Mujeres artistas en la época moderna

Autorretrato y la música
Época: Edad Moderna
Inicio: Año 1 A. C.
Fin: Año 1 D.C.

Siguientes:
El siglo XIX

(C) Equipo LA MUJER EN EL MUNDO HISPANICO



Comentario

Las mujeres artistas españolas en la Época Moderna no fueron muchas o, al menos, no han llegado hasta nosotros. Aunque aparecen, también en este pequeño trabajo como grupo colectivo, hubo mujeres individuales excepcionalmente notables que desarrollaron su genio artístico de manera sobresaliente.

Aunque es un caso muy temprano del siglo XIV, merece la pena destacar la pintura de Teresa Díez. Su obra comprende un conjunto pictórico realizado al "fresco seco" en el coro del Real Monasterio de las Clarisas de Toro, en Zamora, en el que figuraba la inscripción "Teresa Díez me fecit" y que se han datado en torno a 1316. En 1962 los murales fueron pasados a lienzo y restaurados y actualmente se encuentran en la Iglesia de San Sebastián de los Caballeros (Zamora). Posteriormente, se han localizado pinturas de Teresa Díez en la cabecera de la Iglesia de la Hiniesta (Zamora). También algunas de estas pinturas han sido reproducidas en catálogos de exposiciones de "Las Edades del Hombre". 3 En ellas, de una calidad y novedad excepcional, se narra la vida de Santa Catalina de Alejandría y otros temas religiosos, y en todos ellos las mujeres (Santa Catalina, la Magdalena, etc.) poseen una dignidad y un protagonismo realmente extraordinarios para la época. ¿Es éste el motivo de que hayan permanecido ocultas e ignoradas durante tantos siglos?¿ Por qué aún no figuran en el apartado de pintura medieval española de muchos de los libros y manuales dedicados al estudio de la historia del arte de este período? A los pies de la figura de San Cristóbal del conjunto de pinturas procedentes de la iglesia de Santa Clara de Toro, que se conservan en la cercana iglesia de San Sebastián de los Caballeros, se encuentra la firma "Teresa Dieç me fecit" lo que indica la autoría de esta obra. En el conjunto de pinturas se desarrollan las historias de san Juan Bautista, santa Catalina y parte de un ciclo evangélico.



En la Época Moderna, algunas mujeres de las clases elevadas gozaron de cierta permisividad para la realización de obras artísticas como forma de llenar las horas de ocio en el marco de las nuevas ideas educativas. Sin embargo, aquellas mujeres que, a pesar de las limitaciones vigentes mostraban cualidades en su trabajo de creación plástica, eran observadas y valoradas más como un fenómeno extraño que como una personalidad artística del mismo valor que los artistas masculinos. Las personas que vieron los borrones de Estefanía Gaurre de la Canal (Madrid 1598-Lerma 1665) cuando esta tenía 13 años, le aconsejaron "que no perdiese tan natural en havilidad que para muger havía de ser notable y de provecho, sacándome ejemplos de Sofonisma y de otra que entonces havía muerto, celebradísima en toda la Corte", que debía ser Isabel Sánchez Coello, quien murió en 1612.

La realización de obras artísticas requería unos conocimientos y un aprendizaje práctico en los aspectos teóricos y en las técnicas artísticas; en el caso de Estefanía ésta recibió sólo una lección y siguió dibujando durante seis meses y luego le pusieron a pintar "y desde la primer pincelada que di fue de provecho, trabajando todo lo que podía porque no tuviesen conmigo trabajo."

Efectivamente, una pintora muy celebrada en su tiempo había sido Isabel Sánchez Coello, nacida en Madrid en 1563 y fallecida también en Madrid en 1612. Hija mayor de Alonso Sánchez y de Luisa de Reynalte aprendió el oficio al lado de su padre. En 1583, Pérez de Moya la menciona como una de las damas que había en España de más habilidades y señala que su padre le enseñó el dibujo y a retratar con semejanza y corrección, y su madre honestidad, decoro, compostura y otras dotes correspondientes a una doncella virtuosa. Isabel se casó en 1602 con Francisco de Herrera y Saavedra, caballero de la orden de Santiago, que tenía ya setenta años. (245) Su fama como pintora debió continuar hasta su muerte.

Hubo pintoras de las que no ha llegado su nombre, pero han quedado en la historia como hijas de su padre. Este es el caso de la hija de Felipe de Liaño, pintor que murió antes de 1603, pero que no tuvo discípulos "sino una hija suya, que le enseñó esta noble profesión y la aprendió con tanta excelencia que casi igualó a su padre" así escribió Julepe Martínez en 1675.

Algunas de ellas tuvieron una actividad destacada e incluso realizaron innovaciones notables o constituyeron hitos importantes en la historia del arte, por ejemplo, Josefa de Ayala y Ovidos (1634-1688), en la evolución del arte barroco tanto español como portugués o Luisa Roldán "La Roldana", (1654-1704), antecedente del estilo "Rococó" en España y creadora de figuras de barro policromado de gran innovación. Estas artistas han sido a menudo ignoradas o se les ha prestado escasa atención. La sevillana Luisa Roldán fue iniciada en el arte de la escultura por su padre Pedro Roldán (Sevilla, 1624-1699). Hacia 1689 se trasladó a la corte y en 1691 solicitó el oficio de escultora de cámara de la Reina, a lo que la junta de Obras y Bosques respondió que nunca había existido tal título. Finalmente, el 15 de octubre de 1692, fue nombrada escultora del rey sin gajes, que se le concedieron el 21 de junio de 1695. El oficio le fue renovado como escultora de Cámara de Felipe V el 9 de octubre de 1701. Fue autora de un grupo escultórico para la catedral de Cádiz que representa a San Servando y San Germán. Otra de sus obras más destacadas es el San Miguel que realizó para El Escorial, a instancias de Carlos II. También realizó esculturas en barro cocido ricamente policromadas y cuya peculiaridad radica en su pequeño formato. Asimismo, recibió encargos de una selecta y privada clientela. Firmó y fechó con frecuencia sus piezas. La Roldana, que así era como la llamaban, fue la única mujer que alcanzó el nombramiento de escultora de Cámara en 1695.

La mayoría de las obras artísticas realizadas por mujeres seguramente se han perdido para siempre, dado además que en la mayoría de los casos, no han sido firmadas. En ocasiones, sin embargo, van surgiendo de forma muy modesta y casual obras firmadas por artistas femeninas. Esto es debido en gran medida a la situación educativa y social de las mujeres en nuestra época actual, en la cual, en los ámbitos del mundo desarrollado, aunque aún no han conseguido la plena igualdad y desarrollo, ha avanzado suficientemente para que comiencen a tenerse en cuenta y a estudiarse los hechos y personas del pasado que han sido tradicionalmente olvidados y menospreciados.

Fundamentalmente, las artistas adquirían los conocimientos y recursos básicos para el desarrollo de su actividad creativa en el taller familiar, en el que, de forma gremial, se recibían y realizaban los encargos, y que generalmente estaban dirigidos por el artista titular, padre o hermano. En este taller en el que trabajaban a veces un gran número de personas, oficiales, ayudantes o familiares, cada uno tenía asignado un cometido. En este sentido, se puede comentar la figura de Inés Salcillo (1717-?), hermana de Francisco Salcillo, que adquirió gran fama en la aplicación de la técnica del "estofado" ( técnica de pintura y ornamentación sobre oro de las vestimentas y telas) a las esculturas de su hermano. Al contraer matrimonio, Inés, como era preceptivo, abandonó el trabajo artístico.

Para los estamentos sociales más elevados, la forma de encauzarse hacia los trabajos artísticos era a través del entretenimiento. En el siglo de la Ilustración y a comienzos del siglo XIX, hubo una serie de damas que realizan diversas pinturas: generalmente autorretratos o retratos de personajes de su entorno familiar (el marido, los hijos), cuadros de devoción con temas religiosos, o de tipo alegórico, etc. Goya muestra esta realidad en algunos cuadros, como el de Tomasa Palafox, Marquesa de Villafranca (1780-1835), a la que retrata ante un caballete con los pinceles en la mano. Muchas de estas damas pertenecieron a la Real Academia de San Fernando, instituida por el primer monarca borbónico, Felipe V, en 1752, al modo de la existente en Francia, y que pretendía controlar y codificar el arte que se realizaba en la corte. El título de "académicas" que se les otorgaba, era más bien de carácter honorífico, más relacionado con su posición social que con sus méritos artísticos, ya que, entre otras cosas, estaban excluidas de las clases de desnudo y otras disciplinas artísticas. Entre estas mujeres destacaron dos reinas, María Luisa de Borbón, primera esposa de Carlos II, que pintaba miniaturas, e Isabel de Farnesio, cuyas obras al pastel se encuentran actualmente en el Palacio de Riofrío, así como otras damas. También realizaron obras artísticas en el medio cortesano algunas hijas de artistas extranjeros que llegaron a España junto a sus familias: Ana Mª Meng, Josefa Mª Larraga o Mª Loreto Prieto.

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