Los objetos representados

Astarté tartésica de El Carambolo
Época: tartessos
Inicio: Año 1 A. C.
Fin: Año 1 D.C.

Antecedente:
Las estelas de guerreros

(C) Lorenzo Abad y Manuel Bendala



Comentario

En ningún caso las representaciones de las estelas de guerreros están carentes de criterio compositivo, como si se tratase de un conjunto de motivos amontonados o desordenados, rasgo fundamental para el correcto entendimiento de las estelas. El primer paso con ese propósito -cumplido el de la clasificación tipológica- sería el reconocimiento y la valoración de los objetos representados. Es una primera tarea no carente de dificultades ni de riesgos por lo sumario de las representaciones: una espada puede quedar reducida a una simple línea. El conjunto de las armas responde a la panoplia propia del Bronce final, con largas espadas, lanzas, cascos de cimera y de cuernos, arcos y flechas y escudos redondos. Son tipos muy repartidos por toda Europa, como consecuencia de la internacionalización de los contactos en esta época.
Pese a las dificultades del análisis anticuarístico, los elementos más claramente reconocibles y adscribibles con posibilidades a una determinada cultura, remiten al Mediterráneo oriental, entre ellos los cascos de cuernos, los escudos con característica escotadura en V, o los instrumentos musicales de cuerda. El primero de éstos que se conoció, en la estela zaragozana de Luna, responde a un modelo muy cercano a la forminge, una lira primitiva del Geométrico griego, aunque su mayor número de cuerdas hace pensar en tradiciones más antiguas, propias de las culturas minóica y micénica. Al mismo tipo pertenecen las liras representadas en estelas más recientemente descubiertas, en Zarza Capilla (Badajoz) y Quinterías (Herrera del Duque, Badajoz). Por su parte, el análisis de los carros conduce a conclusiones parecidas; se representa siempre según un esquema convencional, a vista de pájaro, y yuxtaponiendo sus elementos constitutivos en una elaborada imagen conceptual; es el típico carro mediterráneo de dos ruedas, y no de cuatro -más propio éste del mundo céltico-, como se pensó alguna vez confundiendo con ruedas las barandillas de, subida a la caja del carro. Sus prototipos se encuentran también en las culturas micénicas y de la Grecia geométrica.

Imágenes

Jarro tartésico