La restauración inglesa

Guillermo III de Inglaterra, por Jan Wyck
Época: fin siglo XVII
Inicio: Año 1660
Fin: Año 1789

Antecedente:
El fin del siglo XVII

(C) Antonio Blanco Freijeiro



Comentario

Artífice en gran medida del regreso de la Monarquía fue la fracción del ejército realista liderada por el general Monk, que convocó para ello una reunión de parlamentarios de tendencias afines que rápidamente proclamaron el restablecimiento de la Corona, llamándose a continuación al exiliado Carlos II para que subiera al trono. Los excesos puritanos y el desorden generado tras la muerte del dictador propiciaron la llegada de un nuevo soberano, que durante las dos décadas y media que estuvo reinando volvería a tropezar con obstáculos similares a los que sufrieron sus antecesores inmediatos. Al igual que ellos, tuvo plena aceptación en los primeros momentos de su reinado; apoyo y simpatía que del mismo modo perdería al poco tiempo, teniendo que enfrentarse casi de inmediato a los problemas políticos, fiscales y religiosos no resueltos que, una vez más, iban a socavar las bases de una pretendida soberanía de corte absolutista.
Frente al rigorismo impuesto por los puritanos en la etapa anterior, se desató una oleada de un mal entendido liberalismo y relajación en las costumbres que en la Corte se reflejaba en las prácticas aristocráticas tradicionales y en la prodigalidad de que hizo gala el monarca, circunstancia que tan negativamente iba a influir en las finanzas reales. Respecto a la espinosa cuestión religiosa, se volvió de nuevo al reconocimiento oficial de la iglesia anglicana (proclamación del "Bill de uniformidad" en 1662), decisión que perjudicó especialmente a los pastores puritanos y a los seguidores presbiterianos, que vieron cómo se les imponía otra vez el episcopalismo, incidiendo con menor agresividad en los católicos esta toma de posición real por la relativa tolerancia de que se beneficiarían en el transcurso del reinado, hecho vinculado a las simpatías del monarca por el credo católico, que se concretaría de forma pública, como va lo habían hecho los anteriores Estuardos, con su casamiento con una princesa católica, en este caso Catalina de Portugal.
Otro factor que le retrajo muchos apoyos a Carlos II fue su política exterior, especialmente los acuerdos con la Francia de Luis XIV, que suponían a la vez el enfrentamiento con Holanda. No se aceptaban bien unas relaciones de amistad con una potencia católica que llevaban a luchar contra unos vecinos protestantes. Desde el Parlamento se frenó siempre que se pudo esta tendencia pro-francesa, todavía más por la amenaza que planteaba de un Posible predominio del catolicismo y por los apoyos económicos de Luis XIV a la Corte inglesa, que permitían en cierta medida una política autónoma de Carlos II respecto al control parlamentario de los recursos de la Hacienda real.
La tensión entre el Parlamento y el monarca no dejó de crecer durante el reinado, poniéndose de manifiesto repetidas veces en forma de disposiciones parlamentarias que iban en contra de determinadas decisiones regias. Así ocurrió, por ejemplo, en las dos suspensiones de las hostilidades contra Holanda planteadas en 1666 y 1674; en la oposición de los diputados a aceptar la "Declaración de indulgencia" (1672) dada por Carlos II en favor de los católicos, a los que se les debía dar un trato especial en materia religiosa; en la aprobación del "Bill del Test" (1673), que obligaba a todos los funcionarios públicos al acatamiento de las directrices anglicanas y al rechazo de otros credos, medida que se llevaba hasta sus últimas consecuencias en 1679 al imponer la privación a Jacobo Estuardo, católico convencido, hermano y heredero del soberano, de todas sus prerrogativas y derechos como tal sucesor. Contrario al absolutismo monárquico de Carlos II, el Parlamento también aprobó en este mismo año de 1679 la normativa del "Habeas corpus" en defensa de las libertades individuales. Dos años después, en vista de la continua oposición parlamentaria y ante el triunfo electoral de los whigs, partidarios de dotar a la Asamblea con mayores poderes en perjuicio de la potestad del monarca, Carlos II decidió suprimir la actividad del Parlamento, gobernando en solitario a partir de entonces y hasta el momento de su muerte, que se produjo en 1685.
A pesar de todos los inconvenientes que existían en su contra, Jacobo II (1685-1688) fue proclamado como nuevo soberano. Tuvo un corto reinado, cortado por el brote insurreccional de sus enemigos políticos, que le obligaron a tener que huir de Inglaterra y buscar refugio en la Corte francesa. Católico, absolutista y de edad avanzada cuando ocupó el trono, Jacobo II practicó unas formas de gobierno de acuerdo con sus ideas y convicciones que generaron en muy poco tiempo las semillas del levantamiento contra su persona. Fuertes protestas se oyeron rechazando sus "Declaraciones de indulgencia" favoreciendo a los católicos, pero el factor que resultó determinante para encauzar la revuelta institucional parlamentaria fue el nacimiento de un hijo varón, fruto de su matrimonio con la princesa católica María de Módena, que pronto fue bautizado, lo que echaba por tierra las esperanzas reformadas de que la Corona recayera en una persona de confesión no católica, posibilidad hasta entonces la más próxima, ya que las dos hijas herederas del monarca, María y Ana, protestantes ambas, se hallaban casadas también con protestantes.
Planteados así los acontecimientos, la medida adoptada por los parlamentarios, de mutuo acuerdo en esta cuestión las dos agrupaciones partidistas (tory y whig), contando además con el beneplácito de la Iglesia anglicana y de sectores militares, fue la de solicitar la ayuda del estatúder de Holanda, Guillermo III de Orange, para que interviniera en defensa de la religión protestante y de la libertad del Parlamento, lemas que el mandatario holandés enarboló cuando, tras aceptar la petición que se le hacía de intervención en los asuntos ingleses, desembarcó en territorio inglés haciendo huir a las tropas reales de Jacobo II y obligando a éste a buscar refugio en la Corte francesa después de una doble tentativa de fuga. En los últimos días de 1688, el victorioso Guillermo III hacía su entrada triunfal en Londres.
La situación creada de hecho planteaba serios problemas a la hora del reconocimiento de quién sería el nuevo titular de la Corona y sobre el mecanismo a seguir para su designación. Convocado un "Parlamento Convención" (enero de 1689), desde éste se decidió finalmente que Guillermo y su esposa María serían proclamados conjuntamente reyes, elaborándose al mismo tiempo una "Declaración de derechos" que recogía todas las prerrogativas históricas del Parlamento y que tuvo que ser aceptada por los nuevos monarcas para poder ocupar el trono. De esta forma se producía el triunfo de las tesis parlamentarias que imponían un tipo de Monarquía constitucional basada en la idea de contrato entre el rey y el Reino, quedando derrotadas definitivamente las aspiraciones de los Estuardo de constituir en Inglaterra una Monarquía absolutista de derecho divino. Estas transformaciones politico-institucionales fueron la base de lo que se suele denominar "Revolución de 1689", que se completaría en el terreno religioso con la aprobación del "Acta de tolerancia" (mayo de 1689), que suponía en la práctica, aunque con algunos condicionamientos para los no anglicanos, la libertad religiosa, que se concedía a los grupos protestantes, pero de la que fueron excluidos no obstante los católicos.
El reinado de Guillermo y María abarcaría todo lo que restaba de la centuria, caracterizándose hacia el exterior por los enfrentamientos bélicos con Francia y en el interior por el reforzamiento del poder del Parlamento, que pudo sacar adelante una serie de disposiciones legislativas que le beneficiaban ampliamente, a la vez que excluían la posibilidad de que un católico volviera a ocupar el trono inglés ("Acta de establecimiento", de 1701). María murió sin descendencia en 1694, quedando Guillermo como único rey hasta su fallecimiento en 1702.

Imágenes

Flota anglo-holandesa en la ciudad de Vigo Duque de Berwick (Palacio de Liria, Madrid) Catedral de San Pablo (Londres)