimensiones más reducidas, uniéndose ambos cuerpos mediante grandes volutas laterales.Este modelo de iglesia fue el utilizado habitualmente por la Compañía, contribuyendo a su difusión en España la presencia en la Península del jesuita italiano Giuseppe Valeriani, que trazó y dirigió diversas obras en Segovia, Palencia y Valladolid. Precisamente quizás sea suya la fachada de la Colegiata de Villagarcía de Campos (Valladolid), que comenzó a construirse con planos de Rodrigo Gil de Hontañón en 1572, y que para algunos especialistas supone el comienzo de esta tipología en España.Uno de los primeros ejemplos del XVII más vinculados al diseño italiano es la iglesia de la Compañía en Alcalá de Henares (1602-1620; actual Santa María), probablemente trazada por el jesuita Bartolomé de Bustamante, aunque la construcción la inició Gaspar Ordoñez, y en el alzado debió de intervenir Francisco de Mora. También en los años iniciales de la centuria trabaja el arquitecto jesuita Pedro Sánchez (1569-1633), quien comenzó su carrera en Andalucía donde empezó a ser estimado por su habilidad como tracista. En 1619 fue llamado a la Corte para diseñar la iglesia de la Casa Profesa de Toledo, antes San Ildefonso y ahora San Juan Bautista, y la del Noviciado, fundada en Madrid por la marquesa de Camarasa. En la obra de la Ciudad Imperial siguió el modelo jesuítico, disponiendo sendas sacristías ovales flanqueando el presbiterio. El proyecto sufrió diversas demoras y la primera piedra no se puso hasta 1629, siendo el también jesuita Francisco Bautista quien dirigió realmente los trabajos, que no concluyeron por completo hasta 1765. La fachada presenta una clara relación con la de la iglesia de la Compañía de Alcalá de Henares, aunque en esta ocasión el frontón de remate ha sido sustituido por una hornacina flanqueada por balaustradas, mientras dos altas torres aparecen tras los aletones del cuerpo superior. Su trabajo en el Noviciado fue totalmente alterado cuando el edificio se convirtió en sede de la Universidad Central en el siglo XIX.La iglesia del Colegio Imperial, fundado por la emperatriz María de Austria (actual catedral de San Isidro), es su obra más significativa en Madrid. Iniciada en 1622, cuando el arquitecto murió el edificio estaba levantado hasta la cornisa, presentando una concepción dependiente del modelo jesuítico definido en el Gesù de Roma. Le sucedió en la dirección de los trabajos el también jesuita Francisco Bautista, a quien se debe parte del alzado y de la fachada, y la cubierta del templo, que fue consagrado en 1651.Mientras Sánchez trabajaba en esta última iglesia también construyó la de San Antonio de los Alemanes (1624-1633), en la que utilizó una planta oval desarrollada sobre su eje longitudinal, buscando los efectos dinámicos y expresivos propios de la plenitud barroca. En las últimas décadas del siglo su interior fue pintado al fresco por F. Rizi y Carreño (cúpula, 1665-1668) y Lucas Jordán (muros, hacia 1699), con el espectacular estilo decorativo que predominó en la fase final del Barroco.Si Pedro Sánchez fue una figura clave para el desarrollo de la arquitectura madrileña de los años veinte, su compañero de orden Francisco Bautista (h. 1594/96-1679) consolidó la influencia de los modelos italianos en la zona central de la Península. Su trayectoria artística la inició como escultor y entallador, siendo obras suyas el baldaquino de la iglesia de monjas bernardas de Alcalá de Henares y el retablo del templo de la Compañía de la misma localidad (1629-1633). Formado con Sánchez como arquitecto, continuó tres de sus obras tras su muerte: la iglesia de la Casa Profesa de Toledo, el Noviciado de Madrid, comenzado en 1636, y la iglesia del Colegio Imperial también de la capital. En esta última Bautista mantuvo la línea italianizante del edificio, mostrando un claro interés por los elementos decorativos. Así se aprecia en el diseño de los capiteles, en los que definió una personal fórmula utilizando doble hilera de hojas de acanto con molduras de ovas. Concebidos con gran libertad, según Ceballos son de origen retablista o carpinteril. Destaca también la monumentalidad de la fachada, recorrida por pilastras y columnas de orden gigante, en las que aparecen sus típicos capiteles. Dos torres con balaustrada intermedia rematan el conjunto.Mención especial merece la gran cúpula que levantó Bautista sobre el crucero, creando el primer ejemplo de la llamada cúpula encañonada. Se trata de una falsa cúpula formada por un armazón de madera recubierto de yeso, que podía apoyarse por su ligereza en muros de escaso grosor, lo que abarataba considerablemente el coste de la obra. Por este motivo, coincidente con la precaria situación de la economía española de la época, alcanzó gran éxito, y su uso se generalizó en la arquitectura madrileña a lo largo del siglo XVII.Entre sus últimos trabajos destacan el diseño de la iglesia parroquial de Valdemoro (1658-1660), construida por Melchor de Bueras y el de la capilla del Cristo de los Dolores de la Venerable Orden tercera de Madrid (1662-1668), realizada por Marcos López y Luis Román.

Imágenes

Convento de Santa Teresa (Avila) Catedral de Calahorra (Rioja)