Sus primeras obras con éxito son una colección de poesías publicadas en París. Fue el creador del
movimiento Futurista, publicando en 1909 en el diario Le Figaro el primer manifiesto de este movimiento de vanguardia, en el que exalta la importancia de la técnica y especialmente de la máquina. En esta misma línea, escribe una novela: Mafarka, el futurista (1910) y una serie de obras teatrales como: Rey Francachela (1905) ó Volcanes (1927), en las que apuesta por un teatro sintético y dinámico. Tras la 2º Guerra Mundial, vinculó el movimiento futurista a la política totalitarista de
Mussolini.