Del Románico Pleno al Tardorrománico

Iglesia de San Juan de Duero (Soria). Claustro


Comentario

Durante el último tercio del siglo XI, un grupo de edificios que se construyen en Francia y en España aparecen caracterizados por unas formas que responden a un nuevo concepto de la arquitectura. Se puede decir que, tras una serie de experiencias, ha cristalizado el estilo románico. Ahora sí será un estilo que se pueda generalizar a la totalidad de las artes. El nuevo lenguaje plástico acabará con los núcleos de resistencia que otras formas artísticas oponían para perpetuarse en sus propias tradiciones locales.
Los reinos hispánicos occidentales que habían permanecido impermeables al primer románico, se sumarán ahora a puestos de vanguardia del nuevo estilo. La arquitectura anglosajona desaparecerá ante la superioridad de los edificios que levantaban los invasores normandos siguiendo las formas del románico continental. La excelente tradición pictórica inglesa facilitará una rápida identificación con las formas de la nueva pintura románica, llegando a convertirse pronto en verdaderos impulsores de un arte románico que ejercerá gran influencia en el devenir del estilo. Las tierras del Imperio, con una importante tradición, se mostrarán reacias a la adopción de las nuevas fórmulas, pero lentamente, a lo largo del XII, irán asimilándolas. Desde el territorio renano se expandirá el estilo hacia el Este y hacia el Norte. Aquí, a las naciones escandinavas, también llegarán los influjos del arte románico anglonormando. Italia participará pronto del lenguaje generalizado del pleno románico, incluso en el campo de la pintura jugará un papel protagonista fundamental en la difusión de formas bizantinas de gran trascendencia en la definición de la evolución del estilo. Con los caballeros cruzados el románico traspasará el mar y llegará a Tierra Santa.
Desde el tercio final del XI hasta mediados del XII, toda la Europa cristiana del momento adopta un lenguaje plástico común, de Lisboa a Tierra Santa, de Escandinavia a la España cristiana. ¿Cómo se explica esta unidad de las formas en una geografía que se ha consolidado con unas fronteras que definen los territorios, no ya sólo de Estados, sino de un amplio mosaico de señoríos feudales? Aunque sería necesario una respuesta compleja a esta pregunta, sí podemos indicar tres factores que fueron determinantes: la actuación de monjes pertenecientes a movimientos reformadores, la reforma gregoriana y los caminos como constantes vías de comunicación.
Desde la segunda mitad del X, en distintos monasterios se produce un afán reformador de las viejas reglas monásticas. Entre todas ellas serán los cluniacenses y los gorcienses los que desarrollarán un amplio proyecto de expansión por Europa con numerosas fundaciones. Ya en el siglo XII la influencia de los cistercienses fue también considerable. Estos nuevos monasterios se constituirán en centros de difusión de la cultura material e intelectual de su casa de origen. La nueva fundación propiciará la aparición de un taller de construcción que lleva a cabo la edificación de la iglesia y de las dependencias monásticas. Estas obras transmitirán formas nuevas, así como un determinado mensaje ideológico a través de las decoraciones pictóricas y escultóricas. El escritorio no sólo se dedicará a ilustrar libros, sino también documentos importantes que servirán de difusores de un renovado mensaje iconográfico. La misma renovación apreciaremos en todas las obras relacionadas con la orfebrería.
El pontificado, apoyado en la actividad de algunos de estos movimientos monásticos, inició una labor de reforma del clero secular, haciendo prevalecer la autoridad del Papa de Roma. La coronación pontificia de León IX, el 12 de febrero de 1049, marcó el comienzo efectivo de la reforma pontificia. Con Gregorio VII (1073-1085) se dio el impulso definitivo. De esta manera se comenzará a renovar las sedes episcopales, estableciéndose en ellas una actividad similar a la que existía en los monasterios. De hecho, muchos de los obispos reformadores correspondían al estamento monacal.
Las reformas monástica y pontificia contribuyeron a acabar definitivamente con las liturgias nacionales que todavía sobrevivían. En los territorios hispanos, la vieja liturgia visigoda y sus tradicionales reglas monásticas fueron sustituidas por la romana y los monjes negros de Cluny.
La sustitución se produjo escalonadamente: primero, desde el último tercio del X, en los condados catalanes; un siglo después se producirá el cambio en los reinos occidentales. De la importancia de este factor como difusor del románico el ejemplo hispano es bastante elocuente: la cronología de la reforma litúrgico-monástica coincide exactamente con la introducción del nuevo estilo.
Para el Este y Norte de Europa tuvo una considerable importancia la labor evangelizadora de las órdenes misioneras. La conversión al cristianismo de estos territorios supuso su entrada en la cultura occidental de raíz romana. Desde finales del XI se produce una enorme campaña constructora de templos y monasterios que establecen el organigrama de la estructura religiosa. Como la tradición local era incapaz de realizar estas obras en piedra, no sólo se importaron las ideas, sino que hubo que llevar mano de obra foránea.
La movilidad de los grupos humanos durante los siglos del románico fue considerable. Con este movimiento de las gentes se consiguió una mayor internacionalización del mundo de las ideas.
Los francos pasaban los Pirineos en busca de nuevas tierras en los reinos hispanos, que, a su vez, ampliaban su territorio sobre el Islam. Normandos y anglosajones cruzaban continuamente el canal favorecidos por una corona común. Renanos y mosanos veían en el Norte y en el Centro de Europa la posibilidad de ejercer más lucrativamente sus oficios. Los peregrinos de todas las condiciones sociales recorrían los caminos que conducían a Tierra Santa, Roma o Santiago de Compostela. El clero regular y los monjes acudían a sínodos generales en diferentes lugares.
A mediados del siglo XII surgió en Francia una nueva forma de construir los edificios y una tendencia naturalista de representar las imágenes; se manifestaban así las primeras creaciones del gótico. A partir de este momento se iniciará un muy lento proceso de difusión del mismo.
Hasta el siglo XII no se emprenderá la realización de importantes edificios con el nuevo estilo fuera del territorio de Francia. Durante un cierto tiempo se yuxtapondrán formas góticas sobre estructuras románicas; es una etapa de transición en la que los elementos puramente arquitectónicos se diferencian claramente, no así los elementos figurativos que se emplean como complemento monumental, que adoptan formas confusas de difícil catalogación estilística.
Este arte figurativo que responde a varios influjos, el arte antiguo como modelo directo, una corriente bizantinizante emanada de las creaciones de los Comnenos e inclusive una cierta factura manierista, convive con la pervivencia inercial y arcaizante del románico pleno.
La manera de denominar correctamente esta etapa es tremendamente complicada, pues, en estricto sentido, cada una de estas creaciones tiene una explicación plástica e ideológica diferente, lo que hace que no se acepte unánimemente una determinada adjetivación. Expresiones como estilo 1200, período de transición, manierismo románico, primer Gótico son, entre muchas, las más utilizadas por los especialistas. Todas ellas tienen sus pros y sus contras, sin embargo, creo que la menos comprometida para calificar estas obras, si es que no se pueden clasificar como góticas, es el de tardorrománico.

Imágenes

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