Italia en tiempos del milagro

Cartel electoral del Partido Comunista Italiano
Época: Inestable coexist
Inicio: Año 1945
Fin: Año 2000

Antecedente:
Europa, estabilidad y progreso

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Comentario

En Italia la fórmula política de Gobierno que se siguió practicando en los años sucesivos a la desaparición de De Gasperi fue, con matices, idéntica aunque en ocasiones el apoyo de los partidos laicos fuera externo al Gobierno. No obstante, el talante de algunos de los sucesores de De Gasperi, como Pella, Scelba y Segni fue más conservador. En el período entre 1953-1958 hubo seis Gobiernos, lo que testimonia una inestabilidad que venía multiplicada por el hecho de que en la Democracia Cristiana se hicieron presentes hasta cinco corrientes distintas. Éste fue el período en que el partido, bajo la secretaría de Fanfani, se organizó, vertebrando masas ciudadanas gracias a sus vínculos con la Acción Católica, que disponía de más de dos millones y medio de afiliados, y merced a una amplia penetración en la vida social a través, por ejemplo, de la asociación de cultivadores directos en el medio rural. Tras la desaparición de De Gasperi y la retirada de otro de los grandes líderes de los momentos fundacionales, Dossetti, se produjo un importante relevo generacional. En esa segunda generación de dirigentes democristianos la preocupación social se acentuaba y ello, sin duda, contribuyó a facilitar en el período posterior la llamada "apertura a sinistra".
Sin embargo, otros factores contribuyeron también a prepararla. Los comunistas experimentaron una primera crisis como consecuencia de la invasión soviética de Hungría en 1956. Togliatti, sin duda por entonces el líder más destacado del comunismo en la Europa occidental, acuñó la tesis de que existía una "vía italiana al socialismo" para desvincularse de lo que venía sucediendo en el Este de Europa pero era todavía demasiado pronto como para que ese tipo de heterodoxia fuera aceptada por las fuerzas democráticas y, por tanto, el PCI permaneció aislado. Más decisiva fue la evolución experimentada por el Partido Socialista que, como consecuencia de la política unitaria seguida por Nenni, había perdido el primer puesto en el seno de la izquierda italiana y, con él, el peso determinante en el mundo sindical. Ya en 1955, Nenni se dijo partidario de la ampliación de los Gobiernos democristianos hacia la izquierda. Ese mismo año hubo una premonición de que así podía producirse cuando el candidato oficial de la DC a la presidencia de la República fue sustituido, gracias a los votos "laicos" y socialistas, por un representante de la izquierda del partido, Giovanni Gronchi. En términos políticos, el final de la época de los cincuenta representó, por la inestabilidad y la sensación de que los demócratas cristianos no querían apoyarse en la derecha pero tampoco se decidían a colaborar con la izquierda, una fase de transición.
A estas alturas, por otro lado, estaba resuelta de manera definitiva la cuestión del alineamiento de Italia con el mundo occidental. En octubre de 1954 quedó definitivamente solucionada la cuestión de Trieste que había hecho reverdecer tensiones nacionalistas de antaño. El apoyo occidental contribuyó en una proporción significativa a que Italia obtuviera la mayor parte de la población y del territorio en disputa. El reparto con Yugoslavia se hizo atendiendo a la frontera lingüística y étnica y resolvió la última cuestión pendiente de la etapa bélica.
Por otro lado, ya habían desaparecido los últimos temores de los aliados occidentales respecto a Italia. Truman, por ejemplo, había llegado a juzgar a Italia como un país poco merecedor de ser aliado y al que, por tanto, no cabía otorgar ningún papel relevante en el sistema de alianzas defensivas occidentales. Esa posición coincidía con actitudes de fondo respecto a la política exterior de una parte de los grupos políticos italianos que tenían una vocación neutralista o de ausencia de compromiso con una gran potencia. Sin embargo, la política de De Gasperi muy pronto se identificó con el mundo occidental y, bajo la égida del ministro de Exteriores, Conde Sforza, ya desde 1949 se alineó con la OTAN y desde 1952 con la Comunidad del Carbón y del Acero, de la que surgiría el Mercado Común. No se puede decir que De Gasperi fuera un europeísta tan temprano como Schumann o Adenauer, pero se incorporó a tal ideario a la altura de comienzos de los años cincuenta.
Es significativo que el tratado fundacional del Mercado Común fuera suscrito en la propia Roma en marzo de 1957, como reconocimiento al papel desempeñado por Italia en la gestación de la unión económica. Con el transcurso del tiempo se fue produciendo una evolución del resto de los grupos políticos no pertenecientes a la coalición gubernamental hacia posiciones semejantes. En 1955 los socialistas aceptaron la OTAN y aunque se abstuvieron en lo relativo al Mercado Común aceptaron, sin embargo, el Euratom. Los propios dirigentes sindicales de inspiración comunista no tenían inconveniente en considerar positiva la nueva organización, a pesar de que el PCI la identificaba con el capitalismo.
El Mercado Común constituye una de las razones que permiten explicar el desarrollo económico italiano a partir de finales de los años cincuenta, celebrado como si se tratara de un auténtico "milagro". El volumen y la rapidez del crecimiento italiano durante la época merecen, sin duda, tal denominación puesto que entre 1958 y 1963 la tasa anual de crecimiento, del orden de casi el 7%, fue algo superior a la alemana y sólo inferior en todo el mundo a la japonesa. Hasta el período abierto con esa primera fecha el crecimiento había permanecido alrededor del 5%.
Toda una serie de precondiciones contribuyeron a hacer posible el despegue italiano. Hubo, en primer lugar, un período de reconstrucción en que se combatió la inflación y se estabilizó la moneda. De Gasperi siempre consideró que debía dejar en manos de economistas liberales la cartera de Hacienda y eso fue, en definitiva, lo que hizo al entregársela a Einaudi: era la forma de asociar al tripartito un cuarto partido (el del dinero). De esa manera, se asentaron las bases de una economía de mercado pero hubo también otros factores coadyuvantes. El primero de ellos fue la aportación de la ayuda americana a través del Plan Marshall. Italia recibió algo más del 10% del monto total de esa ayuda, cifrable en unos 3.500 millones de dólares en el período 1943-1952, de los que la mitad eran donativos. Eso permitió iniciar la reconstrucción y emprender una serie de inversiones en las áreas más deprimidas. La "Cassa del Mezzogiorno" pudo renovar las infraestructuras del Sur deprimido. La reforma agraria desarrollada en algunas zonas del Sur (principalmente, en Calabria) afectó a unas 750.000 hectáreas y supuso la instalación de 110.000 familias pero el verdadero cambio en el medio agrícola se produjo como consecuencia de la masiva emigración del campo a la ciudad. A comienzos de los sesenta, aun habiendo aumentado la productividad agrícola, el mundo agrario sólo representaba el 13% de la renta nacional.
El crecimiento italiano fue producto de una serie de factores que van desde la existencia de una mano de obra barata hasta la apertura de la economía a los mercados exteriores gracias a la desaparición del proteccionismo. Entre 1950 y 1970 se ha calculado que mientras la renta francesa y británica sólo crecía un tercio la italiana se multiplicó por 2.3. El papel del Estado en este proceso fue importante y, al mismo tiempo, peculiar. Contribuyó a crear la infraestructura necesaria en el Sur a través de inversiones pero también gracias a las empresas públicas procedentes del intervencionismo de la era fascista. El IRI (Instituto de Reconstrucción Industrial) era la segunda empresa europea y gracias a la reforma de la siderurgia proporcionó los instrumentos para disponer de ese acero barato que hizo posible la civilización del Fiat 600. Una modesta empresa de explotación del gas del Valle del Po se convirtió en una gigantesca corporación petrolífera capaz de obtener en buenas condiciones yacimientos a explotar en el Medio Oriente (ENI=Ente Nazionale dei Idrocarburi). Pero el crecimiento industrial italiano no fue obra tan sólo de gerentes de empresas públicas sino también de grandes empresas privadas dedicadas a la exportación, aparte del consumo interior (además de la FIAT, el material de oficina de Olivetti o los electrodomésticos de Zanussi).
El resultado fue impresionante, afectando a la sociedad italiana de manera decisiva. El cambio más espectacular estuvo constituido por la modificación en la distribución de la población. En los años cuarenta y cincuenta la emigración trasatlántica ofreció un saldo negativo superior al millón de personas; después de esta fecha la emigración se dirigió principalmente a Europa, en especial a Alemania y Suiza. Más decisiva todavía fue la que tuvo lugar desde el medio rural al urbano: en la década de los cincuenta más de diez millones de italianos cambiaron de residencia. El espectáculo de los cambios sociales producidos como consecuencia de este proceso migratorio se aprecia, por ejemplo, en la película de Visconti Rocco e i suoi fratelli.
Mientras tanto, desde fines de los años cincuenta comenzaron a apreciarse indicios de cambios importantes en la Italia política. Las elecciones de 1958 supusieron un retroceso de esas tendencias de extrema derecha surgidas a comienzos de la década. Tanto la Democracia Cristiana como el Partido Socialista incrementaron levemente su votación mientras que el Partido Comunista parecía estancado. Pero lo más significativo desde el punto de vista político fue el hecho de que resultara creciente la influencia de los sectores de izquierda en el seno del primer partido y de aquellos que no querían ningún contacto con los comunistas en el segundo. Ambos hechos nos remiten a la posterior evolución de la política italiana.

Imágenes

Italianos pegando carteles contra la entrada de Italia en la Alianza Antlántica