El Japón entra en escena

El acorazado West Virginia arde tras el ataque japonés a Pearl Harbour
Época: II Guerra Mundial
Inicio: Año 1941
Fin: Año 1941

Antecedente:
Los aliados reaccionan

(C) Isabel Cervera



Comentario

Japón se desarrollaba difícilmente en un Asia cuyos mercados estaban cerrados por el imperialismo europeo protegido por el poderío naval americano y británico. Para los estrategas nipones, el ataque a la US Navy era un objetivo primordial para romper este cerco. Iniciada ya la guerra en Europa, el almirante Yamamoto había estudiado la experiencia del ataque británico a Tarento y decidió aplicar su método. Una flota japonesa (Nagumo) de seis portaaviones y 423 aparatos acompañados por buques de escolta y petroleros se aproximó a Pearl Harbor, base naval norteamericana en las islas Hawai, donde no se encontraba ninguno de los tres portaaviones americanos pero sí ocho acorazados.
A las 7,55 del domingo 7 de diciembre de 1941 los aviones cayeron por sorpresa sobre la rada de Pearl Harbor y, en algo más de una hora causaron unas 4.000 bajas, de ellas unos 2.400 muertos, y pusieron fuera de combate ocho acorazados, tres cruceros, tres destructores, ocho buques auxiliares y unos 270 aviones, retirándose con escasos daños. Casi simultáneamente, otras escuadrillas japonesas bombardearon Singapur, Filipinas, Guam y Wake. El 8, Japón, el Ejército japonés ocupó Shangai, lanzó paracaidistas sobre Luzón, desembarcó en Tailandia y la aviación destruyó en tierra gran parte de los aviones americanos en Filipinas y comenzó entonces a buscar a la escuadra británica. El 10 encontró al acorazado Prince of Wales y al crucero de batalla Repulse, núcleo de la flota británica de Extremo Oriente, y los echó a pique.
Los 12.000 soldados británicos de Hong Kong fueron atacados por sorpresa y cayeron prisioneros el día de Navidad de 1941 y los japoneses se lanzaron sobre Guam, Luzón, Borneo y Wake. Quedaba Singapur, perfectamente artillada y equipada, aunque, como base naval, sus defensas sólo se orientaban al mar, despreciando el estrecho canal que la separaba de tierra firme, por donde jamás se pensó que pudiera llegar el enemigo. Sin embargo, desde sus bases de Indochina, una fuerza de 110.000 soldados japoneses (Yamashita) inició un avance a lo largo de la península de Malaca guarnecida por 90.000 ingleses, indios, australianos y malayos, carentes de tanques y dispersos en guarniciones.
Los japoneses, con cuatro veces más aviones, iniciaron múltiples ataques aéreos y desembarcos, con los mismos efectos psicológicos que había logrado la blitzkrieg de Hitler. Sus columnas, protegidas por aviones y tanques, avanzaron por la carreteras mientras su transportes navales navegaban a lo largo de la costa, en aguas abandonadas por los ingleses tras el hundimiento del Prince of Wales y el Repulse. En cincuenta y cuatro días y con menos de 5.000 bajas, conquistaron toda la península y capturaron 25.000 prisioneros. Recorrieron 700 kilómetros a pie o en automóviles y bicicletas requisadas sobre el terreno, hasta que su vanguardia de 30.000 hombres llegó al canal de Singapur y el general Yamashita decidió atacar sin esperar a que llegara el resto de sus tropas.
La guarnición (Percival) era una heterogénea fuerza de 85.000 ingleses, australianos, indios, chinos y malayos, más propios de una campaña colonial que de una guerra moderna, hasta el extremo de no disponer de una sola escuadrilla de Hurricanes, y con la moral carcomida por la retirada de Malaca, la pérdida de los buques y los incesantes ataques aéreos. En plena noche, la primera oleada japonesa cruzó el canal en embarcaciones de fondo plano. Con ellos navegó toda clase de esquifes requisados. A los defensores les fallaron los reflectores, muchas transmisiones y hasta la barrera de artillería y los japoneses se extendieron por la isla de Singapur, de 581 kilómetros cuadrados, cortando los suministros y el agua de la guarnición. El general Percival capituló al cabo de una semana.
De conquistar Filipinas se encargó una fuerza japonesa de 60.000 soldados (Homma) que zarpó de Formosa y cuya vanguardia llegó a Luzón el 10 de diciembre de 1941. El general Mac Arthur decidió mantenerse en defensiva en la península de Batán y la isla de Corregidor, que cierran la bahía de Manila. Entre tanto, unos 100.000 civiles se refugiaron en Batán, donde el mando norteamericano calculaba poder alimentar hasta 40.000 personas.
Manila fue declarada ciudad abierta y los japoneses la ocuparon el 30 de diciembre, comenzando muy pronto sus ataques contra Batán y Corregidor, mientras las enfermedades tropicales diezmaban ambos bandos. El 11 de marzo Mac Arthur abandonó Corregidor hacia Australia y el 26 partió también el presidente Quezón. El 3 de abril de 1942, tuvo éxito un ataque japonés contra Batán, cuyo mando (King) se rindió seis días más tarde. La artillería japonesa se instaló en la península para disparar cómodamente contra Corregidor, a sólo dos millas de distancia. El castigo acabó con la capacidad defensiva de la guarnición, ya muy dañada por las enfermedades, hasta que, en la noche del 5 de mayo de 1942, los japoneses desembarcaron en la isla, cuyo comandante (Wainwright) rindió todas las fuerzas americanas de las islas. No obstante, algunos pequeños grupos desobedecieron la orden de rendirse e iniciaron una guerra de guerrillas en la jungla.
Los japoneses quedaron con las manos libres y uno de sus destacamentos ocupó, en diciembre, el aeródromo británico de Tenasserin (Birmania); su aviación bombardeó Rangún y, a mediados de enero, partió de Tailandia una fuerza de 15.000 hombres (Iida) en dirección a Birmania. Allí se enfrentaron a dos batallones ingleses, una brigada india y una fuerza birmana recién reclutada; apoyados por una fuerza aérea tres veces inferior a la japonesa, los británicos perdieron la iniciativa ante la movilidad y audacia enemigas. El 6 de marzo de 1942 los ingleses abandonaron Rangún, retirándose hacia la India, a unos 300 kilómetros, y abandonando en el camino los carros de combate y gran parte del equipo. El 27 de febrero fue destruida la escuadra holandesa (Doorman) y la marea japonesa se extendió a Timor, Java, parte de Nueva Guinea y las islas Salomón.
Los ingleses prepararon un plan para atacar nuevamente en noviembre, durante la estación seca, contando con las tropas chinas de Yunan y las refugiadas en Assam (India). En diciembre de 1942, Wavell inició un avance en Arakan, que cortaron los japoneses; más tarde, el general Wingate formó los llamados Chindits, guerrilleros destinados a combatir en la jungla que, en febrero de 1943, se introdujeron en Birmania sembrando la alarma, aunque perdieron la tercera parte de sus hombres.
La estrategia japonesa estableció en las Marianas, Carolinas y Marshall una red de bases aéreas cuyos aviones se protegían recíprocamente, mientras la Marina quedaba como reserva. Como cobertura creó un Consejo de la Gran Asia y un Ministerio específico, pero las necesidades militares se impusieron y el Ejército fue el verdadero administrador del Imperio. La idea de que un pueblo de color era siempre superior a los antiguos colonialistas blancos logró captar a prestigiosos nacionalistas y anticolonialistas que aceptaron formar Gobiernos colaboracionistas, entre ellos Subbas Chandra Bose, presidente del partido del Congreso indio en 1938-1939, que en 1943 estableció en Singapur un Gobierno colaboracionista y un ejército de indios prisioneros que operó en Birmania; Wang Ching-Wei, líder del ala izquierda del Koumintang, que en 1940 estableció un Gobierno projaponés en Nanking y Aung San, secretario general del partido independentista birmano en 1939, que en 1941 formó el colaboracionista Ejército de Liberación de Birmania, se pasó a los aliados en 1945 y fue primer ministro de la Birmania independiente en 1947.
El estallido de la campaña asiática preocupó a los británicos por la pérdida de sus regimientos, barcos y colonias y por entretener a los norteamericanos en dos frentes. Con más razón desde que los submarinos alemanes actuaban cerca de las costas de América, escasamente protegidas. Jamás fueron más de una docena, pero, sumergidos en la oscuridad, vigilaban con sus periscopios y atacaban de día desde la superficie. Hundieron numerosos mercantes, sobre todo petroleros, y la US Navy se vio obligada a retirar muchos escoltas de los convoyes ingleses para proteger sus propias costas.
En agosto de 1942, la Kriegmarine contó con unos 300 submarinos, la mitad operacionales y muy perfeccionados: nuevas soldaduras aumentaban la resistencia a las cargas de profundidad, los petroleros submarinos permitían repostar en cualquier lugar y los llamados cruceros submarinos desplazaban 1.500 toneladas, con un radio de acción de 30.000 millas. Aquel mes hundieron más de 500.000 toneladas y, cuando cinco grandes mercantes brasileños fueron a pique, los aliados lograron la entrada en guerra de Brasil, que les cedió bases para controlar el Atlántico Sur. En la segunda mitad del año, los alemanes renovaron los métodos de ataque en manada y, en noviembre, echaron a pique 729.000 toneladas. La penuria inglesa comenzó a ser preocupante, sus importaciones que eran sólo 2/3 de las de 1939 y el ritmo de botaduras, respecto a los hundimientos, registraba un déficit de un millón de toneladas, a pesar de que la ayuda norteamericana permitía a Londres mantener un programa de construcción naval siete veces mayor.

Imágenes

Tojo, ministro japonés de Guerra y primer ministro El West Virginia, semihundido y en llamas,  y el Tennessee en Pearl Harbour Formación de buques de guerra estadounidenses Nimitz, almirante estadounidense Ozawa, almirante japonés