Al servicio del rey portugués
Juan II, exploró el litoral africano en busca de un paso hacia las Indias y los reinos legendarios del
Preste Juan que obviase la ruta mediterránea, amenazada por los turcos y los piratas y en franca competencia con otras naciones cristianas. En su travesía, descubrió
el cabo de Buena Esperanza y la isla de Santa Cruz. Miembro de la expedición de
Álvares Cabral que arribó por vez primera Brasil, falleció en el transcurso de ésta durante un naufragio.